sábado, 5 de octubre de 2013

Curar con la mente




29/09/2013 -  Carlos Manuel Sánchez - XL Semanal
Los científicos han descubierto que las emociones positivas pueden curarnos. Y creen haber hallado la puerta misteriosa que le permite al cerebro actuar sobre nuestro organismo: el nervio vago. Otra buena noticia: la alegría y la paz interior están clínicamente asociadas a la longevidad. Sonría y lea.
Sonreír alarga la vida. No es broma... Unos siete años de media. Un estudio epidemiológico de la Universidad Wayne de Detroit (Estados Unidos) llega a esa conclusión.
Los psicólogos estudiaron las fotografías de 196 jugadores de béisbol de 1952 y anotaron cuánto salían sonriendo. Luego investigaron cuáles de ellos seguían con vida. El resultado: los risueños viven casi 80 años; los serios, 73. El estudio parece anecdótico, pero se inscribe en una corriente novedosa en la medicina académica y que avalan decenas de investigaciones. La felicidad es curativa. Que las emociones influyen en nuestra salud ya se sabía. Pero hasta hoy los científicos se habían centrado en las emociones negativas (ansiedad, depresión, estrés...) que aumentan el riesgo de determinadas enfermedades.
Lo que la comunidad médica no tenía tan claro es que las emociones positivas también son importantes. La gente feliz no solo tiene vidas más estables, matrimonios más duraderos, mayores habilidades intelectuales y mejores relaciones interpersonales a lo largo de sus vidas. Esas vidas son estadísticamente más sanas y más largas. El bienestar psicológico reduce la actividad de las hormonas relacionadas con el estrés y nos hace menos vulnerables a las enfermedades infecciosas, coronarias, metabólicas y autoinmunes. Disfrutar de la vida debería ser un objetivo de los programas de prevención de enfermedades.
Los investigadores creen haber encontrado la conexión entre la felicidad y la salud: el nervio vago. «Es la estructura que une cuerpo y mente», afirma Thomas Schläpfer, psiquiatra del Hospital Universitario de Bonn a la revista alemana Der Spiegel. Un nervio vago en plena forma contribuye a que el corazón palpite con brío, a que la digestión sea regular y nos ayuda a alcanzar el orgasmo. Nos invita a empatizar, a mirar a los ojos, a sonreír... Los enamorados deberían dejar de dibujar corazones de tiza y aprender a pintar la complicada geografía de este nervio que parte del tronco del encéfalo y va a lo largo del cuello y del tórax hasta los intestinos, con muchas ramificaciones. Inerva el oído interno, la faringe, la laringe, los pulmones, el estómago, el intestino y el corazón.
Se puede estimular el nervio vago recurriendo a métodos como la meditación, el yoga, el zen y otras sabidurías milenarias que se están ganando el respeto en facultades y hospitales. La doctora norteamericana Bethany Kok ha comprobado que el nervio vago se activa con la meditación, pero también con una buena charla entre amigos. Amor, bienestar y compasión son el mejor ejercicio. «Las personas que atesoran sentimientos positivos mejoran el tono de su nervio vago. Esto está asociado con una buena salud y una vida más larga», asegura Kok, que realiza sus experimentos en el instituto Max Planck de Leipzig. «El médico nos dice que no deberíamos fumar ni comer demasiado, pero no nos suele aconsejar que seamos felices».
Psicólogos y médicos se proponen conciliar las técnicas de meditación procedentes del budismo y el hinduismo con los postulados de la medicina moderna. Monjes y yoguis les enseñan. En el Hospital General de Massachusetts (Boston, Estados Unidos), 15 pacientes diagnosticados con trastorno de ansiedad usaron su mente como si fuera un fármaco. Los voluntarios participaron en un curso de meditación durante ocho semanas. Consiguieron controlar mejor sus emociones y tuvieron menos problemas para dormir. Su cerebro había cambiado de forma positiva, como se comprobó con resonancias magnéticas: ciertas zonas de su córtex prefrontal aparecían muy irrigadas, aquellas que regulan los sentimientos. Así que los médicos están empezando a tomar en serio el pensamiento positivo. Es más, cuando el médico despierta confianza, provoca en su paciente unas respuestas psicológicas que actúan como un medicamento. «Da igual si practico la meditación o si mi médico despierta en mí alguna expectativa de mejora: en el fondo, lo que hago es provocar alteraciones bioquímicas que llegan a mis órganos a través de la sangre o de las fibras nerviosas», afirma Manfred Schedlowski, psicólogo de la Clínica Universitaria de Essen.
Esta sorprendente capacidad mental de curación viene programada de serie en el Homo sapiens, según los científicos que estudian la evolución. Todos tenemos de nacimiento un botiquín de primeros auxilios en el cuerpo. Este sistema repara heridas haciendo crecer tejido nuevo, elimina sustancias tóxicas con el hígado, lanza sus células inmunitarias contra los gérmenes... Pero estas acciones consumen energía y tienen efectos secundarios. Los vómitos y las diarreas expulsan los patógenos, pero también desperdician alimentos y líquidos. La fiebre achicharra las bacterias, pero recalienta los órganos. El cuerpo dispone de una especie de sistema de control que administra estas fuerzas curativas. Se encarga, por ejemplo, de que el sistema inmunitario funcione a medio gas durante los meses de invierno para ahorrar energía. El precio que pagamos por ello son los resfriados.Este sistema de control puede movilizar fuerzas insospechadas. Unos médicos italianos lo comprobaron durante un terremoto. En el hospital tenían ingresadas a 14 personas aquejadas de párkinson; apenas tenían movilidad. Pero durante el seísmo el bloqueo desapareció momentáneamente y los pacientes corrieron buscando la salida.
Cuando el cerebro percibe una ayuda del exterior o cuando alcanza un estado positivo gracias a la meditación, este sistema de control consigue utilizar mejor la farmacopea interna del organismo. Por eso, sensaciones como el optimismo o la confianza pueden influir sobre la salud. Es algo que ya intuían los chamanes de la Edad de Piedra. Realizaban acciones médicas como entablillar una pierna rota con una rama o aspirar el veneno de una picadura, acciones que tenían un componente psicológico, pues conseguían que el sanador despertara la esperanza del paciente. Incluso cuando el brujo no tenía ningún remedio, siempre podía sacarse un as de la manga: los bailes, los tambores y unos conjuros conseguían también buenos resultados. A lo largo del proceso evolutivo se han ido formando en el cerebro diferentes áreas sensibles a estas prácticas de magia médica. Hoy se ha comprobado su existencia gracias a las resonancias. «La gente se siente más esperanzada cuando llega a la consulta del médico, igual que cuando brilla el sol o cuando se acerca el fin de semana», explican los investigadores británicos Nicholas Humphrey y John Skoyles.
La fe también ayuda. Un estudio de la Universidad de Duke, en Carolina del Norte (Estados Unidos), sobre casi 4000 ancianos concluye que las personas que rezan tienen vidas más longevas. También son importantes los vínculos sociales. La psicóloga Julianne Holt-Lundstand ha analizado los datos de más de 300.000 personas. Su conclusión: el índice de supervivencia de las personas bien integradas en su comunidad es un 50 por ciento más elevado. Estar solo es tan perjudicial como fumar.Una clínica de Hamburgo ha estado aplicando la 'terapia del esparadrapo' a enfermos con dolores crónicos de espalda. Un médico pega con esparadrapo en las lumbares un tubo unido a una botella de perfusión e informa al paciente de que se trata de un analgésico muy potente. Al cabo de un cuarto de hora retiran el esparadrapo y lo dejan marchar. Cuando vuelven a revisión, la mayoría asegura que sus dolores se han reducido. Entonces, le explican que la mejoría deben agradecerla al poder curativo de sus mentes, ya que la botella solo contiene suero salino. Es el propio paciente el que fabrica el analgésico que le alivia, segregando endorfinas, un opioide orgánico.
El pensamiento positivo y la meditación producen una mejoría más clara si el paciente recibe, además, un tratamiento contrastado o un fármaco eficaz. Y a la inversa, el desánimo y las expectativas negativas pueden arruinar los efectos de una medicina. El cerebro del paciente reacciona a todo lo que el doctor dice. Y también es hipersensible a las señales no verbales. Una duda, una mala cara, información poco clara y en jerga técnica pueden ser casi tan perjudiciales como una infección. Por el contrario, una sonrisa, palabras sencillas, confianza, son herramientas curativas. Incluso en intervenciones a corazón abierto, la confianza del paciente desempeña un papel decisivo. Y científicos estadounidenses han comprobado que las técnicas de meditación ayudan a prevenir infartos y accidentes cardiovasculares en personas con el colesterol alto.
Los anestesistas de la clínica universitaria de Regensburg (Alemania) intentan calmar la ansiedad de los pacientes recurriendo a estas técnicas. «Un accidentado, una parturienta y cualquier persona que entra a un quirófano se encuentra en estado de trance explica el doctor Ernil Hansen a Der Spiegel. Son muy sensibles a las sugestiones negativas y caen en el pesimismo». Lo que un paciente ve antes de su operación también suele ser bastante desagradable. Rejillas de ventilación, lámparas cegadoras, personas con mascarillas... «Aquí hemos optado por pegar en el techo pósteres de destinos turísticos, saludar a los pacientes antes de ponernos la mascarilla y dejar que sostengan la máscara respiratoria para que se familiaricen con ella».
Cómo sanan los pensamientos
1. En el lóbulo temporal, la amígdala procesa las percepciones sensoriales y les asocia una etiqueta emocional. Si esas percepciones apuntan a un peligro, induce a través del hipotálamo la liberación de la hormona del estrés. Surge así la sensación de ansiedad.
2. A continuación, el impulso recibido por la amígdala vuelve a ser analizado en el córtex prefrontal, valorado y, si es necesario, corregido. De esta manera se evitan sobrerreacciones y se atenúan los ataques de ansiedad.
3. La influencia del córtex prefrontal sobre la amígdala puede fortalecerse a través de la meditación. La persona acaba reaccionando con más calma a los estímulos externos. Se vuelve menos propensa al estrés y a las reacciones exageradas de ansiedad.
4. Los sentimientos y estados de ánimo pueden actuar sobre todo el organismo, pues el cerebro está conectado con el resto del cuerpo a través de fibras nerviosas. El nervio vago está considerado uno de los principales enlaces entre mente y cuerpo.
5. El nervio vago es parte del sistema parasimpático, o 'sistema de la calma', responsable del sosiego, la relajación y la regeneración. Su contraparte, el simpático, pone el cuerpo en tensión, acelera el pulso y la respiración y descarga adrenalina.
6. El vago, por su parte, se encarga de ralentizar la frecuencia cardiaca y se ocupa de la peristalsis, es decir, del avance de los alimentos a lo largo del sistema digestivo. También produce la secreción de enzimas digestivas y contrae los bronquios.
7. Nuevos estudios apuntan a que es posible influir voluntariamente sobre el nervio vago a través de la meditación.Un tono más elevado podría reforzar el efecto tranquilizador del parasimpático y de este modo influir positivamente sobre el organismo.
8. El vago forma parte de un gigantesco sistema de comunicación compuesto por miles de millones de neuronas, células nerviosas con multitud de prolongaciones similares a tentáculos.
9. Cada neurona está conectada a otras células nerviosas mediante un millar de sinapsis. La longitud total de las células nerviosas del ser humano sumadas equivale a la distancia de la Tierra a la Luna, de ida y vuelta...
Escuelas de relajación... y qué curan
-Meditación trascendental. Hay muchas técnicas, aunque los médicos suelen prescribir la Reducción del Estrés Basada en la Atención Plena. Proviene del budismo, aunque no tiene naturaleza religiosa. Puede describirse como una atención desapasionada e intensa a las sensaciones físicas, percepciones y pensamientos, pero sin hacer juicios de valor. Es eficaz contra la ansiedad, la depresión y los dolores. La presión sanguínea baja.
-Zen. Un estudio del Hospital Quirón de Zaragoza ha probado cómo esta meditación aumenta la plasticidad cerebral, mejora la coordinación entre las neuronas y altera los circuitos cerebrales, induciendo a mejoras permanentes. Disminuye a su vez la actividad metabólica neuronal y aumenta la inmunidad.
-Chi kung. Un trabajo de los profesores María D. Flores Bienert, Gregorio V. Nicolás y Manuel G. López, de la Universidad de Murcia, estudió a 458 empleados públicos con alto nivel de estrés laboral y los sometió a un tratamiento de formación teórico-práctico de un mes basado en esta técnica relacionada con la medicina china tradicional. Los trabajadores experimentaron una mejora sustancial de los niveles de ansiedad, volviendo a cifras de la población sana.
-Hatha yoga. Un estudio de la Universidad del Estado de California, en Los Ángeles, demostró que la práctica del yoga intensifica la densidad de los huesos vertebrales. Su capacidad para bajar los niveles de la hormona del estrés y el cortisol ayuda a conservar el calcio de los huesos y contribuye a alcanzar la relajación muscular y a bajar el ritmo respiratorio, favoreciendo así entrar en estados mentales más serenos y tranquilos.
-Taichí. Científicos de la Universidad del Sur de Florida y de la de Fudan, en Shanghai, verificaron aumentos en el volumen cerebral y mejoras en las pruebas de memoria y pensamiento en ancianos chinos que practicaban taichi chuan tres veces a la semana, según informa un artículo publicado en el Journal of Alzheimers Disease.



viernes, 4 de octubre de 2013

MANO A MANO ENTRE MARINA Y ROJAS MARCOS


 

“El optimismo aún no está aceptado en España, se piensa que es de ingenuos”

La fuerza de la dialéctica. José Antonio Marina y el doctor Luis Rojas Marcos, dos de los grandes pensadores de España (en la        acepción más amplia del término; uno de ellos filósofo, el otro, psiquiatra) se reunieron ayer en la Casa de América en un acto presentado por el periodista Javier del Pino para tomarle el pulso al buen o mal humor de un país, el nuestro, que no ha tenido últimamente muchos motivos para sonreír.

Con motivo de la celebración del Día Mundial de la Sonrisa promovido por Danone, ambos conferenciantes recordaron la importancia del mero acto de sonreír, no únicamente “como expresión dirigida a otra persona, para decirle ‘no tengas miedo, quiero conectar contigo’”, como recordaba Marina, sino también como forma de comunicarnos con nosotros mismos.  “Cuando yo sonrío, expreso mi bienestar, pero también aumento mi bienestar”.

Como han demostrado diversas investigaciones, sonreír nos ayuda a sentirnos más cómodos, a  ser más agradables con los demás, a conseguir con mayor facilidad nuestros objetivos. Lo fisiológico y lo mental están mucho más relacionados de lo que pensamos: como recuerda el filósofo, intenta ponerte un lápiz en la boca para forzar una sonrisa cuando estás enfadado.

 Los imperativos del pesimismo

Vivimos en la cultura del gesto hosco, recuerda el autor de El aprendizaje de la creatividad (Ariel), y por eso debemos reivindicar una cultura de la sonrisa. A pesar de que ramificaciones de la psicología como el conductismo o la psicología positiva, propiamente americanas, han demostrado la importancia del optimismo, el pesimismo sigue siendo un valor vigente, especialmente en el Viejo Continente.

En Europa y España somos más pesimistas que en Estados Unidos“ En  España, el pesimismo tiene un gran prestigio intelectual”, recuerda Marina, “pero todos los que han conseguido cosas han sido optimistas”. Mientras que en Europa el gran referente en el estudio de nuestras emociones es “un cenizo como Sigmund Freud”, al otro lado del charco el enfoque es mucho más positivo, con personajes como el conductista John B. Watson, aquel que dijera “dadme un niño y lo adiestraré para que sea un especialista en la materia que yo escoja (médico, abogado, ladrón o mendigo) independientemente de su talento, inclinaciones, tendencias, aptitudes, etc”.

Rojas Marcos recuerda que “el optimismo en España no está aceptado”, al contrario de lo que ocurre en otros países como Estados Unidos, donde la sonrisa y el optimismo “están glorificados”. Buena muestra de ello son, por ejemplo, las entrevistas de trabajo. “Nunca digas allí que eres realista, no digamos ya  pesimista”, explica el psiquiatra. Sin embargo, aquí nadie se describiría como un optimista en nuestro país.

Cuando el pensamiento automático acaba con nosotros

Rojas Marcos cuenta a tal respecto una ilustrativa anécdota. En un viaje transoceánico en avión, su vecina de asiento interrogó al doctor sobre su motivo de su viaje. El psiquiatra le respondió que iba a dar una charla, a lo que ella, automáticamente replicó “pues España está muy mal”. Rojas Marcos le pregunta que por qué, y ella responde que “porque estamos rodeados de maltratadores y terroristas”.

Si creemos que nuestro jefe nos trata mal, pensaremos que no pasa nada si nos llevamos algo de la oficina La siguiente pregunta del psiquiatra del Consejo de Medicina del Estado de Nueva York era lógica: “¿tiene algún vecino que sea maltratador?”  La mujer se puso a pensar y dijo, claro, que no. “¿Y terrorista?” Obviamente, tampoco.   Es una muestra de ese “pensamiento automático”, como lo denomina el autor de La fuerza del optimismo (Punto de lectura), que nos lleva a darle más importancia a las lejanas amenazas que a las cosas positivas que nos rodean.

Un mal del que parece estar aquejada toda España. Como recuerda Marina, “pensar que todo va mal genera un sistema de excusas tremendo” que conduce, por ejemplo, a la corrupción. “Si creemos que nuestro jefe nos trata mal, pensaremos que no pasa nada si nos llevamos algo de la oficina”. La sociedad y cultura que nos rodean influye mucho en nuestra percepción de las cosas: en las novelas de caballería era habitual que el héroe llorase como una magdalena porque era algo no sólo permisible, sino también positivo. Hoy en día, llorar en público es una señal de debilidad.

Estamos mejor de lo que pensamos

Un curioso y barato experimento social realizado entre el auditorio ilustra bien lo importante que resultan tanto la subjetividad como el contexto social en la percepción de nuestra propia felicidad. Rojas Marcos pide que levanten la mano aquellos que darían a su felicidad una nota de un 6 o más, algo que hace alrededor del 90% del auditorio, una mayoría casi unánime. Y, sin embargo, tendemos a valorar la felicidad de los demás de manera inferior a la que realmente les corresponde.

Nos pasamos la vida echando en falta algo o lamentando lo que hemos perdido Paradójicamente, “pensamos que somos más felices que los demás” (aunque nos pasemos todo el día quejándonos). El psiquiatra recuerda que nuestro organismo, salvo en algunos casos, está preparado para  ser optimistas y pensar que somos felices: “La mayor parte de personas se encuentran razonablemente bien”.

La excepción es, por ejemplo, lo que Marina denomina “el niño que nunca sonríe”, aquel que interpreta todo de manera negativa: “No es tan fácil aprender a disfrutar de las cosas, nos pasamos la vida echando en falta algo o lamentando lo que hemos perdido. El presente se devalúa”.

La falsa sonrisa de los políticos

Del Pino plantea una última y polémica pregunta a los ponentes: ¿cómo sonríen los políticos españoles, como es el caso de Mariano Rajoy, descrito hace un par de años por The Economist como “la pesadilla de los asesores de imagen”. Marina reconoce que “la sonrisa es bastante forzada” entre nuestros mandatarios, a diferencia de lo que ocurre en el extranjero. “No dominan el terreno de la imagen como sí lo hacen en otros países”.

Sólo en España existe el concepto de 'vergüenza ajena' Entre otras razones, porque en España aún mantenemos “un sentido del ridículo feroz”, ya que aún nos sentimos inseguros en nuestras relaciones con los demás. Por ello, indica Marina, el español es el único idioma en el que existe un término (“vergüenza ajena” o “Spanish shame”) que sirve para denominar al apuro que pasamos cuando observamos a otras personas comportarse de manera que consideramos ridícula.

Reírnos de nosotros mismos, pues, quizá sería lo más apropiado. O, mejor dicho, sonreírnos a nosotros mismos, porque como afirmaba Freud, “la risa es muy agresiva”. Sin embargo, el sentido del humor es mucho más compasivo. Marina define el buen humor como “la propensión a dar respuestas agradables a los estímulos recibidos”. Es decir, como explica Rojas Marcos mediante una anécdota, la diferencia entre decir “has debido tener un mal día” o “eres inaguantable y no tienes remedio” ante un comentario desafortunado de la pareja.

 Elconfidencial

Y NO, NO ES POR DORMIR POCO


 
La peor epidemia de hoy día: la razón por la que vivimos constantemente cansados

Si nos plantamos en cualquiera de las grandes capitales mundiales (o españolas) a primera hora de la mañana (o a última de la noche), y por una vez dedicamos más de cinco segundos a observar a los que nos rodean, nos daremos cuenta de que la estampa se parece más de lo que sospechamos a The Walking Dead. Y no únicamente porque la atención de todos los zombis modernos esté centrada en las pantallas de sus aparatos de última generación, sino porque entre bostezos, frotar de ojos y estirones, parece que la población se encuentra constantemente cansada.

¿Qué está ocurriendo con nosotros? A mediados de los años ochenta comenzó a denominarse “la gripe del yuppie” a lo que posteriormente sería conocido como el síndrome de fatiga crónica. A fin de cuentas, la epidemia comenzó afectando a los jóvenes trabajadores de alto nivel económico de entre 20 y 40 años (ejecutivos, trabajadores de Wall Street), permanentemente agotados por el estrés, pero ahora parece afectar en mayor o menos medida a la mayor parte de la población.

Si bien se trata de una condición médica muy concreta (su prevalencia no supera el 3%), gran parte de sus síntomas (problemas de sueño, falta de concentración, cansancio y dolor muscular) son compartidos por un gran número de ciudadanos del siglo XXI. En muchos casos, dichos síntomas son sospechosamente parecidos a los que padecen las víctimas de estrés post traumático que aparece después de un acontecimiento trágico, pero sin este. ¿De qué manera nos estamos torturando a nosotros mismos?

Dormir poco no es el problema

La mayor parte de personas acusan a la falta de sueño como el origen de ese cansancio. Entre otras razones, porque muchos comprueban cómo los fines de semana, cuando se puede pasar más tiempo en la cama, esa sensación se releja o desaparece. Y, si bien en casos extremos (un sueño regular inferior a las seis horas) puede ser altamente perjudicial, existen multitud de factores que acaban poco a poco con nuestra salud y que básicamente consisten en que, debido a que necesitamos estar constantemente alerta ante la gran cantidad de estímulos que reclaman nuestra atención, al final somos incapaces de entender nada de lo que nos rodea.

El problema no es que no durmamos ocho horas, sino que la calidad del sueño es malaEs el llamado estado de “híperexcitación”. Según el doctor Bruce Perry, experto en estrés postraumático, hay diversas características que definen dicho estado: la sobrevigilancia, la irritabilidad y los ataques de ira, la dificultad a la hora de concentrarse, la pérdida de la noción del tiempo y la imposibilidad de realizar razonamientos abstractos. Seguramente, muchos se sentirán identificados con dichos problemas, que se originan por nuestro estresante modo de vida.

En su libro Tired but Wired: How to Overcome Your Sleep Problems: the Essential Sleep Toolkit (Souvenir Press), Nerina Ramlakhan resumía gran parte de esa problemática, que no consiste en que durmamos poco sino que no gozamos de un sueño reparador. Según dicho volumen, el problema no es que no alcancemos la recomendable marca de las ocho horas de sueño, sino que cuando nos acostamos seguimos dándole vueltas a la cabeza. Como indica la autora, “sentimos miedo de dejar de hacer cosas”.

Nos quedamos atrapados en ese sueño ligero en el que nos despertamos con frecuencia y, como ha explicado la ciencia en repetidas ocasiones, es a través del sueño profundo como consolidamos lo que hemos aprendido, y no durante la fase REM. Por eso, a veces sentimos que nos resulta más sencillo recordar lo que hicimos hace tres años que el día inmediatamente anterior, puesto que nuestro cerebro no ha sido capaz de afianzar lo aprendido.

Trucos para descansar de verdad

Hay diversos comportamientos que podemos llevar a cabo para evitar dichos problemas sin tener que recurrir a la consabida meditación u otra clase de ejercicios espirituales. A veces, es tan sencillo como evitar estar pendientes del teléfono móvil durante las últimas previas a meterse en la cama. En la mayor parte de los casos no ocurrirá nada tan urgente como para obligarnos a revisar el correo electrónico cada veinte minutos.

Utilizar el móvil o la tablet en la cama es altamente contraproducente Son incontables los estudios que recuerdan lo poco aconsejable que resulta utilizar el ordenador inmediatamente antes de dormir. Incluso el célebre doctor Eduard Estivill ha recordado que “mucha gente utiliza el teléfono móvil justo antes de dormir o apaga el ordenador justo antes de acostarse y esas actitudes causan el mal dormir en gran medida”.

La luz emitida por dichos artefactos provoca que el cuerpo genere la hormona llamada melatonina, producida en teoría como reacción a la luz solar, que hace que nuestro cuerpo considere que aún es de día. Es la oscuridad lo que ralentiza la generación de dicha hormona y lo que produce la somnolencia, por lo que leer una tablet o en un móvil en la cama impide nuestro correcto descanso.

Cafeína, estrés y multitasking

Al mismo tiempo que nuestros cuerpos son confundidos por la melatonina, no dejamos de producir adrenalina u hormona del estrés, y de ahí ese estado de nerviosismo y alerta permanente. Dicho estado, que aparece en esos momentos de “luchar o huir” (o “flight or flight”, como se llama en inglés) en los que nuestro instinto de supervivencia nos obliga a tomar rápidamente decisiones que ponen de inmediato en marcha todo nuestro sistema, oculta –e incluso agrava– el cansancio real que siente nuestro organismo.

La memoria de trabajo funciona perfectamente, pero la memoria a largo plazo se ralentiza Como aquellos que sufren la enfermedad conocida como CIPA (insensibilidad congénita al dolor con anhidrosis, que impide sentir dolor, lo que provoca graves lesiones), seguimos cansando nuestro organismo pero ocultando dicha sensación a base de bebidas, pastillas y esfuerzo. La cafeína tiene mucho que ver con dicha situación, puesto que estimula nuestra actividad pero nos aparta de la concentración, pero también la adictiva dopamina (la hormona del bienestar) que se libera cada vez que recibimos respuesta en una red social. Como señalan los expertos, se trata de una situación idónea para responder a amenazas, como si fuésemos animales asustados, o para realizar tareas automáticas y que requieren poca reflexión, pero que impiden llevar a cabo un pensamiento más complejo.

Es lo que se conoce como “sueño local”: debido a que ciertas regiones de nuestro cerebro relacionadas con las respuestas rápidas y mecánicas se encuentran continuamente estimuladas, hay otras que deben descansar o de lo contrario nuestros circuitos se sobrecargarían. Por lo general, son las zonas relacionadas con el pensamiento abstracto y complejo las que se caen en este profundo sueño. De esa manera, y como si fuésemos el protagonista de Memento (Christopher Nolan, 2000) la memoria de trabajo funciona perfectamente, pero la memoria a largo plazo se ralentiza.

¿Cuál es el último escollo en nuestro camino para acabar con el cansancio perenne? Lo que los psicólogos y neurólogos como Linda Stone denominan CPA o continuous partial attention (“atención partical continua”), primo hermano del célebre “multitasking” que denunciase Nicholas Carr en Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? (Taurus). Debido a que tenemos nuestra atención dividida en diferentes asuntos, no somos capaces de profundizar en ninguno de ellos.

En palabras del psicólogo Steven Berlin Johnson, nuestra vida “a menudo implica echar un vistazo por encima a toda la información recibida, coger los detalles relevantes y moverse a la siguiente corriente. Prestas atención, pero sólo de manera parcial. Eso te ayuda a tener una red más grande, pero también tiene el riesgo de impedir que llegues a conocer de verdad lo que hay en ella”. Paradójicamente, la tecnología que nos ha llevado al nivel más lejano de evolución, es la misma que nos hace comportarnos como animales aterrorizados.
Elconfidencial
 

Encuentra tu pasión


 

Nos han metido en la cabeza que cada persona “nace” con una serie de aptitudes inamovibles y que solo vamos a desarrollar una actividad con pasión en la vida. A nuestro alrededor todos nos catalogan con una idea rígida sobre lo que hacemos y nos dedicamos, como si no pudiéramos evolucionar y mejorar. Reinvéntate y encuentra tu pasión!

Lo cierto es que la pasión de cada uno no es fija sino que puede ser creada… y nos podemos reinventar totalmente en una forma en la que no nos podríamos haber imaginado.

Incluso es posible convertir actividades que tenemos que hacer, en una pasión.

¿Qué podría ser mejor que convertir una actividad que tenemos que hacer, en una pasión?

Convertir lo que hemos elegido en lo que realmente queremos, nos acerca a la felicidad de una forma directa.

Estudiar, trabajar, aprender algo, todo tiene el potencial de convertirse en algo creativo y que podemos reconvertir en una pasión.

Convertir una actividad cualquiera en una pasión, equivale a dejar de verlo todo como blanco y negro para pasar a verlo en color.

Sal ahí afuera y encuentra tu pasión!

1. Conviértelo en un juego

Define tu mismo tus reglas, tus objetivos, y la forma de conseguirlo.

Cuando convertimos una obligación en una actividad en la que definimos parte de las reglas, la mente entra en flujo creativo y disfrutamos en el proceso.

2. Sé curioso

Olvida ideas preconcebidas y piensa en la tarea como si fuera la primera vez.

Analiza, aprende, pregunta, afróntalo como si fueras nuevo y te lo preguntaras todo.

La curiosidad es básica para disfrutar y crear una pasión.

3. Ponte objetivos

Otros nos pueden imponer el objetivo final, pero nosotros mismos podemos definir objetivos intermedios.

Hay que poner orden en las fechas de cada tarea y usar técnicas para ser productivo.

Tenemos que intentar que nosotros controlemos el proceso todo lo que podamos. Hacernos dueños y responsables, cuanto más, mejor.

Incluso las tareas más rutinarias y aburridas se pueden convertir en interesantes definiendo estos objetivos.

La sensación de ir cumpliendo paso a paso cada subtarea, es una potente forma de motivarnos y empujarnos hacia delante.

 4. Sé tú mismo

Deja tu huella en lo que haces. Usa tu carácter, expresión y tu sello particular.

Haz que cualquier tarea se convierta en una oportunidad de dejar tu expresión personal, tu código.

5. Focaliza

No conviene enfocarse en demasiadas actividades. Yo hace años hacía al menos diez actividades a las que consideraba igualmente importantes para mi.

Quien mucho abarca, poco aprieta. No puede ser más válido.

No es posible profundizar de igual forma enfocándonos en diez actividades que haciéndolo con una.

Ten presente tu planificación de lo que quieres conseguir, pero enfócate al corto plazo, al presente.

6. Simplifica

Unido al punto anterior, elimina de tu vida las actividades en las que no te puedes centrar, pero que te causa malestar o frustración el hecho de no poder hacerlas.

Es mejor hacerlo todo con intensidad. Y si no es posible, trata de eliminar esa tarea.

6. Reinventa tus talentos

Los talentos que ya poseemos se pueden usar en distintas actividades.

Una persona con dotes artísticas puede usar su creatividad para solucionar problemas complejos en la empresa.

Igualmente tus cualidades por dispares que parezcan, pueden encajar en muchos aspectos de tu actividad laboral.

¿Has pensado cómo puedes aprovechar tus talentos para actividades distintas?

7. Reprograma la frustración

A veces nos damos cuenta que la tarea es demasiado grande, o que no estamos lo suficientemente preparados.

Para, descansa y analiza. Desarrolla habilidades, estudia y conoce la tarea a fondo.

Comienza probando poco a poco de forma que la frustración inicial no arruine la experiencia.

Cuidado con las obligaciones: si dejas que una tarea que te gusta se convierta en obligación, dejará de ser una pasión.

8. Rodéate de la gente adecuada

La energía que proporcionan otras personas al contagiar su entusiasmo es una enorme ayuda.

No solo hay que rodearse de la gente adecuada, sino que también hay que vigilar no se nos acerquen los del polo opuesto: los vampiros de energía.

 9. Fórmate

Aprende todo lo que puedas sobre esa materia, intenta conocer todos los detalles, leer y copiar de otros que lo han hecho antes que tú.

Saca lo mejor de los ejemplos que veas e incorpóralos a tu repertorio.

No dudes en robar ideas, pero ponles tu sello y hazlas tuyas.

10. Confianza

Para actuar con pasión hace falta confianza. Confía en tus posibilidades incluso aunque lleguen hasta lugares desconocidos.

Usa la visualización creativa para programar tu subconsciente.


 

miércoles, 2 de octubre de 2013

Boris Cyrulnik, padre de la resilIencia


 

Las claves para superar las adversidades del psiquiatra víctima del Holocausto nazi

La divulgación científica y la autoayuda no tienen por qué ir en detrimento del rigor. Lo corrobora Sálvate, la vida te espera (Debate), una obra que ya forma parte de esa minoría de ensayos que, a pesar de estar destinados a un público generalista, se convierten en un manual de referencia en sus respectivas disciplinas casi al instante de su publicación. La autoría corresponde al afamado neuropsiquiatra Boris Cyrulnik (Los patitos feos o Morirse de vergüenza, también editados en España por Debate), o lo que es lo mismo, el padre de la resiliencia, y bien es cierto que su autoridad académica en la materia ha ayudado a que la comunidad científica apenas aguardase para encumbrar su última obra. Pero los elogios no previenen sólo de psicólogos, psiquiatras y neurólogos, sino también del público, el verdadero responsable de que el título original, Sauve-toi, la vie t'appelle, se colase en el top 50 de las obras más vendidas en Francia durante el pasado año (la tercera en el género de ensayo).

La biografía de Cyrulnik, como éste no duda en reconocer a El Confidencial, es el pilar fundamental sobre el que se asienta toda su producción científica. El concepto de resiliencia, entendido como la capacidad para superar situaciones dolorosas y traumas saliendo fortalecido de ellos, nunca podría haberse desarrollado sin la experiencia de su conflictiva infancia. Cyrulnik es un superviviente del Holocausto nazi, pero no solo físicamente, sino también desde el plano psicológico, pues ha logrado controlar y superar las secuelas de su trauma infantil (muerte de sus padres en un campo de concentración, peregrinaje por orfanatos, persecución policial…) para salir adelante, fortalecido y triunfante.

¿Cómo? “Primero conociendo los mecanismos generales de la memoria y la representación de los recuerdos, luego identificando las vulnerabilidades particulares y, finalmente, desarrollando la capacidad para dominar las emociones negativas”, explica el neuropsiquiatra. Las miserables circunstancias vitales de este francés nacido en el seno de una familia judía en plena ocupación nazi no son comparables con las dificultades surgidas del contexto económico actual, a pesar de lo cual se han disparado las enfermedades psíquicas e, incluso, doblado el número de suicidios con respecto a la tendencia anterior al estallido de la crisis.

Educación y familia

¿Cuáles son las principales causas de que hoy en día seamos tan vulnerables ante el dolor? ¿Qué nos incapacita para no ser capaces de superar pequeños traumas, en ocasiones pasajeros, hasta llegar al punto de la desesperación y el suicidio? “Aunque existe una tasa mayor de suicidios entre los hombres que entre las mujeres, la característica común a todas estas personas es que han tenido una infancia marcada por el abandono (figurado), lo que les ha impedido desarrollar la inteligencia emocional y la capacidad para dominar sus emociones. De este modo, son mucho más sensibles y, por tanto, vulnerables a los acontecimientos traumáticos. En realidad lidian con una pequeña malformación neurológica que les impide controlar las emociones y se derrumban ante un acontecimiento vital grave, como puede ser la pérdida del trabajo o de la vivienda, así como una separación conyugal”.

La presencia parental es fundamental para el desarrollo neuronal y emocional de los niños, lo que determinará su capacidad para superar las dificultades en la edad adulta La resiliencia, advierte el académico francés, es una aptitud que debe aprenderse desde la infancia, pues los primeros meses de vida son cruciales para controlar las emociones en la etapa adulta. Por eso lamenta que las políticas educativas y las de conciliación familiar no se ajusten a esta realidad, dado que familia y escuela, las principales instituciones de socialización en la infancia, son los escenarios en los que se desarrolla la resiliencia. “La presencia parental es muy importante para el desarrollo neuronal de los bebés. Si la madre y el padre no pueden atenderlo porque tienen que trabajar, los niños no serán emocionalmente estables y tendrán más posibilidades de sufrir depresiones durante la adolescencia. Al mismo tiempo pensarán más en la idea de la muerte, una premisa previa a los suicidios”, que también han repuntado entre los jóvenes.

En lo que se refiere al segundo escenario clave de la socialización, el sistema educativo, las guarderías, e incluso los primeros cursos de Educación Infantil, son un freno para el correcto desarrollo de la resiliencia. “La edad a la que se comienza a acudir a la escuela debería retrasarse, sobre todo en el caso de los niños con una presencia parental deficiente, al menos hasta que estén bien formados emocionalmente y con unos lazos familiares fuertes y estables" que, lógicamente, no todos los niños desarrollan a la vez, matiza Cyrulnik.

La competitividad y los exámenes continuos tampoco son una buena idea para el neurólogo. “La teoría y la práctica han demostrado que si no existen notas, por lo menos hasta los 14 años, los resultados escolares son mucho mejores, además de que se evitan angustias y problemas psíquicos”. Esto es porque la angustia, el estrés y la depresión paralizan tanto las capacidades cognitivas como las emocionales.

Empoderamiento, ¿y resistencia?

La capacidad de cada uno para “salvarse y abrazar la vida” no solo está determinada por la infancia, sino que también influyen otros factores socioculturales, además de las características del trauma al que nos enfrentemos, que facilitarán o dificultarán la resiliencia. “Somos seres sociales y el conflicto individual puede surgir de la confrontación con ciertos aspectos socioculturales. Si estos se afrontan de manera colectiva y desde la positividad, la resiliencia será de mejor calidad”, lo que entronca con el concepto de empoderamiento. Un proceso clave para impulsar cambios positivos en nuestro entorno y fomentar la confianza en nuestras propias capacidades.

Familia y escuela, las principales instituciones de socialización en la infancia, son los escenarios en los que se desarrolla la resilienciaEmpoderamiento y resiliencia, dos aptitudes fundamentales para alcanzar el bienestar integral, forman parte de la encrucijada terminológica y multidisciplinar que tanto caracteriza los planteamientos teóricos de Cyrulnik para afrontar la etiología de los problemas psíquicos. No tanto el concepto de resistencia, que alguno de sus discípulos y colegas han definido como un factor previo imprescindible para navegar exitosamente sobre las dificultades vitales. “Para mí no es imprescindible porque puedes contar con una capacidad de resistencia excelente y, al mismo tiempo, tener una mala resiliencia”, apunta.

Para explicar su oposición, clave para la configuración de las estrategias utilizadas en tratamiento clínico, el autor pone como ejemplo varios estudios centrados en soldados retirados del ejército tras participar en operaciones bélicas. “Muchos de los que sintieron pánico y se derrumbaron durante el conflicto, y por tanto no presentaron una gran resistencia, luego tuvieron una resiliencia mejor los soldados más bravos y valientes”. La verdadera diferencia, dice, para que unos soldados se traumatizasen durante el resto de sus vidas y otros no, reside en los lazos sociales, el cariño del entorno y las habilidades emocionales cultivadas antes de la guerra.

Soledad y abandono, los obstáculos infraqueables

Nada será posible sin el apoyo del entorno, principalmente de la familia y seres queridos, insiste Cyrulnik, pero también de aquellas personas de nuestra “área de proximidad”, como los amigos, los compañeros de trabajo o los vecinos. El papel central que juega la presencia y ayuda de las personas próximas en la superación de los traumas, explica que los golpes más difíciles de sobrellevar sean los que provienen de este entorno.

“Cuando quien supuestamente te protege, ya sean tus padres, tu pareja o tu Estado, es el mismo que te agrede, la resiliencia será mucho más difícil”, por lo que habrá que ir a la raíz del problema para llegar a comprenderlo y manejarlo en sus respectivos parámetros, matiza el autor. Es por ello que las víctimas de violencia de género son las más desprotegidas y las que cuentan con menos recursos propios para salir adelante: su salvador potencial se convierte en su verdugo.

Desde la soledad no hay ningún tipo de salida posible, “sólo nos dejaremos llevar por automatismos negativos”, pues sin comunicación no podremos reconocer las vulnerabilidades ni potenciar las habilidades sociales como la empatía o la confianza en uno mismo. Todas ellas características claves para superar situaciones difíciles. 

 Elconfidencial