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miércoles, 28 de diciembre de 2016

Directivos muy tóxicos



Los jefes prepotentes, con poca empatía o déspotas son un lastre para las empresas
Las personas no se van de las empresas, se van de los jefes”. Tal vez sea el axioma más repetido por los gurús de las organizaciones. Tanto, que es difícil saber a ciencia cierta a cuál de ellos corresponde originalmente su autoría (algunos se lo atribuyen a Tom Peters). Pero no por manida la frase deja de encerrar una gran verdad empresarial: los malos jefes ahuyentan el talento. Paco Muro, presidente de Otto Walter International, cree que en las empresas españolas todavía queda mucho “troglodita directivo” que usa el “ordeno y mando” como principal herramienta de liderazgo. Luis Huete, profesor de IESE Business School, va aun más lejos y afirma que al menos el 5% de los jefes son, directamente, sociópatas. “Los jefes tóxicos hacen un enorme daño no solo al talento, sino a la fibra humana de sus equipos. Una persona que trabaja en un entorno laboral tóxico pierde al menos 10 años de vida”.
La consultora Otto Walter realizó en 2012 un estudio, titulado Los jefes tóxicos, en el que preguntó a miles de empleados de todos los sectores y categorías profesionales acerca de cuáles habían sido los comportamientos más irritantes que habían sufrido de sus superiores. El 49% de los encuestados denunció las “faltas de respeto” como la principal lacra procedente de los mandos. “Prepotencia”, escogida por un 37%, “incompetencia directiva” (29%), “falta de apoyo al equipo” (28%) o “ausencia de trato humano” (25%) completan este cuadro de los horrores. Unas nefastas credenciales, especialmente si se tiene en cuenta que quienes las acreditan “se supone que están de jefes porque un día destacaron como buenos profesionales”, comenta Paco Muro.
Varios defectos
Pero el manual del mal jefe incluye otros defectos. Pilar Jericó, presidenta de Be-Up, destaca, entre ellos, “la indefinición a la hora de marcar objetivos, no escuchar a los demás, colgarse medallas, incumplir lo prometido, no reconocer un buen trabajo o cambiar mucho de opinión”. Aunque cuando realmente el mando traspasa la línea de no retorno con sus subordinados es cuando fallan lo que esta experta llama los “momentos de la verdad”. “No hay nada más decepcionante que un jefe que no defiende a su equipo. O que no sabe estar a la altura de las circunstancias en un momento delicado. Por ejemplo, si ha fallecido un familiar de un colaborador y aun así le exige que siga trabajando con normalidad o que se quede hasta tarde”, expone. Cuando se cruza esa frontera, muchas veces ya no hay vuelta atrás. “Al jefe se le pierde el respeto porque se deja de confiar en su capacidad (conocimiento, toma de decisiones, liderazgo…) o en su manera de ser (malas formas, despotismo, falta de ética…)”, señala Eva Collado, consultora estratégica de capital humano. Alcanzar ese punto, añade, es la crónica de una muerte anunciada. “Porque no se puede trabajar ni aceptar órdenes de alguien en quien no confías y a quien no respetas”.
No obstante, Collado opina que a veces la cuestión de los jefes se toma demasiado a pecho. “Olvidamos que nuestros jefes también tienen jefes que, a su vez, hacen lo mismo con ellos”, recuerda. De hecho, es frecuente que se establezca una conexión emocional con el superior directo que puede derivar en una especie de síndrome de Estocolmo. Como consecuencia, al que está por encima en el escalafón se le toleran toda clase de tropelías. “El perdón libera muchas energías positivas y es conveniente practicarlo”, aconseja Luis Huete. Pero todo tiene un límite. El profesor del IESE alerta sobre otro tipo de jefatura tóxica que abusa de la indulgencia de sus subordinados. “Una persona que hiere conscientemente y que actúa para buscando el perdón es un peligro. En esos casos, mejor poner tierra de por medio”.
Los años de penuria laboral han provocado que muchos trabajadores aguanten carros y carretas, que agachen la cabeza ante el pobre pero efectivo argumento de “si no te gusta, sabes dónde está la puerta”. Pero los expertos auguran que esta situación no tardará en cambiar. “Muchos están hoy dónde están porque necesitan el trabajo, pero cuando mejore la situación se marcharán o, lo que es peor, se quedarán dando lo justo”, vaticina Paco Muro.
Son los millennials los llamados a encabezar esa revolución. “Las nuevas generaciones son cada vez más exigentes. No tienen ni miedo al jefe ni pelos en la lengua”, sostiene Marta Blasco, profesora del Centro de Estudios Financieros (CEF). ¿Qué tipo de líder buscan estos jóvenes? “Un jefe que consensúa los objetivos a conseguir”, explica. Y, sobre todo, “que les motiva hacia la consecución de esas metas marcadas, sabe generar desafíos y apoya a su equipo siempre que lo necesita”.
El mejor líder
La historia de Dan Price, presidente de Gravity Payments, se convirtió en viral cuando en 2015 renunció a un sueldo de siete cifras para subir con ese dinero el salario medio de los 120 empleados de la empresa de Seattle, hasta los 70.000 dólares. En agradecimiento, la plantilla al completo le regaló tiempo después un Tesla Model S, el coche de sus sueños.
Para este atípico jefe liderar significa confiar en los trabajadores. “El principal obstáculo para el desarrollo de las personas es su falta de independencia. Cuando tu jefe te demuestra que confía en ti y te da libertad para actuar según tu criterio, te sientes más realizado en tu rol, aumenta tu autoestima y percibes que eres el dueño de tu propia carrera”, dice Price.
Según este joven ejecutivo, las compañías que están orientadas a un propósito y no sólo a los beneficios demandan nuevos estilos de dirección. “El líder ya no necesita tener todas las respuestas, sino hacer las preguntas adecuadas”.

10 CONSEJOS PARA SER MÁS INFLUYENTE



El liderazgo necesita de personas que sepan llevar a la acción a otras
La creciente competitividad en las empresas hace necesaria la incorporación de líderes capaces de enfrentar los retos que marcan los nuevos tiempos. La correcta introducción de las nuevas herramientas de trabajo, una buena gestión de los proyectos colaborativos entre empleados de distintas generaciones o la eficiencia en la capacidad de motivar y retener a la plantilla laboral en sus puestos son algunas de las características que rigen un buen liderazgo.
La capacidad de influir en otros ya sea para que los trabajadores mejoren en su desempeño laboral o para que los clientes se sientan atraídos por los nuevos productos es vital ahora que el mundo de los negocios ha dado un vuelco con la llegada de la transformación digital. Este hecho, sumado a una introducción de una fuerza laboral diversa en edad, género y cultura, ha generado que las empresas deban estar lideradas por personas que sepan comunicar, relacionarse y motivar a la acción a las personas.
Pero ¿qué define a una persona influyente y cómo se puede trabajar para mejorar esa capacidad? Un artículo publicado en INC da 10 consejos que permiten mejorar este valor que todo líder debe tener a día de hoy  
  1. Hacer preguntas. Una de las formas más eficaces de comunicación es hacer preguntas y saber escuchar atentamente las respuestas. El objetivo es identificar cuáles son las necesidades de esa persona para, después, saber qué enfoque abarcar en la resolución de sus problemas.
  2. Actuar de forma efectiva. A menudo los problemas que se plantean en las empresas son respondidos con demasiada lentitud. Si bien es cierto que importante mantener conversaciones que nos mantengan al día de las necesidades de los empleados, también lo es que esas necesidades obtengan una respuesta en un corto o medio plazo. De otra forma, la sensación será de “pérdida de tiempo” e “ineficacia” del sistema organizativo.
  3. Ser flexible. A menudo comunicamos con el fin de influir o persuadir, sin embargo, la verdadera comunicación implica estar dispuesto a mirar el punto de vista de otra persona y a evaluar de forma seria su propuesta, opinión o planteamiento. Cuando alguien siente que se está de su lado, tus intereses se convierten en los suyos.
  4. Mostrar respeto. Apreciar a las personas va más allá de una consideración de sus opiniones. Supone entender el valor que aportan.
  5. Fomentar la conexión. Un líder influyente debe entender las sinergias internas que se producen en su organización. No basta con generar una buena dinámica entre las altas esferas y la base. Tiene que haber un trabajo de cohesión global de equipos, departamentos, trabajos, formas de entender la misión de la empresa y sus objetivos.
  6. Mostrar interés. El interés por las situaciones personales de los trabajadores o por sus ideas es un fuerte elemento de fidelización laboral.
  7. Profundizar en los mensajes. Saber qué es lo que se está transmitiendo más allá de una queja es vital para identificar posibles crisis internas.
  8. Apertura al aprendizaje. Los trabajos más productivos y eficientes son aquellos en los que el equipo está dispuesto a absorber conocimientos nuevos, vengan de donde vengan. Este espíritu debe ser compartido desde la dirección hasta la base organizacional.
  9. Comunicación bidireccional. Los discursos motivadores son efectivos cuando se persigue un objetivo único, sin embargo, las reuniones de empresa deben ser diálogos en los que todos los asistentes tengan su espacio para trasmitir sus opiniones.
  10. Honestidad. Ser sincero en las formas y en el mensaje impide que los empleados se sientan estafados.

3 COSAS QUE LOS BUENOS JEFES NUNCA DICEN A SUS EMPLEADOS



Cuando un jefe interactúa con un empleado, hay un desequilibrio de poder
 Los matices que se producen en función de quién emite un mensaje y a quién lo dirige pueden ser muy grandes, dependiendo de si quien lo emite en un buen o mal jefe. Las situaciones que se crean a raíz de estas buenas o malas maneras van a definir el tipo de relación que se va a establecer entre los jefes de equipo y sus subordinados. Dentro de estas cuestiones entra en juego las diferencias que hay entre lo que supone ser un líder y un mero gerente.
Varios estudios han demostrado que la confianza bidireccional entre un equipo y su director es fundamental a la hora de afrontar los retos que, en la actualidad, el mundo de los negocios está imponiendo a las empresas. Los desafíos ligados a una alta competitividad en el mercado, la aparición de nuevos modelos de producción y negocio y la transformación digital está obligando a las compañías a mejorar sus procesos de comunicación interna.
Estas conversaciones entre directivos y empleados, sin embargo, se ven a menudo condicionadas por las posiciones jerárquicas que tienen los interlocutores en la organización. De hecho, un artículo publicado en INC ha identificado las 3 situaciones que los jefes de equipo deben evitar y que los grandes líderes no desarrollan en favor de la superación de los objetivos marcados por su empresa:
1. Las humillaciones
Ya sea con motivo o sin él, humillar a una persona nunca es buena idea, ya que no va a producir ningún cambio que no sea la creación de un sentimiento de rechazo, frustración o resentimiento por parte de la persona que la recibe. Si a esto le añadimos que se trata de un empleado, las consecuencias de una humillación, pública o privada, pueden derivar a una bajada de la motivación y productividad, al mismo tiempo que se intoxica el ambiente laboral.
Es cierto que la presión que se ha creado en el mundo empresarial, sumado a los posibles errores que haya podido cometer el trabajador, generan un nivel de estrés para los jefes de equipo que puede conllevar un estadio de irritación. Sin embargo, el sarcasmo o las respuestas pasivo-agresivas impiden que la comunicación de ideas, plazos y soluciones no favorezca esa relación laboral con el empleado en cuestión y acabe siendo pero “el remedio que la enfermedad”.
2. Las bromas
Un ambiente distendido dentro del trabajo genera unas dinámicas mucho más positivas que si se desarrollan en ambientes demasiado estrictos y serios. Sin embargo, hay que tener cuidado a la hora de medir el tono de jocosidad en la oficina, ya que no todo el mundo va a reaccionar de la misma forma ante un hecho u otro. El margen de humor de cada trabajador puede tener, hace que se creen situaciones que impidan reforzar las relaciones en la oficina, creándose situaciones incómodas que deriven en un sentimiento de humillación.
3. Decir "No"
Aprender a rechazar las propuestas, proyectos o ideas que nos ofrecen en fundamental a la hora de no meterse en “jardines” de los que luego nos va a costar salir. Sin embargo, como líderes, tenemos que tener cuidado a la hora de rechazar rápidamente una propuesta que provenga de nuestros empleados. Aprender a evaluar y transmitir la sensación de que se está tomando en cuenta el valor del trabajo de nuestro equipo es fundamental a la hora de generar relaciones laborales estables y duraderas. Por ello, es importante argumentar antes de negarte a hacer algo

miércoles, 1 de junio de 2016

12 FRASES DE EXITO Y REFLEXIONES DE LOS TRIUNFADORES



¿Cuáles son las claves que hacen que una persona sea realmente exitosa. ¿Cómo es posible que hagan lo que hagan siempre consiguen el mismo resultado? ¿Qué es lo que podemos aprender de ellos?
Hay muchos ejemplos que podemos ver todos los días y leer en la prensa acerca de personas que parece que tengan una varita mágica. Pero seguro que también conoces personas cercanas o bien las has conocido en el pasado, que son admirables en todo lo que se proponen, tanto a nivel personal como profesional.
Son ese tipo especial de personas que lo consiguen prácticamente todo y su resultado es invariablemente un éxito. En ellos me quiero centrar. A través de esas personas reales y de otras de las que podemos leer su biografía podemos extraer muchas lecciones para aplicar en nosotros mismos.
1. Las personas con éxito crean y definen objetivos de una forma muy particular
No se puede conseguir una meta que no se ha definido.
La gente con éxito tiene metas muy definidas en cada ámbito: personales, familiares, profesionales.
Pero no son metas cualquiera, usan metas S.M.A.R.T. (Specific, Measurable, Attainable, Relevant, Timely) Específicas, Mesurables, Alcanzables, Relevantes, Definidas en el tiempo
Específicas: una meta genérica podrá ser “mejorar mi inglés”. La meta específica sería “dedicar 4 horas a la semana en una academia de inglés, ver dos películas a la semana en idioma original y viajar este año 15 días a Inglaterra”. Los objetivos genéricos no se pueden cumplir porque no los hemos definido, probablemente se quedarán a medio camino o de una forma difusa en la que no sabremos si hemos avanzado o no. Los objetivos específicos tienen parámetros y detalle.
Mesurables: Deben contener detalles como “¿cuántas veces?”, “¿cuánta duración?”, “cada cuánto tiempo?”, “¿cuántos en total?”, “¿cómo defino que la tarea se ha cumplido?”. Nuestra mente trabaja mejor de forma estructurada hacia metas que son definidas y podemos cumplirlas por partes. El ser conscientes de los avances es fuente de motivación y nos da energía para seguir.
Alcanzables: Ponerse metas inalcanzables no tiene sentido y nos va a hacer sentirnos frustrados. Sin embargo hay que ponerse metas difíciles, que sean un reto y estímulo.
Relevantes: Metas podemos ponernos miles, pero hay que elegir aquellas que de verdad suponen una necesidad para progresar en el campo en el que estemos. Tienen que ser relevantes.
Definir el tiempo: el marco temporal debe estar definido en la meta. Tener una fecha límite nos sirve para estructurar los pasos a seguir y desmenuzar la tarea en otras más pequeñas que encajen en la duración. Tener una fecha límite nos ayuda a enfocarnos y dirigir mejor nuestros esfuerzos.
Puedes conseguir cualquier objetivo que te propongas siempre que cumpla los parámetros S.M.A.R.T. Lo que no tienes, llegará y también desarrollarás las destrezas que necesitas para lograrlo. Todo empieza por fijar objetivos.
A Icaro le dieron dos advertencias: no volar alto para que el sol no le derritiera las alas de cera. Pero nos olvidamos de su otra limitación: no podía volar cerca del mar porque el agua también derretía la cera. Ponte metas desafiantes. Vuela alto, sin quemarte. Pero no te acerques al mar. Recomendamos la lectura del libro El engaño de Ícaro: ¿Hasta dónde quieres volar?http://ir-es.amazon-adsystem.com/e/ir?t=hoymotivacion-21&l=as2&o=30&a=B00D32REWO, de Seth Godin acerca del valor de la acción y las metas.
2. Las personas con éxito pasan a la acción de forma decisiva e inmediata
Como hemos visto en otros artículos, lo que cuentan no son las ideas, sino la acción. Te recomiendo leer los 10 mensajes de motivación que no debemos olvidar.
Muy pocas personas se acercan a sus sueños, no porque no tengan grandes ideas, sino porque aplazan la decisión.
Para perseguir nuestros sueños necesitamos decisión, plan y acción. Todo lo que necesitas ya lo tienes, actúa! No necesitas un MBA ni tener un padre rico. No aplaces la decisión y persigue tu sueño.
Da igual que tengas un enorme conocimiento o una gran inteligencia, o ambas! si no pasas a la acción simplemente no sirve de nada.
El éxito solo llega cuando consigues llevar tu idea a la acción.
3. Las personas con éxito se enfocan en ser productivos, no en estar ocupados
¿Crees que trabajar 12 horas al día es buena señal? Yo opino que es una clara señal de improductividad.
En mi país de origen (España) estoy acostumbrado a que la cultura laboral hace corresponder el número de horas trabajadas a que el trabajador está comprometido o es brillante. Enorme error.
El estar permanentemente ocupados es una especie de vagancia, es la acción indiscriminada, la no planificación ni organización. Es el no trabajar con metas ni ser inteligente en el trabajo.
El objetivo no es trabajar más duro, sino trabajar de forma más inteligente y productiva.
¿Cuánta gente improductiva hay a tu alrededor? si, para de contar.. ya sé que son demasiados!
La gente improductiva se pierde en el email y reuniones inútiles sin tiempo para hacer un seguimiento de sus objetivos ni planificarse.
Por supuesto, se creen gente importante porque están siempre ocupados. Hay que dejarlos ahí, no tratemos de cambiarles. ¿Recuerdas el hamster dando vueltas en la rueda?
Usa las recomendaciones de nuestro artículo como ser más productivo en 8 pasos. Define y repasa tus objetivos como hemos explicado: objetivos+ personas+ prioridades.
Para. Respira, haz ejercicio. Equilibra tu interior. Vuelve a leer tu Hoja de Formulación de Objetivos. Usa la visualización creativa.
Recuerda: lo único que nos debe importar son los resultados, y no si hemos invertido mucho o poco tiempo.
4. Las personas con éxito toman decisiones no emocionales y basadas en información
A veces las decisiones del corazón y que surgen en un momento concreto de excitación y emoción pueden servir… quizás para alejarnos de un peligro o de una situación de bloqueo.
Pero las decisiones emocionales inmediatas no sirven para las situaciones importantes en la vida ni en el trabajo. De hecho tomar ese tipo de decisiones puede tener consecuencias devastadoras.
Las decisiones emocionales están basadas en un estado anímico muy particular, el de ese mismo momento, y no suelen contener un pensamiento consciente y medido. La misma decisión tomada en nuestro estado de calma promedio sería muy distinta.
No hay que dejar que las emociones arruinen nuestra inteligencia. Cuando estés en un momento muy emocional, aplaza la decisión. Ya la tomarás en una hora, o al día siguiente.
Está en tu mano.
Hay muy pocas decisiones que no se puedan dejar para el día después.
5. Las personas con éxito no caen en el error del perfeccionismo
Cerca de nosotros tenemos a personas perfeccionistas, incluso puede que lo seamos nosotros mismos. Nos ponemos cotas muy elevadas de autoexigencia, atención y trabajo que por supuesto se notan en los resultados.
El problema viene cuando esa autoexigencia nos sobrepasa.
¿Qué es lo que ocurre cuando nos sobrepasa nuestro perfeccionismo?
El depositar una exigencia tan alta en detalles nos hace perder de vista el camino, nos desvía del objetivo. Es más, nos lleva a errores en situaciones en las que deberíamos considerar el “big picture” en lugar de fijarnos en el punto de la “i”.
El estrés y sobrecarga de trabajo es otra de las consecuencias negativas del perfeccionismo.
A la hora de pasar a la acción, los perfeccionistas sienten que nunca están lo suficientemente preparados. Posponen el inicio. Ellos no sienten que lo estén haciendo, sino que su propia paranoia les hace procrastinar todo intento de llevar su objetivo del mundo de los sueños hasta la práctica.
En el mundo que nos rodea no necesitamos perfeccionistas. Tan sólo hace falta gente que haga cosas, que pase a la acción.
El haberte equivocado diez veces en algo sólo indica que te quedan diez posibilidades de error menos para acercarte a tu objetivo. Si no te equivocas, es porque no actúas.
Toma una decisión, aprende de los resultados, aplica lo que has aprendido para mejorar.
6. Las personas con éxito salen con frecuencia de su zona de confort
Nadie puede sentirse totalmente preparado cuando surge la oportunidad. Las personas con éxito toman las oportunidades como desafíos para crecer, no necesitan tener todos los medios ni la preparación, sino que confían en que lo aprenderán como otras veces han hecho.
Este es el tipo de pensamiento es el que lleva a crecer y al éxito.
La mayor parte de las oportunidades que nos vamos a encontrar en la vida nos fuerzan a salir de nuestra zona de confort, a dejar nuestra apacible (y aburrida) situación para desarrollarnos. Nunca hay que dejar una oportunidad porque no nos sintamos confortables con ella.
Siempre va a ser así. Al dejar una zona de confort la expandiremos y crearemos otra nueva.
Acepta los retos y las oportunidades aunque no  te sientas preparado al 100%
7. Las personas con éxito se enfocan en las cosas simples y directas
El número de opciones que tenemos hoy en día para reinventarnos y elegir nuestra vida es enorme. El mundo de comunicación y acceso a la información lo han hecho posible.
El problema es que el exceso de información nos puede llevar a bloquearnos y confundirnos, puede dar lugar a  impedir tomar decisiones.
Los que más han estudiado el proceso de la toma de decisiones son las corporaciones dedicadas al marketing. Al fin y al cabo viven de eso, y es lo que mueve al mundo. El exceso de posibilidades de decisión similares bloquea al consumidor, reduce las posibilidades de que finalmente compre.
En la vida ocurre similar, si complicamos nuestra vida con demasiadas opciones terminaremos probablemente posponiendo y saturando nuestra mente inconsciente.
No compliques tu vida tratando de definir hasta el último detalle de cada opción. No te quedes bloqueado. Toma la decisión y conviértela en una realidad.
8. Las personas con éxito están enfocadas en la mejora continua
Piensa en grande pero actúa en pequeños pasos.
Desmenuza tus metas en pequeños trozos fáciles de seguir y evaluar el progreso. Los pequeños avances son como puntos que podemos agregar a nuestra motivación diaria. Es una forma de acercarnos al éxito y medir cómo nos vamos aproximando.
comillasUn camino de mil millas comienza por un solo paso. Lao Tsé.
Cada pequeña tarea exige menos energía y motivación que una grande. El simple hecho de movernos y levantarnos de nuestro sitio para actuar, ya nos hace romper la inercia inicial. Es como si nuestra mente se colocara en “estado de creación” y bastara una pequeña tarea para activarlo.
9. Las personas con éxito miden y cuantifican su progreso
La gente con éxito está únicamente orientada a resultados.
La única forma de hacerlo es medir el progreso de cada una de las actividades de forma regular, revisar qué se ha hecho y qué falta, y re-evaluar los objetivos.
Lo único que se puede controlar es aquello que se puede medir.
El primer paso es definir los objetivos, después desmenuzarlo en pequeñas tareas, y posteriormente cuantificar el progreso de cada una de ellas.
Usa tu Hoja de Planificación Diaria para tener conciencia de tu productividad diaria y de tu acercamiento a los objetivos.
10. Las personas con éxito aprenden de los errores con un pensamiento positivo
Hemos nacido con unas cualidades innatas que se suman a nuestras cualidades adquiridas. Pero a parte de ellas hay un factor que multiplica y hace que nuestro potencial humano pueda ser enorme: El poder del pensamiento positivo es una realidad de la que hemos hablado ya merece la pena que visites el link.
Lo he comprobado en varias personas cercanas: no era su formación ni que fueran extremadamente listos lo que les hacía triunfar, sino su actitud. Son personas que no dejan cabida a pensamientos negativos y dañinos, simplemente miran a delante y dan lo mejor de si mismos en cualquier situación para alcanzar sus objetivos.
Los errores no desaniman a la gente con éxito de la misma forma. Para ellos representan una marca que les acerca un paso más al objetivo, un aprendizaje, un reto más.
La mayor parte de las veces ya tenemos lo que necesitamos, y no hay que dejarse frenar por un fallo o por tener miedo a los posibles errores futuros.
11. Las personas con éxito pasan el tiempo con las personas correctas
Esta es un importante consejo. Somos la media de las personas con las que más nos relacionamos. Queramos o no, las personas que tenemos alrededor nos condicionan e influyen en nuestros resultados.
Rodéate de personas que te ayudan a acercarte a tus sueños e ideales, huye de las personas que consumen tu energía y te alejan de tus metas.
Asóciate, comparte ideas. El rodearte de la gente adecuada multiplicará tus posibilidades de éxito.
12. Las personas con éxito mantienen un equilibrio en su vida
Y dejamos para el último punto el más importante. El equilibrio.
La paz y equilibrio interior es la medida que indica si lo estamos haciendo bien o no en cada una de nuestras acciones.