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miércoles, 28 de diciembre de 2016

100-10: LA FORMA DEFINITIVA DE ORGANIZAR TU JORNADA DIARIA PARA QUE TE DÉ TIEMPO A TODO



Desde hace siglos, hemos dividido nuestro tiempo en horas. Sin embargo, cada vez está más de moda desmenuzar los 60 minutos en otras unidades mucho más pequeñas
Hace apenas unos días que se ha publicado, y se ha convertido ya en uno de los grandes virales de la autoorganización de los últimos años. Una breve entrada de la página 'Wait But Why', escrita por Tim Urban, se ha convertido en un fenómeno gracias a su peculiar propuesta para estructurar los horarios diarios. ¿De hora en hora? ¿En bloques de media hora? Nada de eso. Lo que Urban propone es dividir el día en fragmentos de 10 minutos para sacar el máximo partido a cada uno de ellos.
El cálculo es muy sencillo. Si quitamos las siete u ocho horas que dormimos al día (o que, mejor dicho, deberíamos dormir), nos quedan 16 o 17 horas. Es decir, 960 o 1.020 minutos al día, que redondeando se quedan en unos 1.000 minutos por jornada. Esa es la medida de nuestra vida, sugiere la entrada del blog. En lugar de establecer 16 o 17 bloques, lo que debemos hacer es dividir nuestros 1.000 minutos entre 10 y, así, obtendremos unos 100 bloques de 10 minutos. “Eso es de lo que dispones cada día”, explica el autor.
Cocinar requiere tres bloques y pedir comida, ninguno: tú decides en qué empleas tu tiempo
“A lo largo del día, empleas 10 minutos de tu vida en cada bloque, hasta que finalmente te quedas sin ellos y es hora de meterte en la cama”, propone. Es una revolucionaria manera de organizar el tiempo, puesto que desciende a unidades mucho más pequeñas de las que estamos acostumbrados. Es más, el autor anima a que los lectores organicen su tiempo en función de la siguiente cuadrícula, que se puede descargar desde su página web (o desde aquí):
http://www.ecestaticos.com/image/clipping/654/955d0471cafa20d2c4978cc83e0b0bb4/cuadrado.jpg
El objetivo de este cuadrante es doble. Por una parte, debe servirnos para colorear cada uno de los cuadrados con aquello que consideremos más importante, como si fuese nuestra nueva agenda. El autor propone varios ejemplos: cocinar suele requerir tres bloques (es decir, una media hora), mientras que pedir comida por teléfono no requiere ninguno (algo discutible). ¿Qué prefieres, perder tiempo en cocinar o dedicar eso a otra cosa? Otro ejemplo: pongamos que tomar una copa con un amigo cuesta alrededor de 10 bloques (una hora y 40 minutos; a alguno le dará tiempo a tomarse dos o tres). La pregunta que debemos hacernos es “¿con qué frecuencia quieres utilizar estos 10 bloques para ese propósito, y con qué amigos?”.
En resumidas cuentas: ¿qué bloques son innegociables y cuáles deberían ser más flexibles? Esta forma de organización nos permite dejar unos cuadrantes vacíos en los que no hagamos nada, y que alivien la estricta organización del resto de la jornada. Según Urban, el cuadrante nos permite separar el grano de la paja y extraer lo mejor del día.
El empleo del tiempo
Como hemos dicho, el cuadro de 10x10 tiene otra función: rellenar uno nuevo una vez el día haya terminado con lo que de verdad hemos hecho y compararlo con aquello que habíamos planeado hacer. De esa manera, podremos ser mucho más realistas la próxima vez que diseñemos nuestro cuadrante. La pregunta que debemos hacernos es: “¿en qué se diferencian los dos cuadros, y por qué?”.
¿No pasa este sistema por alto que somos seres humanos y no robots y, por lo tanto, que nuestro rendimiento fluctúa continuamente?
Esa es la base del sistema propuesto por Urban, que puede verse como una consecuencia más de la imparable aceleración del tiempo propuesta por el profesor Hartmut Rosa. Recordemos que, hasta hace apenas unos siglos, en la sociedad campesina, el tiempo estaba vinculado ante todo a los ciclos de salida y puesta de sol. El amanecer era el momento de ponerse en marcha y el anochecer marcaba el final de la jornada. La sociedad industrial ordenó por primera vez el día en función de las horas, una unidad discreta y necesaria para controlar las incipientes jornadas laborales del nuevo trabajador urbano.
Hoy en día, nuestro tiempo está organizado en horas. La jornada laboral semanal se estipula en horas (40 o 36, pero no 20 horas y media, por ejemplo), las clases universitarias o del colegio suelen durar una hora (aunque sean de 55 minutos y se descanse durante cinco), las agendas del teléfono móvil dividen el día de hora en hora, y los actos oficiales, conferencias u otros eventos suelen organizarse en función a las horas en punto (o, como mucho, a la media hora).
Todo ello tiene un sentido claro: la hora es la medida estándar del día. Sin embargo, propuestas como la de 'Wait But Why' muestran que la tendencia es a desmenuzar el día aún más. Seguro que al lector se le han ocurrido una larga serie de reservas respecto a este sistema. Por ejemplo, ¿no tardamos mucho más en organizar nuestro día de 10 minutos en 10 minutos, consiguiendo el efecto completamente opuesto al buscado? ¿No es agobiante que haya tan poco margen de error? ¿No pasa este sistema por alto que somos seres humanos y no robots y, por lo tanto, que nuestro rendimiento fluctúa continuamente, y que pretender que siempre estamos igual de activos es una utopía? ¿No es el mejor estímulo de la creatividad precisamente el no hacer nada, dejar la mente vagar? ¿Qué ocurre con las ocho horas que pasamos en el trabajo?
El primer comentario del artículo, el que más 'me gusta' ha recibido, resume bien este problema: “Aunque aprecio el autoanálisis e intentar mejorarse a uno mismo, me preocupa que esta clase de 'micromanagement' sea un reflejo de nuestras inclinaciones capitalistas hacia los productos y la producción”, advierte un usuario llamado Jacob Yu. “Puede haber algo de valor en vaguear sin haberlo planeado, sin analizarlo y sin criticarlo”. Que se lo digan a Andrew Smart, que advirtió en su libro 'El arte y la ciencia de no hacer nada' (Clave Intelectual) sobre nuestra ansiedad por hacer cosas continuamente y el culto a la productividad, una de las consecuencias más claras de esa acuciante sensación de que cada vez tenemos menos tiempo para hacer nada.

EL MULTITASKING, UN RIESGO PARA LA PRODUCTIVIDAD DEL TRABAJO



La UOC asegura que hacer varias tareas al mismo tiempo resulta ineficaz en términos de eficiencia
05/12/2016 La capacidad que tiene un profesional de trabajar en varias tareas está, hoy en día, muy valorada por las empresas. De hecho, en la mayoría de las ofertas de trabajo es un requisito imprescindible. Pero, en cambio, varios estudios internacionales -como los de las universidades Stanford y Harvard- alertan de que la multitarea (multitasking) provoca una reducción de la productividad y conlleva un coste para la economía global de 450.000 millones de dólares en al año.
Diego Redolar, neurocientífico de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), afirma que “cuando se hacen varias tareas a la vez, la eficiencia de la ejecución merma de una manera muy acentuada”. Unos efectos negativos de los que también alerta Pilar Ficapal, experta en organización del trabajo y recursos humanos de la UOC, quien revela que la intensidad y la sobrecarga cognitiva o las interrupciones en la realización de una tarea concreta “pueden hacer caer la concentración, convertirse en una fuente de estrés y dificultar la creatividad y la eficacia profesional”. “La multitarea puede llevar a adoptar conductas inadecuadas en la organización del tiempo y ser reactivos ante las circunstancias que nos rodean, porque no hay nada planificado”, añade.
Ahora bien, como explica Mar Sabadell, experta en prevención de riesgos laborales de la UOC, la influencia en el rendimiento depende de la modalidad de tareas que concurren en el multitasking. "Los niveles de activación cerebral no son los mismos cuando la tarea responde a estímulos tácticos o señales visuales o auditivas. La multitarea será menos efectiva cuando las tareas comparten modalidad, por lo que hablar y escuchar al mismo tiempo es menos efectivo que escuchar una información y completar un informe ", asegura.
En las organizaciones flexibles, la multitarea puede generar rendimientos mejores
“Hay que tener en cuenta todo el conjunto de características organizativas, estratégicas y culturales de las empresas en las que se valora la capacidad para la multitarea”, advierte Ficapal. Aunque la investigación, en este sentido, aún incipiente, en las empresas más abiertas, innovadoras y flexibles, que organizan y gestionan los recursos humanos teniendo en cuenta los resultados de los proyectos y la polivalencia de los trabajadores, “la multitarea tiene más posibilidades de generar rendimientos mejores que las empresas con unas estructuras más rígidas y tradicionales”, remarca.
Los supertaskers, una especie aparte
“Hay personas a las que no afecta de la misma manera la multitarea y que son muy buenas haciendo dos tareas o más a la vez: son las llamadas supertaskers”, explica el neurocientífico de la UOC. Una investigación liderada por Nathan Medeiros-Ward (2015) ha demostrado que los supertaskers se caracterizan por el hecho de sumar de manera más eficiente dos regiones de la corteza cerebral, la corteza cingulada anterior y la corteza prefrontal, en comparación con los otros participantes del estudio.
Los Millennials son los nativos digitales con mayor facilidad multitarea
En los Millennials (grupo de edad de 18 a 34 años) se ha puesto de relieve su capacidad de multitarea. “Disponen de competencias técnicas, metodológicas, sociales y digitales por su contacto permanente con las diferentes formas de tecnología y de comunicación, lo que les ha proporcionado esta capacidad y un aprendizaje en la simultaneidad de diferentes tareas”, afirma Ficapal.
Redolar explica que el funcionamiento de las redes neuronales del cerebro es diferente entre los nativos digitales y los que no lo son. “Estos últimos están acostumbrados a trabajar de manera lineal, en cambio, los Millennials lo hacen de manera paralela sin provocarles tanto estrés”, señala.
Pero, la sociedad tiende, en general, a trabajar de manera paralela y hay que irse preparando en este sentido. Ficapal explica que la capacidad para afrontar este nuevo escenario está vinculada "con la voluntad y con la disposición de mejorar la empleabilidad a través del desarrollo de nuevas competencias, de la capacidad de anticipación y adaptación a los cambios, y de la flexibilidad personal".
Cómo combatir los efectos negativos del multitasking
El 98% de los profesionales de todo el mundo dedica una parte del tiempo a la multitarea, según un estudio de Accenture, y un tercio confiesa que las distracciones continuas les hacen disminuir la capacidad de concentración y la calidad del trabajo. “Para combatirlo, es aconsejable que los profesionales hagan pausas de entre cinco y diez minutos cada hora o cada hora y media”, explica el neurocientífico. Aparte de la pausa, que es crítica, "la cafeína y el azúcar, con una dosis adecuada, también pueden ayudar".
Para reducir los efectos negativos de la multitarea, Ficapal explica que hay que crear las condiciones de trabajo para que las tareas se lleven a cabo en un contexto de trabajo de calidad. “Los empleadores deben ser capaces de identificar las habilidades de los trabajadores y los requerimientos concretos del entorno donde se ha de actuar, y aprovechar el potencial de las personas con esta capacidad para plantearles proyectos con objetivos alcanzables, que les permitan poner en práctica una variedad significativa de habilidades y faciliten su bienestar emocional. Este hecho puede dar resultados favorables en cuanto a atracción y retención de los individuos en la organización y reducir la rotación laboral”.
Dado que muchas tareas a la vez pueden provocar un cansancio mental adicional (estrés, ansiedad, etc.), Pedro Vidal, profesor de Derecho laboral de la UOC, explica que estas situaciones requieren "una evaluación de los riesgos psicosociales de los trabajadores designados para estos trabajos".
En algunos convenios colectivos se establece una política de descansos específica por razones de seguridad y salud. Los más extendidos son los relacionados con las pantallas de visualización (evitar problemas visuales, problemas musculares, fatiga mental, etc.). El ejemplo más conocido, en este escenario, es el Convenio colectivo de ámbito estatal del sector de la atención multicanal (contact center; antes telemarketing), que dice que "el personal de operaciones que lleve a cabo la actividad en pantallas de visualización de datos, debe tener una pausa de cinco minutos por cada hora de trabajo efectivo".

sábado, 10 de septiembre de 2016

LA REGLA DEL 10-3-2-1-0 PARA SER MÁS PRODUCTIVO Y DESCANSAR MEJOR



No tomes cafeína 10 horas antes de dormir, tres horas antes no tomes alimentos ni alcohol, abandona el trabajo dos horas antes y en la hora anterior, aléjate de las pantallas
Los ritmos de vida actuales, cada vez más exigentes y vertiginosos, hacen que cada día sea más difícil relajarse y descansar. De acuerdo con un estudio reciente de la OCU, el consumo de somníferos y ansiolíticos ha aumentado un 57% en los últimos 12 años en España.
Para ser capaz de 'desconectar' el cerebro por la noche e incrementar la productividad durante el día, el psicólogo y entrenador Craig Ballantyn ha ideado un ingenioso método numérico. "La fórmula 10-3-2-1-0 puede ayudarte a dormir mejor, sentirte mejor por las mañanas e incrementar tu productividad en el trabajo", asegura. Cada número corresponde a una actividad vetada antes de irse a la cama. La prescripción es la siguiente:
-10 horas antes de dormirte, no tomes cafeína.
-Tres horas antes de dormirte, no comas ni tomes alcohol.
-Dos horas antes de dormirte, no hagas nada relacionado con el trabajo.
-Una hora antes de dormirte, no mires ninguna pantalla.
-Así conseguirás tener cero bostezos durante el día.
"Lo más importante es que puedas disfrutar de la mañana e incluso levantarte 15 minutos antes para ponerte al día", explica en declaraciones a 'The Telegraph'. "Cuando sigues está fórmula, cuentas con más energía, con lo que no dejas que las grandes oportunidades se escapen", añade.  
La fórmula de Ballantyn no es única. A lo largo de los últimos años, han ido surgiendo reglas numéricas para mejorar el sueño. Por ejemplo, el doctor Andrew Weil fue pionero hace unos años con la regla del 4-7-8, una técnica de respiración que según su creador permite caer rendido en pocos minutos.
-Inspira durante cuatro segundos.
-Aguanta la respiración durante siete segundos.
-Espira por la boca durante ocho segundos. 
-Repite el proceso tres veces.
Lo cierto es que al final todas estas técnicas parten de un mismo principio esencial: no hacer nada que pueda estresarnos en las horas previas y dormir así más relajado para ser más productivo. El doctor Weil explicó en su página personal que, a diferencia de lo que ocurre con los somniferos, este ejercicio surte mejor efecto cuanto más veces se repite. Eso sí, advierte de que no debe realizarse muy a menudo. Lo mejor es que no se repita más de cuatro veces durante el primer mes. Una vez el cuerpo se acostumbra, se puede ir repitiendo en más ocasiones

LOS CONSEJOS PARA QUE LEAS MÁS RÁPIDO, SEGÚN LOS MAYORES EXPERTOS



La falta de tiempo libre sirve como excusa comodín para todo aquello que no resulta prioritario en nuestra vida, pero es fácil terminar los libros antes
Hasta su fallecimiento el pasado octubre, la bibliotecaria estadounidense Harriet Klausner logró completar 31.014 críticas de libros en el portal Amazon, la mayor cifra alcanzada nunca por un usuario de la conocida librería.
Aunque Klausner fue atacada por numerosas personas que aseguraban que era imposible que se leyera tantos libros, ella defendió siempre que había consumido todas las novelas sobre las que hablaba, si bien algunas eran tan cortas que podía cepillárselas en sólo una hora; sobre todo las del género romántico, uno de su preferidos.
La bibliotecaria se confesaba “una friki de la lectura rápida”, capaz de ventilarse de media dos novelas al día, pero no cabe duda de que tenía el mejor trabajo para leer. La mayoría de nosotros tenemos obligaciones laborales y familiares que nos impiden leer tanto. Y es algo que para muchas personas resulta frustrante.
Según una encuesta del Centro de Investigación Sociológica (CIS), el 35% de los españoles no lee “casi nunca” o directamente “nunca”, pero de estos sólo un 42% reconoce que no le gusta hacerlo o no le interesa; el resto asegura no tener tiempo.
De nuevo, la falta de tiempo libre sirve como excusa comodín que vale para todo aquello que no resulta prioritario en nuestra vida. Es obvio que la mayoría de nosotros leeríamos más si nos quedáramos todo el día en casa sin nada que hacer o estuviéramos presos, como León Trostki, que en los dos años que estuvo encarcelado no se dedicaba a otra cosa y se ventiló casi toda la biblioteca del penal. Pero hay muchos ejemplos de personas tremendamente ocupadas que, aun así, sacaban o sacan tiempo para leer.
El 35% de los españoles no lee “casi nunca” o directamente “nunca”, pero de estos sólo un 42% reconoce que no le gusta hacerlo o no le interesa
Agatha Christie leía 200 libros al año; Thedore Roosvelt uno al día, o incluso dos o tres si tenía una noche tranquila; los gurús de la tecnología Elon Musk, Bill Gates o Mark Zuckerberg son ávidos lectores que logran leer varios libros a la semana; el inversor Warren Buffet tiene como hábito leer 500 páginas al día; y de Winston Churchill se dice que leyó más de 5.000 libros en toda su vida: más de siete al mes, cada mes durante 60 años.
¿Cómo lo lograron? Desde luego no hay una receta única, pero todos podemos leer más si seguimos una serie de consejos: los mismos que siguen los más ávidos lectores de nuestro tiempo.
1. Utiliza las técnicas de lectura rápida
Como es lógico, leer más rápido puede ayudarnos a leer más, y existen una serie de técnicas que incrementan la velocidad con la que pasamos las páginas sin detrimento de la comprensión de las mismas.
La velocidad promedio de lectura en Europa está entre 200 y 250 palabras por minuto, pero es relativamente sencillo elevar la cifra a 400
El escritor británico Tony Buzan es uno de los pensadores que más ha explorado las técnicas de lectura rápida, tan pronto se dio cuenta de que algunos compañeros de su clase leían más rápido que él. En 'El libro de la lectura rápida' (Urano), Buzan asegura que esta técnica cambió su vida pues, “en lugar de leer, no sé, 1.000 libros en mi vida, ahora quizás lea unos 2.000”.
Exageraciones a parte, hay una serie de técnicas que mejorar nuestra habilidad lectora. Estas deben entrenarse (hay numerosos cursos destinados a tal fin) pero también pueden practicarse de forma autodidacta. Existen dos principios básicos:
Reducir el tiempo que gastas en cada línea
Es posible leer más rápido si entrenas la vista para capturar más información en cada vistazo. El truco consiste en hacer pequeños saltos, y recoger el máximo contenido en el mínimo contenido posible. Esta es la clave principal de las técnicas de lectura rápida, que es posible entrenar. La velocidad promedio de lectura en Europa está entre 200 y 250 palabras por minuto, pero es relativamente sencillo elevar la cifra a 400, lo que nos permite leer mucho más. Los campeones de lectura rápida pueden llegar a procesar más de 4.000 palabras por minuto comprendiendo a la perfección lo que han leído.
Aprender a no releer
Un lector normal pasa hasta un 30% de su tiempo de lectura releyendo las mismas partes del texto, que no ha comprendido. Si no es por puro gusto, esta práctica nos hacen perder el tiempo con algo que ya deberíamos haber procesado. Por ello es tan importante la concentración: cuánto menos distraídos estemos, menos tendremos que volver sobre las mismas páginas.
2. Si no te gusta un libro, déjalo
Nunca en la vida lograrás leerte todos los libros editados que podrían gustarte, por lo que (razones laborales aparte) no hay ninguna razón para que te acabes uno que no te está gustando.
Con la edad nos hacemos más selectivos: somos menos fácilmente impresionables, por lo que descartamos lo que no nos gusta con más rapidez
Klausner reconocía que de entre los más de 30.000 libros que criticó, no se había terminado muchos de los que habían recibido una puntuación negativa. “Si un libro no me interesa cuando llego a la página 50, dejo de leerlo”, aseguró en una entrevista con 'The Wall Street Journal'.
La mayoría de críticos literarios hacen lo mismo que Klauner. “Hay una cantidad de libros limitada que puedo leer a lo largo de mi vida, y no voy a perder el tiempo con basura” reconocía en una columna la periodista de 'The Times' Jenni Russell. En su opinión, además, con la edad nos hacemos más selectivos: somos menos fácilmente impresionables, por lo que descartamos los libros que no nos gustan con más rapidez.
3. Establece rutinas
Tan importante es aprovechar todo el tiempo disponible para leer como liberar momentos en los que puedas hacerlo con tranquilidad. Bill Gates, por ejemplo, siempre lee durante una hora en la cama antes de dormir, independientemente de la hora a la que se acueste, una rutina que, según afirmó a 'The Seattle Times', ya es parte insoslayable de su proceso de conciliación del sueño.
Si nos dedicamos por la noche a ver la tele o trastear en internet, lógicamente leeremos menos y, además, dormiremos peor
Por desgracia, no todos tenemos tanta fuerza de voluntad como el fundador de Microsoft y, aunque tratemos de leer en la cama antes de dormir, nos quedamos fritos pasados un par de páginas. ¿El secreto para evitarlo? Empezar a leer antes y, si tenemos tendencia a caer muertos en cuanto nos ponemos en horizontal, evitar llevarnos la lectura a la cama.
Como decíamos con anterioridad, para leer más es necesario establecer esta actividad como prioritaria. Si nos dedicamos por la noche a ver la tele o trastear en internet lógicamente leeremos menos y, además, dormiremos peor, pues la luz que desprenden los dispositivos electrónicos interfiere en un correcto descanso (ojo por tanto con leer en la tablet).
4. Aprovecha cada momento libre
Cierto es que la mayoría de nosotros no podemos leer alegremente en el trabajo y cuando llegamos a casa tenemos numerosas tareas familiares. Por ello, para leer más, es importante aprovechar cada minuto improductivo de que dispongamos.
El trayecto al trabajo es un buen ejemplo. Según una investigación del servicio de estudios de La Caixa, realizada en 2008, los españoles dedican de media 57 minutos diarios en ir y volver del trabajo, un tiempo que aumenta significativamente en ciudades como Madrid y Barcelona, donde no es raro emplear a diario dos horas en el trayecto. Si en vez de desplazarnos en coche utilizamos el transporte público podremos emplear todo ese tiempo en leer.
Pero el desplazamiento al trabajo no es el único momento tonto del día que podemos aprovechar avanzar en nuestras lecturas. Como explica en la BBC la periodista y 'coach' literaria Glynis Kozma, aunque es muy recomendablre, puede ser muy difícil sacar una hora para leer todos los días antes de acostarnos. Es más sencillo, por ejemplo, leer 20 minutos mientras esperas a que se haga la cena. “Utiliza cada cuarto de hora libre que tengas”, concluye.
5. Concéntrate
Tus lecturas serán más productivas si logras concentrarte. A veces no nos queda otra, pero si sólo leemos en entornos con muchas distracciones y tenemos que interrumpir la lectura cada pocos minutos no lograremos coger el ritmo que nos permite ir más rápido.
Cierto es que hay personas acostumbradas a leer con música de fondo, pero la ignoran por completo mientras están enfrascados en la lectura
En ocasiones no es tan importante el entorno (hay gente que lee de maravilla en el metro), sino las distracciones a las que nos exponemos de 'motu propio'. El móvil es un buen ejemplo: es imposible leer en condiciones si estás atendiendo cada minuto a las notificaciones que te llegan.
Merece la pena recordar que la multitarea es un mito, y si estás leyendo, por ejemplo, no puedes estar escuchando música al mismo tiempo. Cierto es que hay personas acostumbradas a leer con música de fondo, pero la ignoran por completo mientras están enfrascados en la lectura. Si notas que la música te distrae trata de leer en silencio.
6. Lleva siempre un libro encima
Los grandes lectores tienen siempre una cola de libros esperando y llevan uno o dos encima, para empezar a leer el texto siguiente en cuanto han acabado el anterior. Si tratas, por ejemplo, de leer un libro por semana, el cambio entre uno u otro sucederá en cualquier momento y si no llevas el reemplazo encima perderás valiosos minutos en tu próxima lectura. Además, nunca sabes cuándo vas a tener tiempo para leer: si tienes siempre un libro contigo no estarás obligado a echar mano de las revistas del corazón de las salas de espera, ni te moriras de aburrimiento si tu avión se retrasa. 
Ni qué decir tiene que cada libro tiene una duración, hay pequeños relatos que se pueden leer en menos de una hora y grandes volúmenes para los que necesitaremos un mes: organízate de tal manera que nunca te quedes sin un libro del que echar mano.