jueves, 7 de noviembre de 2013

Las cualidades definitivas para ser un buen jefe en 2013




Los jefes deben desarrollar una comunicación positiva con sus subordinados para motivarlos y mejorar su rendimiento. (Corbis)
Las nuevas dinámicas del mercado laboral, debidas al actual contexto de crisis y de adaptación a los cambios del entorno (tecnológico y de consumo), ha provocado que las empresas demanden también nuevas competencias y aptitudes a sus trabajadores. Una necesaria evolución que deben asumir igualmente los empresarios y demás cuadros directivos, aunque en otros términos, según defiende el profesor y actual director del instituto suizo Essential Management, Xavier Camby, en su último libro titulado 48 claves para una gestión sostenible (48 clés pour un management durable, editado por Yves Briend).
Después de haber analizado las prácticas y técnicas de gestión de más de 8.000 directivos desde el inicio de la crisis, Camby ha llegado a la conclusión de que “el mánager nunca fue tan crucial y necesario para la buena marcha de una organización empresarial en momentos de dificultades, al tiempo que nunca antes hubo que adaptarse tan rápido a los nuevos requisitos”. Una situación que se debe a la aceleración de los cambios globales, el clima laboral y económico general y la rápida rotación de los equipos que hace difícil identificar con el suficiente tiempo de antelación a los trabajadores que escalarán en la jerarquía laboral.
El ‘jefe-planificador’, una figura en extinción
La concepción tradicional de los jefes como las personas encargadas de organizar o, incluso de controlar, ha perdido casi todo su sentido en la actualidad. Para los expertos en sociología de las organizaciones empresariales, los superiores deben abandonar su rol de planificadores, ya que es menos necesario debido a las nuevas cualidades requeridas a los trabajadores y al entorno laboral generado por la potenciación del trabajo en equipo.
Este cambio se debe también a que la información de las funciones y objetivos de cada trabajador deben ser conocidos y compartidos por toda la plantilla. Un reto que va en contra de la falta de transparencia y la ocultación de información que puede ser del interés de los trabajadores para el correcto desempeño de sus labores. Por tanto, se han impuesto una serie de nuevas competencias que cualquier dirigente debería asumir y que se resumen en cuatro características concretas que el consultor en liderazgo cita en su último libro.
Si trasmitimos todo lo que sabemos a los subordinados saldremos ganando, no hay que tener miedo irracional a que lleguen a ser mejores que nosotrosCapacidad relacional y comunicativa. “Los buenos jefes tienen que tener una actitud cordial, relajada, cercana y, sobre todo, con capacidad de comunicación positiva”, según explica Camby. Saber valorar a los trabajadores sirve para mejorar su implicación tanto en las tareas que realizan como en la propia organización empresarial. “Deben saber motivar a los empleados para darle un valor añadido a su trabajo y hacerles sentirse lo más a gusto posible en la empresa”, insiste. De este modo, aumentará su rendimiento y compromiso.
Saber transmitir los conocimientos necesarios y el know-how. Para poder delegar funciones en los trabajadores, es preciso ser generosos con ellos a nivel de transmisión de conocimientos y ayudarlos para que sepan desenvolverse solos y de la mejor forma posible cuanto antes. “Si trasmitimos todo lo que sabemos saldremos ganando”, asegura el consultor. Sin embargo, el autor reconoce que no siempre es fácil asumir esta máxima porque está demasiado extendida la idea de que si les enseño todo lo que sé a mis los trabajadores que están por debajo de mi escala podrán llegar a superarme. Un “miedo irracional” del que nos debemos liberar.
Humildad y cooperación. Para poder delegar hay que saber valorar a los subordinados, como comentábamos en el primer punto, algo que nunca se conseguirá si no tenemos la suficiente humildad como para depositar un voto de confianza en los demás. Hoy en día, y sobre todo cuando la empresa pasa por una situación difícil, la humildad es una herramienta mucho más fructífera que el férreo control de mando para que el equipo al que dirige un jefe crea en éste, se involucre y sea más cooperativo.  
La autoridad no se gana automáticamente detentando poder, sino mediante el reconocimiento de los subordinados. Un aprecio que sólo se conseguirá ejerciendo una influencia positiva en ellos a partir del desarrollo de las cualidades anteriormente citadas. Una cuestión clave debido a que el deterioro del mercado laboral por las dificultades económicas impuestas por la crisis está siendo acompañado de una deterioro de la imagen de los jefes y cuadros superiores, según han ratificado la mayoría de encuestas. En este contexto, lo que marca la diferencia para que todos los integrantes de una empresa aumenten sus esfuerzos y logren sacarla adelante son las cualidades personales de sus dirigentes. 

Las preguntas que debes hacerte para dar sentido a tu vida



Determinadas preguntas pueden llevarnos a conocer cosas de nosotros mismos que no sabíamos.
¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? Estas son tres de las preguntas que se hacían Siniestro Total en su célebre canción homónima, y cuya respuesta está vedada al ser humano, por mucho que este haya intentado responderlas desde el momento en que adquirió conciencia de su propia existencia.
El astrofísico Carl Sagan aseguró en una ocasión que “damos sentido a nuestro mundo por la valentía de las preguntas que nos hacemos y la profundidad de nuestras respuestas” y, por eso, aunque no podamos dar contestación a las grandes cuestiones de la vida (¿quién podría?) sí nos podemos plantear a nosotros mismos cuestiones que nos ayuden a ser más felices y a sentirnos más realizados en nuestro día a día.
Multitud de psicólogos, terapeutas y sociólogos han elaborado listas sobre las preguntas que pueden hacernos descubrir cosas de nosotros mismos que no conocíamos previamente. Aquí presentamos algunas, pero como suele ocurrir, las mejores cuestiones son aquellas que se nos ocurren a nosotros mismos.
  • ¿Qué es lo más importante de tu vida?
Si hay algo finito e irrecuperable en la existencia humana, eso es el tiempo. Por ello, debemos averiguar cuáles son nuestras prioridades si no queremos que el torbellino de la vida contemporánea nos arrastre. Realizarnos esta pregunta, en apariencia obvia, nos ayuda a recordar todo aquello que quizá en demasiadas ocasiones dejamos de lado: la familia, la pareja, los hijos, los amigos…
  • ¿De qué puedes prescindir y hacer que tu vida siga siendo igual?
La vida moderna está marcada por la acumulación, por las agendas repletas y el consumo inútil. Por eso, sentarnos un momento y pensar todo aquello de lo que podemos prescindir (compras banales, actividades que no nos reportan ninguna felicidad, suscripciones absurdas) puede hacer que eliminemos todo aquello que no hace más que quitarnos tiempo y vaciar nuestro bolsillo.
  • ¿Qué tienes que hacer y por qué no lo haces?
La procrastinación, o dejar para mañana lo que puedes hacer hoy, es uno de los grandes males de la sociedad contemporánea. Sin embargo, esta suele referirse a compromisos más prácticos que a los que se refiere esta pregunta. Hay multitud de cosas que deberíamos hacer (de visitar a un familiar al que hace tiempo que no vemos a reparar algo en casa) que vamos dejando hasta que es demasiado tarde y ya, total, para qué lo vamos a hacer. Cumplir con las tareas vitales es una manera de sentirse pleno que no requiere mucho esfuerzo.
  • ¿Qué desconoces (pero te gustaría saber)?
Cuanto más sabemos, más conscientes somos de nuestra ignorancia y de que difícilmente podremos alcanzar la sabiduría absoluta. Pero, aun así, hay prioridades, y si cada día dedicamos parte de nuestro tiempo a llenar esas lagunas, terminaremos desenvolviéndonos mucho mejor en nuestra vida. Saber lo que no se sabe es un buen paso, pero hay otra pregunta incluso más importante que nos podemos plantear: ¿qué es lo que no sabemos que desconocemos?
  • ¿Qué he aprendido hoy?
No te acostarás sin saber una cosa más… ¿O no? Una buena estrategia vital es, cuando nos metemos en la cama y cerramos los ojos, antes de caer en los brazos de Morfeo, preguntarnos qué hemos aprendido durante el día. Si la respuesta es “nada”, es que algo estaremos haciendo mal. Un día sin aprender nada es un día perdido.
  • ¿Qué es lo más importante que voy a hacer esta semana?
De igual manera que revisar nuestro pasado puede ser útil a la hora de modificar nuestras actitudes para aprovechar mejor nuestro día a día, tener algo en el horizonte nos ayuda a aumentar nuestra motivación y a hacer que, cuando nos levantemos cada día, tengamos una razón que ponga nuestro motor en marcha. En ocasiones, este hecho puede ser algo placentero (unas vacaciones, una cita, un evento) o un desafío: tanto mejor, en cuanto que nos permitirá anticipar las dificultades que quizá tengamos que afrontar.
  • ¿A quién has ayudado hoy?
Numerosos estudios nos recuerdan que la filantropía y la ayuda a los demás aumentan nuestra propia felicidad. No debemos pensar únicamente en nuestras metas vitales, sino también en las de los demás, y contribuir a que las alcancen: no hay nada más satisfactorio que ver a un amigo cumplir sus sueños si nosotros mismos hemos sido los promotores de dicha victoria personal.
  • ¿Qué quieres que piensen de ti?
Nos gusta pensar que somos talentosos, simpáticos, desprendidos, bellos, hábiles y románticos. Pero ¿somos capaces de hacérselo llegar a los que nos rodean, o por el contrario, sospechan que somos inútiles, bordes, ratas, feos, manazas y siesos? Piensa cómo quieres que te recuerden y actúa en consecuencia.
  • ¿Cuál es el sueño de la infancia que no has cumplido?
De pequeños, unos querían ser astronautas, otros deportistas y otros, estrellas del rock. No es tarde: quizá ya no sea posible alcanzar tales metas (en realidad, nunca lo fue), pero no debemos renunciar a los amores de adolescencia. Leer libros sobre el tema, matricularnos en una universidad a distancia o apuntarnos a un club deportivo pueden constituir una buena vía alternativa para despertar las aspiraciones de ese niño que todos seguimos llevando dentro.
  • Si supieses que vas a morir dentro de tres meses, ¿qué dejarías de hacer?
Se trata de una pregunta un poco trampa, puesto que tal noticia evidentemente cambia nuestras perspectivas vitales (¿para qué ahorrar?), pero que también puede ayudarnos a distinguir entre lo esencial y lo accesorio. Películas como Ahora o nunca (The Bucket List, Rob Reiner, 2007), protagonizada por Jack Nicholson y Morgan Freeman, ilustran cómo cambia la vida de una persona cuando se enfrenta a sus últimos días, y no tiene por qué ser necesariamente a peor.

martes, 5 de noviembre de 2013

EL "COCIENTE AGALLAS"



William Lewis Stern, psicólogo y filósofo alemán y un experto en el estudio de la personalidad, fue la primera persona que en 1912 acuñó el término "cociente intelectual". Este parámetro definía el nivel de inteligencia de una persona en relación a su edad. Por otra parte, Alfred Binet y Théodore Simon, en colaboración, realizaron un test de inteligencia para predecir el rendimiento escolar y que se conocería como el test Binet-Simon. Aunque el propósito de este test era el de identificar a aquellos alumnos con mayores dificultades para aprender y así poder ayudarles, a estos autores les inquietaba que pudiera ser utilizado para clasificar a los alumnos en “listos” y “torpes”.
Los estudios posteriores llevados a cabo por el Dr. Howard Gardner, psicólogo y profesor de la universidad de Harvard, demostraron que es enormemente reduccionista intentar medir la inteligencia con el test de cociente intelectual. Después de una investigación de más de treinta años, el profesor Gardner expuso su Teoría de las Inteligencias Múltiples, la cual ha tenido una enorme difusión en todo el mundo. Esta teoría lo que nos muestra es que no podemos hablar de una única inteligencia sino de muchas más. Si una persona tiene por ejemplo una inteligencia lógico-matemática muy desarrollada, pero una inteligencia visual-espacial muy reducida, entonces será una persona que entenderá y aprenderá solo si las cosas se le presentan de una forma secuencial y muy ordenada. Sin embargo, le costará mucho entender aquello que le sea presentado de una forma visual.
La valentía juega un papel esencial a la hora de cambiar el cerebro, cambiar la mente y mejorar nuestra vida
Utilizando una metáfora, podríamos decir que una persona con una gran inteligencia lógico-matemática y una escasa inteligencia visual-espacial se podría orientar en un bosque si se le muestra un árbol detrás de otro, pero no si se le muestra un mapa de la totalidad del bosque. En el caso de una persona con una inteligencia visual-espacial muy desarrollada pero con una escasa inteligencia lógico-matemática, sucedería justo lo contrario. Imaginemos los desafíos que esto plantea en el mundo de la enseñanza.
Atrévete a pesar de tu miedo
Cuando estaban las cosas así, aparece un libro sorprendente titulado Inteligencia Emocional y cuyo autor es Daniel Goleman. Este psicólogo recopila la investigación de distintos médicos y psicólogos en el campo de las emociones. En este magnífico libro se expone la manera en la que las emociones afectan al intelecto. Antonio Damasio, un verdadero maestro de la neurociencia, ha demostrado hasta qué punto lo racional y lo afectivo son las dos caras de la misma moneda y por consiguiente se pueden distinguir pero no se pueden separar.
La valentía es esa decisión firme de seguir adelante cuando está en juego lo que importa
Apoyándome en los descubrimientos y las reflexiones de algunas de las personas más destacadas en el mundo de los sentimientos y las emociones, me gustaría proponer un concepto que es el de “Cociente Agallas”, para diferenciarlo claramente del de “Cociente Intelectual”. Con este nuevo concepto, lo que quiero resaltar es el papel esencial que la valentía juega a la hora de cambiar el cerebro, cambiar la mente y así mejorar nuestra vida. Hay que ser valiente para atreverse a soñar. Hay que ser valiente para persistir en medio de la dificultad. Hay que ser valiente para hacer algo nuevo y atreverse a fracasar. Hay que ser valiente para mantener la ilusión cuando todo el mundo cae en el pesimismo. El “Cociente Agallas” es en mi opinión la fuerza que desarrolla el carácter de una persona, es la fuerza que nos moldea, la que no permite que nos derrumbemos ante la dificultad, sino que sigamos adelante “contra viento y marea”. La valentía es esa fuerza que al fin y al cabo va creando poco a poco, paso a paso, nuestro propio destino.
La llamada a tener agallas
La valentía es lo que hace que defendamos aquello que es valioso y no permanezcamos indiferentes ante aquello que empequeñece y reduce al ser humano. De la misma manera que no hay que ser grande para empezar, pero sí que hay que empezar para ser grande, no hay que ser valiente para empezar, pero sí que hay que empezar para ser valiente. “Atrévete a pesar de tu miedo y te sentirás valiente” nos recordaba el profesor William James. El miedo no es nuestro enemigo, el pánico sí porque nos bloquea y nos anula. El miedo es sencillamente la llamada a ser valiente. La valentía es esa decisión firme, esa resolución de no pararnos, de seguir adelante cuando está en juego lo que de verdad importa.
Mario Alonso Puig

viernes, 1 de noviembre de 2013

El gran poder del perdón y por qué la venganza nunca es una buena idea



No siempre es fácil perdonar, pero a la larga resultado más beneficioso que vengarse.
¿Perdonar o vengarse? ¿Cuál de las dos actitudes nos hace sentir mejor a la larga? Estas son las preguntas de las que parte la mediática psiquiatra Judith Orloff  en su último libro, titulado Emotional Freedom (Three Rivers Press), para desarrollar una completa teoría sobre el desarrollo personal y la búsqueda del bienestar emocional. Para Orloff, el deseo de venganza saca a relucir lo peor de uno mismo, nos pone a la altura de la persona que nos ha ofendido o hecho sufrir y nos llena de un insano rencor que, según han demostrado la mayoría de estudios psicológicos, genera estrés y nos hace más vulnerables a las reacciones negativas de los demás.
En la teoría todos somos conscientes de que la venganza nunca lleva a nada bueno. Como mucho puede producir una satisfacción momentánea, pero a la larga pesará sobre nuestras conciencias, al menos, para aquellas personas que no padezcan una sociopatía. Sin embargo, no siempre resulta sencillo llevar a la práctica esta teoría, pues el impulso de venganza puede volvernos irracionales, mientras que la ira necesita canalizarse de algún modo. “Antes de dar el paso de perdonar a alguien, inevitablemente uno tiene que sentir ira, pues el perdón no se puede forzar ni fingir”, explica la psiquiatra. Se trata de un proceso en el que la clave se encuentra precisamente en el “cómo” canalicemos esa ira.
La rabia interior que nos obceca a sentir un irremediable odio hacia el agresor será mayor o menor dependiendo del grado de afinidad y cercanía que tengamos con esta persona. Por ello, Orloff propone que el primer paso que se debe dar para conseguir perdonar a alguien es ser conscientes de quién se trata, lo que nos ayudará a comprender por qué nos ha ofendido.
Amigos o pareja
La autora de Emotional Freedom explica que, por regla general, cuando nos ofende una personas con la que tenemos una buena relación, ya sea un amigo cercano o nuestra pareja, se debe a que ha tenido un mal día o que está pasando por una situación vital difícil. Muchas personas reaccionan atacando a la gente de confianza cuando se sienten mal con el mundo o, incluso, consigo mismas. Si esto sucede, lo mejor será no magnificar lo sucedido, relativizarla en base a la situación que está atravesando esta persona y dejar que el tiempo vuelva a poner las cosas en su sitio.
Compañeros de trabajo
La competitividad laboral hace que muchas veces los compañeros o, incluso jefes, nos ataquen o se apropien de nuestras ideas y méritos en su beneficio. Unas actitudes mezquinas típicas de las personas inseguras o codiciosas que no dudan en pasar por encima de quien sea para conservar sus privilegios. En estos casos las ansias de venganza parecen todavía más justificadas, pero hay que tener cuidado para que no se vuelven en nuestra propia contra.
La clave del perdón se encuentra en el modo canalizar la iraEsperar el mejor momento para denunciar la situación y tratar de hacerlo de la mejor forma posible, será fundamental para que no nos perjudiquemos a nosotros mismos. Como decía Confucio, antes de vengarse de alguien procure cavar dos tumbas. Háblalo tranquilamente con el resto de sus compañeros, analiza serenamente la situación y plantéalo con Recursos Humanos. No hagas nada de lo que te puedas arrepentir a la larga.
Familiares
En muchas ocasiones las ofensas de los familiares esconden temores como el miedo al distanciamiento, a ser excluidos del núcleo familiar o a que no se les hace demasiado caso a sus pretensiones. Normalmente, explica Orloff, no tienen una intención más allá de llamar la atención o de ser exigentes con la gente a la que en realidad quieren. Si les responde con la misma moneda sólo conseguirá agravar la situación y deteriorar la relación con sus seres queridos.
Bien es cierto que no consiste en que los demás siempre se salgan con la suya, pero es su forma de expresarse y, siendo conscientes de ello, conseguiremos reducir nuestra ira y aplacar la situación. El perdón tiene que estar más enfocado a la persona que nos ofende que al acto en sí mismo.
El perdón es una capacidad que no es innata a los humanos, por lo que se debe entrenar y practicar. Con el tiempo, se logrará dejar a un lado las emociones negativas y potenciar las positivas, lo que nos llevará a ser más alegres y felices. Como concluye Orloff en su libro, el perdón nos hace libres porque nos da autonomía emocional al conseguir que las malas acciones de los demás no condicionen las nuestras propias.