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miércoles, 28 de diciembre de 2016

SÍ, LA NARIZ NOS DELATA CUANDO MENTIMOS



Además, su forma, color, tamaño y temperatura puede decirnos cosas importantes de nuestra salud. Al apéndice nasal solo le falta hablar
Las hay finas, largas, aguileñas, torcidas, chatas o respingonas. Pero toda clase de nariz tiene algo en común: puede desvelarle síntomas de su estado de salud. El órgano nasal no es solo el centro de la cara y la base de los cánones de belleza. La forma, el color, la textura, el olfato y la temperatura tienen mucho que decir a la hora de detectar trastornos y patologías. El color verde o amarillo de la mucosidad es la señal inconfundible de fiebre o sinusitis, tanto como que el tamaño prominente de la nariz masculina invite a perpetuar la especie o que la temperatura nasal se enfríe a causa de un trastorno de ansiedad o porque miente buscando excusas.
Color y grosor: no confunda mucosa y moco
La mucosa corresponde a la piel que recubre la nariz por dentro, y la mucosidad son las secreciones, conocidas como mocos. La mucosa nasal aporta mucha información sobre el estado de salud. El tejido interno de la nariz puede ser defectuoso como síntoma de casos de enfermedad genética, como la fibrosis quística —con abundante moco, sinusitis y pólipos internos— o una enfermedad rara como la disquinesia ciliar primaria. El color y turgencia de la mucosa pueden sugerir infecciones virales generalizadas, como los catarros, o trastornos alérgicos.
En condiciones normales, el revestimiento nasal interno presenta un color rosado y es fino, está hidratado y deja espacio suficiente para el paso del aire y para que las moléculas odoríferas lleguen a los receptores. “Una coloración pálida, azulada o blanquecina, con un aumento del grosor, es muy típica de pacientes alérgicos al polen, los ácaros o por rinitis, que sufren una inflamación crónica de la nariz acompañada de estornudos, mucha mucosidad y lagrimeo ocular, además de mala respiración y pérdida del olfato. En estos casos se recomienda un estudio alérgico completo y un tratamiento médico que puede ser complementado con cirugía”, detalla Javier Galindo, cirujano especializado en rinoplastia, de la clínica Beauty One Center (Madrid).
Como todas las cavidades corporales, el órgano nasal también produce secreciones. En personas sanas, la mucosidad es escasa y, más o menos, transparente, y la nariz está preparada para batir todas las partículas contaminantes, dirigiendo el fluido de manera natural hacia atrás, a la garganta y al estómago. Cuando alguien padece una infección, fiebre o sinusitis, el moco se vuelve amarillento o verdoso y espeso. “En los pacientes alérgicos el moco es muy abundante y líquido, y sienten la necesidad constante de utilizar pañuelos. Cuando la persona no tiene apenas ningún síntoma pero con frecuencia expulsa costras duras, debemos pensar en sequedad ambiental o problemas estructurales como la desviación o perforación del tabique”, observa Galindo, quien añade: “Las infecciones por determinados microorganismos en el interior de la nariz también pueden indicar inmunodeficiencia, y en ocasiones son la pista para el diagnóstico del VIH, la diabetes o tumores malignos que causan bajadas bruscas de las defensas”.
Cuando el olfato falla: malnutrición o enfermedades neurodegenerativas
La pérdida de olfacción puede tener causas muy diversas: desde un síntoma asociado a la pérdida de apetito, a la disminución de peso o la malnutrición o incluso a problemas con el riñón. La relación entre el deterioro de la función olfativa y trastornos psiquiátricos (ansiedad o depresión), está poco fundamentada por hallazgos científicos. En cambio, sí lo está su vinculación con las fases preclínicas de algunas enfermedades neurodegenerativas durante el envejecimiento. “En cualquiera de los casos, es importante descartar previamente cualquier condición que pudiera afectar a la capacidad olfativa del paciente, como infecciones de las vías respiratorias superiores, rinitis alérgica o sinusitis crónica”, advierte José Luis Cantero, profesor de Fisiología y director del Laboratorio de Neurociencia Funcional de la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla). Por otra parte, “la relación entre las disfunciones olfativas y determinadas enfermedades neurodegenerativas, como las enfermedades de Alzheimer y Parkinson, es cada vez más evidente”, explica Cantero.
Mire el termómetro: delata su estado de ánimo
La temperatura de la nariz puede subir o bajar por factores tan diversos como la nicotina del tabaco, beber alcohol, la edad, el peso, el sexo —suele ser más fría en las mujeres— o efectos hormonales como el nivel de estrógenos en la menopausia. Y, claro, también por la temperatura ambiente. Además, puede variar en función del estado emocional. “Tiende a subir con las emociones positivas y a bajar con las emociones negativas”, sobre todo si el nivel de activación fisiológica es bajo. A más baja la temperatura de la cavidad nasal, peor es la respuesta inmune y más proliferan los virus, los resfriados y la sinusitis. Por eso la alegría, que calienta la nariz, puede potenciar la respuesta inmune”, indica Emilio Gómez, investigador de Psicología Experimental de la Universidad de Granada y coautor de un estudio que relaciona el estado emocional con la temperatura nasal.
En cambio, “la ansiedad y la mentira hacen descender, en personas saludables, la temperatura nasal, produciendo vasoconstricción. Los olores agradables suben la temperatura perinasal y los olores desagradables cierran la nariz, esto es, hacen descender su temperatura por vasoconstricción. Lo interesante es que todo esto es subjetivo. Por ejemplo, el olor a gasolina para una persona puede ser desagradable y muy agradable para otra, produciendo efectos distintos en la temperatura de la nariz”, señala Gómez.
Tener la nariz especialmente fría podría estar asociado a una reducida variedad de síndromes como el Parkinson o el de Ryanaud y enfermedades como la fibromialgia o la anosmia (pérdida de olfato), patologías en cierto grado psicosomáticas. “También se ve en la esclerosis múltiple, pero se debe al fallo a la hora de adaptarse a la temperatura externa, mostrando la misma temperatura nasal similar en condiciones de frío y de calor. La nariz también se enfría en el hipotiroidismo, que implica un déficit metabólico hormonal hipotalámico”, anota Gómez.
Nariz roja no es sinónimo de bebedor
Una nariz roja le puede hacer pensar en que alguien se ha pasado con las copas. Sin embargo, el enrojecimiento de la punta nasal es, contra el tópico, una condición de la piel, no un efecto del abuso de alcohol. “Puede exacerbar los síntomas, pero es injusto y equivocado pensar que los pacientes que sufren rosácea o rinofima (el estado extremo de la rosácea en la nariz) son bebedores”, aclara Galindo, quien añade: “La mucosa nasal en los pacientes bebedores suele ser rojiza y engrosada, debido a los efectos que alcohol ocasiona en los vasos sanguíneos”.
Tampoco deben olvidarse otros excesos que también afectan al aspecto de nuestra nariz. “Los pacientes fumadores presentan mucosas secas, con tendencia a la formación de costras. El abuso de drogas por vía nasal, como la cocaína, al principio genera inflamación de la nariz, para poco a poco producir una necrosis de los tejidos por afectación del aporte sanguíneo, que provoca perforaciones del tabique nasal, costras, mala respiración. En casos de abuso crónico, la posibilidad de recuperación con tratamiento médico o quirúrgico es cada vez más baja, y con frecuencia vemos narices realmente catastróficas muy complejas de reparar”, asegura Galindo.
¿Hemorragia nasal? No se alarme
Las hemorragias suponen uno de los motivos habituales de consulta. La nariz es uno de los órganos que más sangre recibe, ya que es responsable de calentar y humedecer el aire que inspiramos, aportando calor de la sangre circulante. Al estar expuesta a golpes y cambios de temperatura, no es extraño que se produzca mucosidad con tonos rojizos que pueden indicar pequeñas hemorragias que no suelen revestir gravedad. No obstante, recuerde que si perduran unos días, conviene consultar al médico.
“La mayoría son epistaxis (sangrados nasales) leves que proceden de la parte anterior de la nariz, debidas al hurgado, la sequedad ambiental o ambientes laborales específicos. También son frecuentes durante el embarazo por fenómenos hormonales, y en rinitis víricas y alérgicas. Sin embargo, pueden ser la manifestación clínica de otros procesos como la hipertensión arterial, trastornos de la coagulación, la toma de anticoagulantes o antiagregantes, enfermedades sistémicas y tumores nasales”, señala Miguel Armengot, jefe de Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Universitario y Politécnico la Fe de Valencia y presidente de la Comisión de Rinología y Alergia de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL CCC).
Otras causas menos habituales pero más graves de hemorragia corresponden a los tumores, tanto benignos como malignos. “Se trata de hemorragias de poca cuantía y repetidas en el tiempo. En algunos casos, puede que se desarrolle un tumor intranasal”, advierte Galindo.
Tamaño y función sexual
Por su evidente ubicación y como órgano saliente, la forma tiene una importancia incontestable en la estética facial y en la belleza en mayúsculas. Más aún lo demuestra el hecho de ocupar el segundo puesto, junto con los parpados, entre las cinco cirugías estéticas más demandadas, después de la de los senos. “Cuando está bien, las personas no nos miramos a la nariz, sino a los ojos, pómulos y labios. La nariz llama la atención cuando está deformada. Los rasgos simétricos se asocian a la belleza, y las personas con rasgos atractivos son percibidas como exitosas y sanas. Por eso las diversas partes de la nariz deben estar proporcionadas y acordes con las otras estructuras de la cara y al resto del cuerpo”, explica el cirujano Javier Galindo.
Un estudio noruego en 2014 concluía que el atractivo de una persona es claramente sensible a la centralidad de la punta de su nariz, relacionándolo con nuestro modo de percibir la simetría, y si se compara nuestra nariz con la del resto de primates, nuestro apéndice es largo y fácil de romper como fruto de la evolución de la selección sexual. Es decir, que una bonita nariz podría ser un indicador de la capacidad de la persona como pareja. Por supuesto, eso no confirma el mito de que, a nariz grande, todo grande. “Solo es una percepción inconsciente de asociar una nariz grande a estar bien dotado”, matiza Galindo.

viernes, 1 de enero de 2016

DÓNDE TE ESTÁ PERMITIDO TOCAR A LOS DEMÁS (Y DÓNDE NO), SEGÚN UN ESTUDIO DE OXFORD



Un grupo de investigadores ha realizado diferentes mapas corporales que recogen aquellas zonas donde está socialmente permitido rozar y aquellas otras donde deberíamos tener más cuidado
La globalización ha provocado que cada vez sea más frecuente que en nuestro día a día laboral nos veamos obligados a saludar a personas de todos los rincones del mundo con sus propias costumbres, que varían significativamente de un sitio a otro. ¿Dar dos besos o mejor la mano? ¿Está bien apretar el codo de la persona que acabamos de conocer o es suficiente con un saludo verbal y una sonrisa? Por lo general, tendemos a bajar el listón y limitarnos a estrechar la mano, el gesto de saludo y reconocimiento mutuo más habitual.
Una investigación realizada por psicólogos de la Universidad de Oxford y la de Aalto en Finlandia que ha sido publicada en el último número de 'Pnas' acaba de desvelar de qué manera reacciona cada una de las culturas al contacto físico que, no nos olvidemos, es muy importante en nuestra relación con las personas que nos rodean. “Nuestros resultados indican que tocar es una manera muy importante de establecer relaciones sociales”, ha señalado la investigadora finlandesa Juulia Suvilehto. “El mapa espacial se asocia de manera estrecha con el placer causado por el toque. Cuanto más placer cause tocar un área específica del cuerpo, seleccionaremos más a quien dejemos que la toquen”.
Los británicos están menos inclinados al contacto personal y, sorprendentemente, los italianos detestan aún más que los rusos ser rozados por desconocidos
A grandes rasgos, explica la investigación, no hay diferencias sustanciales entre las cinco nacionalidades de los 1.300 participantes que han sido analizadas (finlandeses, ingleses, franceses, italianos y rusos, es decir, una mayoría de europeos). Todos ellos, que debían señalar dónde dejarían tocar a cada una de las personas que les rodean (madre, padre, amigos, conocidos, desconocidos...) coincidían en permitir a los conocidos tocar más partes del cuerpo, aunque los británicos están menos inclinados al contacto personal y, sorprendentemente, los italianos detestan aún más que los rusos ser rozados por desconocidos. Los finlandeses son los que en términos generales se muestran más cómodos con el contacto ajeno.
Lo que resulta menos sorprendente es que las mujeres muestren en términos generales una mayor propensión a tocar y ser tocadas que los hombres, mucho más distantes. Basta con echar un vistazo a la ilustración realizada por los propios investigadores para descubrir algunas peculiaridades en nuestro contacto con los demás. Por ejemplo, mientras las mujeres permiten que sus hermanas o madres toquen sus zonas genitales, los hombres rechazan cualquier contacto físico en dichas partes realizado por sus familiares; ellos detestan que los desconocidos les toquen la cabeza, pero ellas no; o los hombres no tienen problemas en que un desconocido les toque cualquier parte (y cuando decimos 'cualquiera', queremos decir 'cualquiera') siempre y cuando sea una mujer.
“Es la clase de relación más que la familiaridad lo que de verdad importa”, ha explicado el profesor de la Universidad de Oxford y principal responsable del estudio Robin Dunbar. “Un amigo al que no hemos visto durante mucho tiempo todavía podrá tocar zonas que un desconocido al que vemos cada día no podría”. Es evidente. ¿Dejarías que tu jefe, por mucho que le vieses día tras día, tuviese la misma confianza contigo que tu primo, aunque sólo le veas de Pascuas a Ramos?
El mismo gesto puede ser interpretado de muchas maneras diferentes y tiene distintas implicaciones sexuales, de ahí los aparentes desencuentros entre sexos: “Desciframos cada toque dependiendo del contexto de la relación”, recuerda Dunbar. “Podemos percibir un toque en determinada zona de un conocido o un amigo como un gesto reconfortante, mientras que de una pareja podría ser más placentero y, de un desconocido, totalmente inoportuno”. De ahí que los hombres no tengan problema en que una desconocida roce sus partes pudendas: probablemente la interpretación que den a ello sea en todos casos el de un cortejo sexual, al contrario de lo que ocurre con las mujeres, que probablemente lo sentirán como una agresión.
Incluso en una era de comunicaciones móviles y medios sociales, el contacto es todavía importante para establecer y mantener lazos entre la gente
En líneas generales, sugiere el estudio, si no conocemos a la persona podemos seguir haciendo lo que siempre hemos hecho: dar la mano tanto a hombres o a mujeres, puesto que es un gesto que agrada a todo el mundo, mientras que los dos besos son mucho más invasivos. “Incluso en una era de comunicaciones móviles y medios sociales, el contacto es todavía importante para establecer y mantener lazos entre la gente”, recuerda Dunbar. Así que se puede mirar y tocar… Siempre y cuando tengamos cuidado dónde y de qué manera.

domingo, 7 de diciembre de 2014

LAS POSTURAS DEL PODER: CÓMO EL LENGUAJE CORPORAL INFLUYE EN EL ÉXITO



Las poses corporales son una rica fuente de comunicación no verbal, aunque van mucho más allá. La forma de sentarnos, de levantarnos, de saludar, de tocarnos el pelo o de estar de pie escuchando a alguien influye directamente en el comportamiento, en la imagen que los demás crean de nosotros e, incluso, en la producción hormonal. Todo ello de manera inconsciente, pero eficaz, como sostienen la mayoría de investigaciones sobre este asunto llevadas a cabo por psicólogos y neurocientíficos.
El lenguaje corporal tiene un fuerte impacto, tanto físico como psíquico, por lo que llegar a controlarlo y manejarlo correctamente, según el contexto en el que nos encontremos, puede marcar la diferencia entre el éxito y fracaso profesional (o incluso, entre ligar o no). Según las últimas investigaciones, las diversas poses están asociadas a cambios fisiológicos relacionados con el rendimiento y la seguridad en uno mismo.
Permanecer de pie con las manos sobre una mesa y ligeramente reclinado hacia adelante, con las manos en las caderas o sentado con la espalda y los hombros erguidos, aumenta los niveles de testosterona y reduce los de cortisona (la hormona del estrés). Y es que, como matiza la psicóloga Sian Beilock en su libro Choke: What the Secrets of the Brain Reveal about Getting It Right When You Have To, “apenas existe una separación entre el cuerpo y la mente, como se solía creer. Nuestra forma de movernos y de colocar nuestro cuerpo afecta a la manera de pensar, a la confianza y a la percepción de los demás sobre nosotros”.
Cambios fisiológicos
Los niveles altos de testosterona están relacionados con una mayor confianza y un comportamiento más agresivo, como concluye el estudio Power Posing: Brief Nonverbal Displays Affect Neuroendocrine Levels and Risk Tolerance. Por otra parte, la baja producción de cortisona, mediante posturas en las que se trata de ocupar el mayor espacio posible, evitando cruzarse de piernas o de brazos, contrarresta las expresiones de nerviosismo y, por ende, también el estrés. Otras de las denominadas como power pose (posturas de poder o autoridad) tienen que ver con las expresiones faciales, o más bien por la ausencia de ellas, ya que cuantos más gestos hagamos con la cara o cuanto más nos la toquemos, más aumentará la sensación de inseguridad.
Diversas poses están asociadas a cambios hormonales relacionados con el rendimiento y la seguridad en uno mismoTocarse las uñas o cruzar los dedos también denota falta de confianza, al igual que colocar los pies hacia dentro u ocultar las manos (ya sean en los bolsillos o en el regazo). Estar sentado con las piernas juntas tampoco es señal de seguridad o control. Unas cuestiones que, de ser tenidas en cuenta, pueden determinar el resultado de una entrevista de trabajo, según aseguran los expertos. Gesticular es positivo para dar sensación de productividad y competencia, al igual que caminar rápido, pero siempre y cuando no se abuse de ellos y se trata de practicar la moderación.
Empatía y credibilidad
Los últimos estudios psicológicos dan cada vez más importancia a estas posturas, pues de ellas depende la empatía que se genere en los interlocutores al demostrar más o menos pasión y credibilidad. Dos aspectos claves para alcanzar el éxito laboral o vital. Sin embargo, como matizan estos expertos, resulta complicado romper con los hábitos del lenguaje corporal, por lo que no son pocos de los altos ejecutivos que cuentan con un coach en power pose.
Las poses del poder también tienen una relación directa con los riesgos que tomamos. Cuanto más dados seamos a tomar estas posturas de autoridad, menos complejos se tendrán a la hora de tomar decisiones arriesgadas. Asimismo, la experta Dana Carney, profesora de psicología en la Universidad de Columbia, añade que “ayudan a concentrarse y pensar con mayor claridad”. “He escuchado muchas anécdotas de de personas que comenzaron a utilizar poses de poder en su vida cotidiana y no solo les ayudó a protegerse de la respuesta fisiológica al estrés, sino que, en una entrevista de trabajo, consiguieron altas calificaciones y puestos de trabajo mejores a los que optaban en un principio”, asegura la profesora y coach.