domingo, 20 de octubre de 2013

MINDFULNESS, RENDIMIENTO Y EL ENTORNO EMPRESARIAL



Desde el comienzo del nuevo milenio, los programas de formación con contenidos y formatos tradicionales están dejando paso a la irrupción de programas de entrenamiento, con perspectivas diferentes y novedosas, en el ámbito empresarial. Aunque es cierto, que no en la cantidad, ritmo y velocidad que sería deseable para aquellos que pensamos que un cambio de perspectiva, incluso de paradigma, en el entorno empresarial se hace imprescindible.
Cabe destacar entre ellos, los programas corporativos de Mindfulness para Líderes que están emergiendo en el momento actual. Pacific Investment Management Co, Apple Computer, Yahoo!, Texas Instruments, Nortel Networks y Google son ejemplos de grandes empresas que han institucionalizado programas de entrenamiento en Mindfulness dentro de las mismas.
Una de las razones para que esto este sucediendo es la gran cantidad de estudios y publicaciones en revistas de alto impacto que se están llevando a cabo.  Las investigaciones sobre Mindfulness en el contexto empresarial han mostrado que el incremento de la atención plena se asocia a una mayor creatividad y un descenso en el burn out, entre otras muchos beneficios.
Es sabido por casi todo el mundo, que la multitarea, tan alabada en estos entornos, reduce la productividad desde un 20% hasta un 40%. Por el contrario, la práctica de Mindfulness incrementa la productividad.
Un estudio dirigido desde la Universidad de Pensilvania en el año 2010, en la revista Emotion, con militares sometidos a gran nivel de estrés, mostró una relación positiva entre el entrenamiento en mindfulness y mejoras en el estado de ánimo y la memoria de trabajo (Término cognitivo que engloba el pensamiento complejo, la toma de decisiones y el control cognitivo de las emociones). En esta relación se observo que a mayor tiempo dedicado a la práctica diaria se conseguían mayores mejorías en el ánimo y la memoria de trabajo. El estudio también sugiere que la práctica de del entrenamiento en mindfulness protegería de las alteraciones cognitivas derivadas del situaciones de alto estrés.
En las escuelas de negocios y en cursos de educación para ejecutivos se están ofreciendo también técnicas de mindfulness para aumentar el nivel de concentración y relajar la mente.
En la escuela de negocios IMD en Lausanne el profesor Ben Bryant les enseña técnicas de concentración en la respiración, y para ser conscientes de los sonidos y las sensaciones, pues dice que les ayuda a centrarse en la oficina o en reuniones de negocio. En palabras del profesor: “Las vidas de los CEO están tan ocupadas y sobrecargadas que pierden muchísimas oportunidades para cambiarse a ellos mismos o a sus organizaciones”.
Jeremy Hunter, que enseña en la Peter F. Drucker and Masatoshi Ito Graduate School of Management en Claremont Graduate University a las afueras de Los Ángeles, cree que mindfulness debería estar en el centro de las enseñanzas de las escuelas de negocio. Su argumentación refleja la importancia de la atención en los lugares de trabajo actuales, y esta calidad de la atención es la clave de la productividad. Practicar mindfulness es mejorar la calidad de la atención, es atención plena.
En la Universidad de Harvard el profesor de liderazgo William George está enfocado en ayudar a las personas del entorno empresarial a conocer sus emociones. Dirige unas conferencias-jornadas intensivas de 2 días de duración con uno maestro budista, y en sus clases de liderazgo para ejecutivos les enseña a abrirse a sus experiencias más difíciles, al autoconocimiento, fundamental para el buen liderazgo. Según su opinión, no es la falta de inteligencia la que hace tomar decisiones erróneas, es la falta de conciencia de los sentimientos que nos llevan a las reacciones. Para él, es sorprendente ver como ejecutivos que dirigen empresas inmensas, con 40 – 50 años de edad, se involucran de verdad en estas experiencias.
Es un nuevo camino, una perspectiva diferente. Aquellos que se dan la oportunidad descubren la gran importancia que tiene para ellos, y para su entorno, esta “nueva” manera de entrenar la mente; y las oportunidades que se abren ante este nuevo horizonte que se vislumbra en la mentalidad de las grandes empresas.


El síndrome del trabajador quemado (Burnout), el mal del siglo



Competencia, competitividad, eficacia y productividad son las palabras clave de las sociedades modernas, que se encuentran inmersas en el torbellino de la producción masiva, las tecnologías eficientes, la omnipresente informática y la obsesión de ganar más.

Tal frenesí colectivo tiene sus consecuencias en la salud de las personas, como el cansancio extremo, tanto nervioso como psíquico, del cual no hemos hecho más que empezar a tomar conciencia.

Y es que llevamos un tiempo viendo cómo una especie de “enfermedad del trabajo” se extiende en las empresas, y los primeros en sufrirla son, evidentemente, los más aplicados, los que más responsabilidades tienen y los que más se preocupan de hacer bien las cosas, así como los más sensibles.

Esta situación puede llegar a minar completamente sus defensas orgánicas, de manera que sufren un estado de agotamiento emocional que los estadounidenses denominan Burnout (que se podría traducir como “quemarse”, “consumirse” o “apagarse”).

El hombre de Cromagnon frente al ordenador

El drama del hombre moderno es que su cerebro y su sistema nervioso apenas se han modificado en los últimos cinco milenios, como sin duda tampoco lo han hecho en los últimos dos siglos. No obstante, ¿tienen algo en común el trabajo que desempeñaban nuestros antepasados campesinos de 1813 y el que llevan a cabo sus descendientes de 2013 frente al ordenador? “El hombre es un extraño en el mundo que ha creado”, ya afirmaba a comienzos del siglo pasado Alexis Carrel (Premio Nobel de Medicina en 1910), quien aun no conocía la televisión, los ordenadores ni los teléfonos móviles.

¿Qué diría entonces Carrel hoy, ya en el siglo XXI? Insistiría en su afirmación con mayor convicción aún. Todos valoramos la eficacia de los medios de comunicación modernos, pero nos olvidamos de que aumentan considerablemente la presión mental que ejercen sobre cada individuo.

Hoy en día, en su trabajo le será prácticamente imposible escapar de las múltiples demandas que le desconcentrarán de improviso y le obligarán a pensar en mil cosas a la vez. Como consecuencia de esa presión, se le olvidarán algunas cosas, por lo que se sentirá aún más estresado, sufrirá ansiedad cuando cometa un error y le abordará un siniestro sentimiento de culpabilidad que terminará por agotar de manera prematura su sistema nervioso.

Si usted es joven y su salud es buena, lo llevará más o menos bien, pero a medida que vaya cumpliendo años le será cada vez más difícil aguantar. Y sin embargo, las actuales condiciones económicas y sociales (la globalización, el aumento de la esperanza de vida y el consiguiente envejecimiento de la población, etc.) conducen de forma inexorable a retrasar la edad de jubilación. ¿Cómo es posible entonces llegar a conciliar ambos imperativos contrapuestos? Pero ese agotamiento nervioso prematuro choca con la necesidad de trabajar durante más años.

Las empresas, entre la espada y la pared

El síndrome de Burnout será el mayor problema al que se enfrenten las empresas en relación a sus trabajadores de aquí a 20 años, como ya empieza a serlo. Y para la Seguridad Social, que ya está bastante “tocada”, significarán más costes a consecuencia de las bajas laborales que tendrá que asumir.

Algunas empresas ya están haciendo frente al problema, aunque son mayoría las que o bien no les preocupa, o lo ven como inevitable o algo fuera de su alcance o creen que es suficiente con “rejuvenecer” al personal.

El doctor François Baumann, en su obra titulada “Burn out, quand le travail rend malade”(Burnout, cuando trabajar enferma) -Éditions Josette Lyon-, escribe: “La paradoja es que la persona `quemada´ no ve con claridad las consecuencias de su estado: aún no es consciente de sufrir una patología; seguirá trabajando a un ritmo vertiginoso, incluso acelerado en comparación con el ritmo al que está acostumbrado... pero de manera ineficaz, lo cual reforzará su desmotivación general”.

Y es que es precisamente la desmotivación lo que amenaza al trabajador que sufre esta patología, el cual observa con impotencia que esforzarse más no sirve para conseguir mejores resultados, sino lo contrario. O lo que es peor, recurre a otras escapatorias: tabaco, alcohol, drogas, somníferos, antidepresivos, etc. para huir del problema sin resolverlo. De esa forma, es posible que caiga en la adicción, cuyos perjuicios se sumarán a su agotamiento, y la persona se verá atrapada en una situación insoportable de la que no podrá salir.

Un estudio llevado a cabo por el IFAS (Instituto Francés de Acción contra el Estrés) entre 13.000 encuestados puso de manifiesto que el estrés constituye hoy en día un importante elemento de riesgo para la salud en uno de cada cinco hombres y una de cada tres mujeres. Es inevitable, pues, preocuparse por la rápida y previsible evolución de los trastornos físicos (cansancio, insomnio, dolor de cabeza, mareos, trastornos musculares y digestivos…) y psíquicos (falta de entusiasmo, insatisfacción, depresión…) que lleva aparejados. Si no hacemos nada, nos expondremos a una explosión en las próximas décadas.

Todos los investigadores lo ven claro: el maravilloso desarrollo de la informática y las nuevas tecnologías ha aumentado de forma considerable la presión casi permanente sobre el sistema nervioso de los usuarios. Es el conjunto de la sociedad moderna la que sufre dicha presión, pues está sometida por completo a un tipo de “comunicación” cada vez más invasiva.

Tras lo que en principio parecía algo que proporcionaba más libertad, poco a poco se ha tornado en una suerte de esclavitud de la informática, de la que tomamos conciencia demasiado lentamente, para intentar hacerle frente antes de que los problemas de salud que genera se vuelvan catastróficos.

La multiplicación de las agresiones

La expansión de la informática no se presentó de forma inmediata como un peligro, sino todo lo contrario. La naturaleza, en cierto modo “mágica”, de las posibilidades tecnológicas que ofrecía maravilló y fascinó a todo tipo de usuarios. La facilidad de uso tras una breve formación, la rapidez y eficacia de su funcionamiento, se percibieron como un progreso de gran importancia, así como un factor decisivo para el aumento de la productividad, reforzado por una especie de “diversión”, de todo lo cual pronto tuvimos que desengañarnos.

Y es que, aunque la trinidad formada por el teclado, el ratón y la pantalla, sustituida cada vez más por las pantallas táctiles, no podría ser más atractiva (como podemos constatar, especialmente entre los adolescentes), somete a nuestros organismos de forma insidiosa a una dependencia total a la máquina, lo cual acarrea consecuencias devastadoras. Éstos son algunos de los perjuicios que provoca, y de los cuales a menudo no somos conscientes:
  1. El ordenador inmoviliza el cuerpo en una posición fija que limita el movimiento de los miembros, lo cual perjudica a los músculos, a los huesos, a la circulación de la sangre y al tránsito intestinal.
  2. El ratón deja la mano inmóvil y la obliga a realizar movimientos bruscos repetitivos y antinaturales, mientras que el teclado hipersensible, diseñado para favorecer la rapidez de los gestos, crea una fatiga neurológica constante.
  3. La pantalla “hipnotiza” literalmente la mirada, limita por completo nuestro campo de visión y restringe de forma abusiva su alcance, lo que disminuye poco a poco sus facultades de adaptación a la línea del horizonte y puede crear miopía. A todo eso se suma la permanente fatiga de los ojos, causada por la luminosidad directa.
Ni que decir tiene que todos esos perjuicios se ven agravados cuando las exigencias profesionales de cada uno requieren que las tareas se ejecuten a gran velocidad. Con lo cual, tanto nuestra mente como nuestro sistema nervioso sufren una presión psicológica intensa, lo que en casos extremos y en las personas más frágiles puede conducir a un desarreglo total del metabolismo y de las facultades de adaptación.

De hecho, si las actividades de este tipo se mantienen durante varios años, el progresivo deterioro de la salud es casi inevitable. Si el organismo es joven, puede soportar la presión y adaptarse. Sin embargo, al avanzar en los años (en torno a los 40 de media), las defensas se ven desbordadas y comienza el agotamiento nervioso.

¿Qué remedios hay?

Recurrir a los ansiolíticos y los antidepresivos es un error porque, aunque parezca que pueden ayudar de forma pasajera, puede acostumbrarse a ellos y además no resuelven el problema en absoluto. Las únicas soluciones son de dos tipos: las que dependen de la empresa en la que cada uno trabaja y las que dependen de la persona, sin excluir la interacción entre ambas, que sería lo aconsejable.

Hoy en día, es indispensable que las personas con trabajadores a su cargo entiendan que el bienestar físico y mental de éstos es la base de su productividad. La enorme presión psicológica que genera la informática y su inmediatez (sin mencionar los peligros asociados a las ondas electromagnéticas de los ordenadores y de los teléfonos móviles) hace que sea necesaria una organización funcional de los puestos y de los horarios en las empresas, para así hacer posible que cada trabajador pueda tomarse un respiro, relajarse, “recuperarse” y distanciarse de vez en cuando de la sobrecarga emocional y psicológica de su entorno.

Todos necesitamos espacio, silencio y calma. Asimismo, es indispensable que los puestos de trabajo estén adaptados desde un punto de vista ergonómico. El trabajador debe disponer del máximo confort ya que, lejos de ser un lujo, se trata de un factor fundamental para la eficiencia y la productividad, así como una buena forma de evitar el absentismo. Por tanto, tiene ventajas tanto para el trabajador como para la empresa.

En lo que se refiere al trabajador en sí, debe saber distribuir sus fuerzas, aprender a relajarse buscando la manera de hacerlo varias veces a lo largo de la jornada, y aprovechar la mínima ocasión para moverse (por ejemplo: levantándose de vez en cuando a llevar un papel en la oficina, o a recogerlo de la impresora). Lo ideal sería no permanecer sin moverse frente al ordenador más de 30 minutos. El hecho de levantarse y caminar un rato, aunque solo sea dos minutos, tiene consecuencias mucho más positivas de lo que pensamos.

Si los directivos de la empresa no son capaces de realizar las adaptaciones necesarias y si el trabajador no consigue reducir a su vez los efectos nefastos de la presión excesiva que padece, no le quedará más remedio que cambiar de vida y de trabajo. Por supuesto, del dicho al hecho hay un trecho, pero en algunas situaciones insostenibles, es la única forma de salvar nuestra salud, elemento primordial para nuestra felicidad y que nunca debe sacrificarse.

Pierre Lance
Escritor, periodista y filósofo.

DETRÁS DE UN GRAN LÍDER HAY UN GRAN EQUIPO



Lo haya creado desde la nada o evolucionado, es difícil imaginar un líder sin un gran equipo detrás. Y no sólo un equipo que le sigue, sino que siente que cuenta con su confianza, que se siente empoderado y que contribuye de forma notable al éxito tanto propio como al de su líder. Para un buen líder su éxito es el éxito de su equipo y así lo siente, lo vive y lo busca.
Para ello ha de tener una serie de cualidades entre las que está la de confiar y empoderar a su equipo. Sabe que puede haber una fase de aprendizaje y tiene claro que es una inversión que da sus réditos más pronto que tarde. Y es humilde, asume sus errores rápidamente y toma las medidas adecuadas para solucionarlos. Lo que da un ejemplo claro a su equipo y crea una cultura de aprendizaje y no de sentimiento de culpa.
Un buen líder sabe también reconocer y agradecer a su equipo la labor realizada. No porque sea lo que se espera sobra ese reconocimiento sincero por el buen desempeño y ese agradecimiento cuando alguien o todo el equipo han dado ese plus para conseguir alcanzar un reto. El reconocimiento no ha de ser muy esporádico ni muy repetitivo y sin motivo. Ha de ser sincero y en el momento oportuno. Y eso un buen líder lo sabe hacer, bien por instinto o por aprendizaje.
Otra característica importante es el saber motivar a su equipo, haciéndoles partícipes de su visión de futuro, de sus temores, de su agradecimiento y reconocimiento y dando buen feedback cuando procede, en un contexto adecuado, conciso y basado en hechos.
Y por último, todo lo anterior quedaría desvirtuado si no fuese flexible y adoptase una actitud prefijada en todas las circunstancias. Un buen líder puede moverse entre varios registros según el campo emocional de su equipo, sin perder la coherencia con sus ideas, declaraciones y compromisos. Los errores que cometen los que actúan siempre igual crean heridas en los equipos que tardan mucho en cicatrizar o nunca lo hacen.
No es fácil concentrar en un líder todas esas competencias al máximo nivel. De hecho creo que es más importante el equilibrio, con un sano interés en progresar constantemente, para lo que la ayuda de un buen coach puede ser de inestimable ayuda.


viernes, 18 de octubre de 2013

Qué es la motivación y qué podemos hacer para aumentarla todos los días



A menudo oímos lo importante que es estar motivado para lograr lo que uno se propone. Más, en tiempos de crisis, parece que hace falta doble dosis de motivación para llegar a dicho lugar tan preciado.         
La motivación es un estado interno que activa, dirige y mantiene la conducta de la persona hacia metas o fines determinados; es el impulso que mueve a la persona a realizar determinadas acciones y persistir en ellas para su culminación. La motivación es lo que le da energía y dirección a la conducta, es la causa del comportamiento.
La motivación es un proceso que pasa por varias fases. Inicialmente la persona anticipa que se va a sentir bien (o va a dejar de sentirse mal) si consigue una meta. En un segundo tiempo, se activa y empieza a hacer cosas para conseguir dicha meta. Mientras vaya caminado hacia ella, irá evaluando si va por buen camino o no, es decir, hará una retroalimentación del rendimiento. Y por último, disfrutará del resultado.
Hay días en los que se puede notar mucha energía y otros en los que cuesta mucho Existen muchas diferencias individuales respecto a lo que motiva a cada persona y en la fuerza de sus motivos. Es decir, cada persona tiene sus propias motivaciones que pueden ser muy diferentes a las del resto. También, hay personas que cuentan con mucha energía para conseguir sus metas y otras que no tienen tanta. La persistencia es otra variable que no tienen todos los seres humanos por igual.
La motivación es dinámica, está en continuo movimiento de flujo, es un estado de crecimiento y declive perpetuo. Hay días en los que se puede notar mucha energía para luchar por algo y otros en los que cuesta mucho arrancar una conducta.
Teniendo en cuenta las características tan complejas que tienen los procesos de motivación hay algunas cosas que se pueden hacer para aumentarla.        
¿Qué cosas puedes hacer para aumentar tu motivación?
  • Desarrolla un buen plan de acción. Divide tu meta final en pequeñas submetas. Estas serán hitos que irás consiguiendo y sentirás que te acercan a tu meta final. No olvides celebrar cada uno de ellos.
  • Guarda tu energía física y psíquica para emplearla en lo que realmente quieras conseguir. No la malgastes en cosas que te alejen o te distraigan de tu objetivo.
  • No escatimes en esfuerzos y decisiones. Esto es, si hace falta un paso determinado para alcanzar tu objetivo: hazlo. En ocasiones tenemos que dedicar tiempo, o gastar dinero, en algo a corto plazo para conseguir el objetivo a largo plazo. Míralo como una inversión no como un gasto.
  • Nunca pierdas de vista tu objetivo. Cuando aparezcan inconvenientes, asúmelos como parte del proceso. Todo tiene su lado bueno y su lado malo. En el momento en el que decidiste luchar por conseguir esa meta no te importó asumir que ibas a tener que hacer cosas difíciles para obtenerla.
  • No gastes tiempo en quejarte, sólo te quita energías y no te soluciona nada.
  • Oblígate a actuar. Habrá ocasiones en las que tengas poca energía y otras en las que tendrás que realizar tareas que no te gusten. En estos casos: autocontrol. Oblígate a hacerlo, no pienses en si tienes ganas de hacerlo o no. De hecho, no te hacen falta "tener ganas" para hacer las cosas. Todos hacemos muchas cosas a lo largo del día que no tenemos ganas de hacer y las hacemos, y una vez que las hacemos, nos damos cuenta de que no son para tanto. Primero se hacen las cosas y luego entran las ganas. Lo hago y punto, no pienso si me apetece o no.
  • Aprovecha los días en los que te encuentres más alegre, optimista y con más energía para hacer las cosas que te cuestan. Es en esos momentos en los que podrás realizar una tarea difícil o podrás llamar a esa persona con la que te cuesta hablar.
  • Rodéate de personas optimistas, que luchan por lo que quieren conseguir. Todo se contagia, el pesimismo y el optimismo. 
  • Fíjate en la parte que llevas conseguida, no en la que te queda por conseguir.
  • Y, sobre todo: disfruta del camino. Porque el ser humano disfruta de la ilusión cuando lucha por las cosas, no cuando las consigue. Una vez que hayas conseguido tu meta, tendrás que buscar otra nueva para volver a ilusionarte. 

·         Esther Gómez García-Romeral