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miércoles, 1 de abril de 2015

5 CLAVES PARA SUPERAR SITUACIONES INCÓMODAS EN EL TRABAJO



Pedir más dinero, tener que terminar un proyecto rápidamente o explicar a nuestros jefes un problema que ha surgido son situaciones laborales que pueden ponernos de los nervios.
El trabajo es uno de los focos de estrés más habituales, entre otras cosas porque no contamos con las herramientas necesarias para lidiar y combatir las vicisitudes que se crean durante la jornada laboral. Como explica el coach Javier González, CEO de Magna Coaching, pedir un aumento de sueldo, cambios de última hora en la ejecución de un proyecto, explicar a un superior o cliente que el trabajo no estará disponible en el plazo previsto…Todas ellas son situaciones incómodas que tienen como denominador común que se dan en nuestro lugar de trabajo. ¿Cómo podemos enfrentarnos a todas ellas y salir indemnes sin sufrir un pico de estrés? Estas son las soluciones que propone González:
1. Relativizar. Al estar dentro de una coyuntura de estrés perdemos las referencias objetivas y llegamos a creer que todo es más grave y más grande de lo que realmente es. Para un momento y trata de elaborar un relato objetivo sobre lo que está ocurriendo. De esta forma lograrás darte cuenta de que en ocasiones el estrés distorsiona la percepción sobre lo que está ocurriendo.
2. Trata de fijar objetivos reales y no imposibles. La adecuación de objetivos consecuentes con las condiciones en las que trabajamos ayuda a que nuestro nivel de auto exigencia sea menos dañino y, por tanto, nos ayudará a evitar situaciones de estrés negativo e innecesario.
Es normal que, conforme se aproxima la fecha límite para hacer entrega de un trabajo, nuestro rendimiento se vea mermado
3. Cuando las situaciones de estrés impliquen a terceros ya sean superiores jerárquicos, compañeros o clientes la comunicación es el mejor vehículo para solventarlas. Sé claro, confía en tu valía como trabajador y, sobre todo, aporta potenciales soluciones para resolver el conflicto. Con independencia del resultado final saldrás reforzado por el hecho de haber afrontado la crisis y porque los demás percibirán que has actuado de forma diligente.
4. Es común que, conforme se aproxima la fecha límite para hacer entrega de un trabajo o se celebre una reunión, nuestro rendimiento se vea mermado y eso cause estrés, lo que a su vez repercute en el rendimiento. Para poder romper esta nociva dinámica has de cambiar el foco de tu atención. La actividad la eliges tú, desde hablar por teléfono a salir a dar un paseo corto, esos minutos de esparcimiento pueden suponer la válvula de escape perfecta para recuperar la productividad.
5. Por último, aunque resulten desagradables o provoquen temor, las situaciones incómodas –en cualquier ámbito de nuestra vida– nos obligan a salir de nuestra zona de confort y a buscar recursos para afrontarlas. Deja de observarlas como una oportunidad para el fracaso, sino como una oportunidad para el crecimiento personal, porque estas situaciones se convierten en una lección de vida.

lunes, 24 de marzo de 2014

Una visión renovadora: La Aceptación



¿Estás dispuesto a buscar la bendición oculta que se encuentra tras la adversidad? ¿Crees en la posibilidad de liberarte de todo aquello que opaca tu vida? La aceptación es un poderoso enfoque que posibilita un cambio de perspectiva radical ante lo que nos acontece. Una visión sutil pero profunda que implica ceder más que oponerse al flujo de la vida.
La aceptación es un enfoque que promueve producir la menor resistencia posible ante lo que ES. Es una perspectiva que aboga por el autocontrol interior y por la reflexión pausada y consciente de lo que nos acontece en forma de experiencias y sucesos determinados. Sin embargo, al contrario de lo que piensa mucha gente, la aceptación no es rendición. La aceptación no significa soportar pasivamente cualquier situación en la que uno se encuentra sin hacer nada al respecto. No tiene absolutamente nada que ver con esa acepción y visión. En palabras del escritor Richard Calson: “La aceptación podría interpretarse como inacción, pero cuando intentas explicarla te das cuenta de que es todo menos eso. A veces exige un mayor esfuerzo que quejarse, enfrentarse o rezongar, como harías normalmente. Pero una vez que experimentas la libertad que aporta, la aceptación se convierte casi en un acto reflejo”.
La aceptación es una sabiduría simple pero profunda que implica honrar y captar el momento tal y como es, siendo activo y coherente para cambiar aquello que haya que modificar, así como paciente y sensato para aceptar aquello que no es susceptible de ser cambiado. Constituye una potente filosofía de vida propia de aquel que busca comandar su existencia. Es una perspectiva que consigue lograr una visión más desapegada de las cosas, nos brinda paz, tranquilidad y presencia. Cuando aceptas plenamente lo que es, te liberas inmediatamente de la resistencia mental y de su identidad que deriva de ella. Te quitas una gran carga de encima, permitiéndote ser tú mismo en todo tu esplendor.
Sin embargo, ¿Por qué continuamente se ven casos de personas insatisfechas, tristes e inseguras que se resisten a la realidad que presencian? ¿Por qué se palpa tanta insatisfacción en la sociedad actual? Esto se debe en gran medida, a que se resisten a lo que es y se aferran a lo que “debería ser”. Creen equivocadamente que el mundo conspira contra ellos. Surge una resignación profunda y una desidia que inmoviliza. Muchísimas personas niegan, se resisten y se quejan acaloradamente de su taciturna realidad, no haciendo nada por cambiarla o aceptarla como parte de la cualidad de ese momento, el cual probablemente encierre un enorme aprendizaje.
La resistencia trae consigo una enorme negatividad emocional, la cual produce acciones negativas en consonancia, tales como ira, desesperación o frustración. Cuando no aceptas, endureces tu ego y creas una fuerte perspectiva amenazadora a tu alrededor. A su vez surge una necesidad compulsiva de emitir juicios, etiquetas y visiones sesgadas de la realidad. Echkart Tolle lo refleja magistralmente en este pensamiento: “La cualidad de tu conciencia en este momento es el principal determinante del tipo de futuro que experimentarás”. Por tanto, adoptar una conciencia de aceptación o de resistencia producirán resultados radicalmente opuestos, y vidas ancladas en la dicha o la desgracia.
Cuando uno adopta una postura de constante aceptación, uno es capaz de percibir la realidad con mayor claridad y edificar sobre suelo firme. Solo a través de la aceptación se puede producir un verdadero cambio positivo e integral. En este estado, la vida se muestra servicial y cooperativa, fruto de una poderosa convicción interna de ser los responsables de los resultados y el destino que perseguimos. La aceptación nos brinda seguridad, confianza y perspectiva para enfrentar los obstáculos que se interpongan en nuestro camino.
Seamos conscientes del enorme beneficio que se consigue al aplicar de manera consistente está visión en nuestro día a día. Al aceptar conscientemente la realidad que sucede a nuestro alrededor, seremos capaces de actuar consecuentemente en función de lo que el momento nos pida. Tomando de esta manera, decisiones acertadas, profundas e integras para desarrollarnos de la mejor manera posible y crecer adecuadamente como personas.
“El primer paso hacia el cambio es la conciencia. El segundo paso es la aceptación”
- Nathaniel Branden
Andrés Cuevas

lunes, 24 de febrero de 2014

CÓMO PASAR DEL ESTRÉS NEGATIVO AL POSITIVO




Kate Matheny no es exactamente una persona que trata de eludir el estrés. A lo largo de su carrera, la contadora, que vive en Colorado, ha pasado de un trabajo gerencial de alta presión a otro. "Soy dura", reconoce la profesional de 44 años, casada con dos hijos. "Quería llegar a lo más alto (en el trabajo), y quería ser una gran madre", que pudiera asistir a los eventos deportivos de sus hijos, llevarlos a la escuela y ayudarlos con las tareas tras un trayecto de una hora desde el trabajo. Sus días a menudo comenzaban a las 5 de la mañana con un entrenamiento para correr una maratón.
Luego de meses de estar desvelada, bajar de peso y sentirse "presionada hasta el borde de perder la razón" debido a sus múltiples tareas, Matheny decidió que tenía que enfrentar su estrés y convertirlo en una ventaja. Su nuevo empleo tiene su cuota de presión, reconoce, pero con un mayor apoyo de su jefe y más flexibilidad en sus horarios, dice que se siente muy bien.
A diferencia de lo que muchos creen, el estrés no tiene que ser una fuerza que agota el cuerpo y el alma. Pero pocas personas saben cómo transformar su estrés en un fenómeno positivo que los ayude a cumplir sus metas.
Estudios recientes confirman que obtener un mayor control sobre las exigencias laborales, hacer un trabajo que tenga sentido y el aliento de los compañeros están relacionados con el estrés beneficioso. Un simple cambio de las actitudes y expectativas sobre el estrés —a través de asesorías, entrenamiento y grupos de apoyo— también puede fomentar el estrés constructivo.
"El estrés es paradójico", afirma Alia Crum, una investigadora de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia que estudia la forma en que las actitudes de las personas influyen en sus reacciones al estrés. "Por un lado, puede ser lo que más nos perjudica. Pero por el otro, es fundamental para el crecimiento psicológico y físico. Nuestro sistema de creencias, la óptica a través de la cual elegimos ver y enfrentar el estrés, alterará el desenlace".
Los empleados de una atribulada empresa de servicios financieros cambiaron sus actitudes hacia el estrés con la ayuda de un programa de entrenamiento por video que mostraba a atletas, líderes y profesionales que conseguían grandes logros ante desafíos abrumadores, según una investigación encabezada por Crum publicada este año en la Revista de Personalidad y Psicología Social. "Encontramos un cambio consistente en la mentalidad de los participantes", sostiene la investigadora, que pasaron a considerar el estrés no como algo agotador, sino como una ayuda para tener un mejor desempeño.
Además, la investigación mostró que las personas que realizaron el cambio tenían más probabilidades de experimentar una respuesta fisiológica más saludable durante un ejercicio difícil de hablar en público, al exhibir sólo niveles moderados de hormonas de estrés.
Matheny, la contadora de Colorado, sintió niveles de estrés más que moderados en su empleo previo como directora general de finanzas de una empresa de inversión. El problema más mínimo, como que el mal tiempo retrasara el autobús escolar de sus hijos, podía desbaratar su ajustado horario de trabajo. Luego de perder casi 10 kilos de forma involuntaria, cuenta que se vio demasiado débil para correr una maratón. "Me pregunté: '¿Qué estás haciendo?'".
Su nuevo empleo, como directora general de finanzas de una empresa más pequeña y menos estable financieramente, le ha permitido deshacerse de las mayores causas de estrés dañino. El trayecto al trabajo demora 20 minutos menos y puede trabajar desde su casa durante las horas libres y tener tiempo de asistir a las actividades de sus hijos, algo que su nuevo jefe apoya. Duerme mejor, está subiendo de peso y otra vez está lo suficientemente fuerte para disfrutar corriendo. "El trabajo sigue siendo estresante", observa. "Pero no es estrés personal".
En una respuesta saludable al estrés, el corazón bombea más rápido y el cerebro se pone en un alto nivel de alerta a medida que las hormonas de estrés fluyen al torrente sanguíneo y cierran temporalmente los sistemas inmune y digestivo para darle más recursos al desafío que enfrenta. El estrés se torna perjudicial cuando estos indicadores se mantienen elevados de forma crónica, lo que aumenta la presión sanguínea, daña el sistema cardiovascular, compromete la inmunidad y provoca dolores, problemas digestivos e insomnio.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Nueve hábitos mentales que te pueden ayudar a dejar de sufrir



El sufrimiento puede manifestarse de muy diferentes maneras. En muchos casos, es el producto lógico de un acontecimiento negativo o traumático, que trae consigo un proceso de duelo del que la angustia es parte consustancial, quizá no deseable, pero sí inevitable. Sin embargo, la vida contemporánea ha hecho aparecer una nueva forma de sufrimiento, mucho más difuso porque no logramos atribuirle un origen claro ni puede achacarse a algún hito vital determinado.
Se le puede llamar “náusea”, como haría Jean-Paul Sartre, o simple malestar existencial: lo que está claro es que cada vez más, incluso cuando tenemos todas las necesidades materiales y emocionales cubiertas, sufrimos. Y el hecho de que no sepamos cómo ponerle remedio no hace más que contribuir a que esa sensación aumente y nos incapacite en nuestra vida diaria.
Tal vez por eso las filosofías orientales hayan gozado de un auge tan importante durante las últimas décadas. Si bien quizá tan sólo para unos pocos sean la panacea definitiva que cure todos los males, es cierto que algunas de sus enseñanzas nos pueden echar una práctica mano a la hora de contener esa sensación de desasosiego implacable.
  • No juzgues el presente
Tendemos a hacer juicios de valor continuamente sobre nuestro momento vital y nuestras circunstancias personales, lo cual nos conduce a pensar en términos de bueno o malo (en muchos casos, malo, muy malo). Pero la vida sigue siempre, y si simplemente nos dejamos llevar aprovecharemos mejor el momento que si nos preocupamos por el aún lejano futuro.
  • El futuro nunca llega
Uno de los procesos mentales más perjudiciales es aquel que nos hace anticipar las hipotéticas catástrofes mucho antes de que ocurran; aunque ello parezca que nos puede hacer más precavidos, en realidad simplemente da lugar a un sentimiento de miedo atenazador que nos impide funcionar correctamente en el día a día. La mayor parte de desastres que se nos pasan por la cabeza nunca llegan a ocurrir.
  • Aclara tu mente
En un artículo publicado en Huffington Post, la escritora de autoayuda Byron Katie explicaba cómo vivió durante años con una pistola debajo de su almohada hasta que, un buen día, comprendió como una revelación que “la única cosa que nos hace sufrir es cuando creemos en algo que está en conflicto con la realidad”. Sentémonos a reflexionar y nos daremos cuenta de que la mayor parte de nuestros miedos son infundados.
  • Sé responsable, pero no te culpes
La culpa, como hemos explicado en el pasado, puede ser tóxica o saludable. En algunos casos, es inevitable para recordarnos que hemos sido viles o irresponsables, pero en otros, sólo consigue atormentarnos sin ayudarnos a poner solución. Es preferible ser responsable a tiempo que sentirse culpable a destiempo.
  • Acepta tus sentimientos negativos
Uno de los orígenes del sufrimiento más habitual es torturarnos por los sentimientos (de ira, de miedo, de angustia, de envidia) que tenemos. Pensamos que somos malas personas por caer en dichas debilidades, y de esa manera, nos sentimos aún peor. Sin embargo, se trata de emociones que afectan a todo el mundo; el propio sufrimiento es una de ellas, así que si somos conscientes de que habremos de pasarlo mal de vez en cuando, cuando esto ocurra, sabremos mejor cómo afrontarlo.
  • No juzgues a los demás
Somos nuestros peores jueces, nos exigimos demasiado incluso cuando ya lo hemos dado todo. Ello se ocasiona porque, previamente, hemos solicitado a los que nos rodean que sean perfectos, puesto que nosotros intentamos serlo. En realidad, nadie lo es, así que aceptemos los defectos y las carencias tanto propias como ajenas.
  • No envidies
El décimo mandamiento de las Tablas de la Ley de Moisés. Siempre se ha dicho que la envidia es el peor pecado español, y desde luego, es un sentimiento altamente dañino. No sólo por que el envidiado pueda ser objeto de un odio que no se ha merecido, sino porque esta emoción nos corroe por dentro al mirar a los que nos rodean y nos hace sentirnos inferiores.
  • Cuidado con lo que deseas
De todos los principios que promulga el budismo, quizá el más útil en una sociedad en la que el consumo desmedido y la satisfacción inmediata de todos los deseos parecen la clave del éxito, sea el que recuerda que el deseo es el origen de todo el sufrimiento. En muchos casos, el origen de toda angustia es la imposibilidad de satisfacer nuestros anhelos. Es inevitable desear determinadas cosas (o personas), pero debemos aprender a mantener la cabeza fría en los momentos en los que el deseo se convierta en sufrimiento.
  • Todo pasa
Volviendo al primer punto, debemos tener presente que tanto la felicidad como la angustia tocan a su fin, y que mejores (o peores) tiempos nos esperan a la vuelta de la esquina. Aceptarlo es el primer paso para disfrutar cuando la marea nos mece suavemente o para saber capear el temporal cuando este llegue.