domingo, 5 de enero de 2014

CRÍTICAS: TÉCNICAS PARA HACERLAS FRENTE



Cuando hablamos de criticar o escuchamos la palabra “crítica” no es raro que lo relacionemos con algo negativo; con el señalar defectos o lo que puede hacerse mejor. No es raro tampoco que vaya acompañado (en muchas ocasiones) de palabras que no son las más adecuadas a la hora de dar un mensaje… Creo que te suena de qué estoy hablando.
¿Siempre tienen una connotación negativa? ¿Siempre serán nuestras “enemigas”?
Para aclarar un poco qué significa la palabra crítica, y alejar de nuestra mente esta imagen un tanto antipática; dejo la siguiente definición del Diccionario de la Real Academia Española:
“Examen y juicio acerca de alguien o algo y, en particular, el que se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc”.
Es decir, no tiene por qué ser un juicio negativo, ni tiene por qué expresarse de manera desagradable. Es una forma de comunicar nuestras percepciones (lo que observamos de algo o de alguien) y cómo nos hace sentir eso que observamos (la actitud de una persona, su comportamiento, una obra de teatro etc).
Os dejo un vídeo con un breve relato acerca de lo que estamos hablando y con una estupenda moraleja:
El cómo lo comunicamos y con qué intención es lo que marca la diferencia entre unas críticas y otras, y es lo que hace que nos sintamos muy bien o realmente mal al recibirlas.
RECIBIR CRÍTICAS… SIN DERRUMBARNOS.
Para poder hacer frente a una crítica es importante:
 -Saber reconocer nuestros errores y considerar que las críticas pueden ser una oportunidad de aprendizaje.
-Mantener la calma y no desmoronarse.
-Escucharla para reconocer de qué tipo es y saber así qué técnica usar.
TIPOS DE CRÍTICAS
Destructivas: Con ellas se trata de herir o humillar a la persona. Hacerla sentir despreciada y/o que la desprecien los demás.
Constructivas: Este tipo de crítica trata de ayudar a mejorar, avanzar y lograr objetivos. Pueden positivas (destacan los puntos fuertes, las habilidades, reconocen el trabajo bien hecho etc) o negativas (tratan los errores y los aspectos a mejorar con el fin de beneficiar a la persona y lograr su avance).
Las críticas, además, pueden expresarse correctamente (sin faltar al respeto y empleando un lenguaje verbal y no verbal no agresivo) o incorrectamente (todo lo contrario).
“La mejor crítica es la que no responde a la voluntad de ofensa, sino a la libertad de juicio.”
Fernando Sánchez Dragó
TÉCNICAS PARA RECIBIR CRÍTICAS CONSTRUCTIVAS NEGATIVAS
Si han expresado la crítica de manera correcta.
-Pedir detalles. Tratar de obtener información para poder mejorar.
“¿A qué te refieres?” “¿Qué quieres decir con…?” “¿Qué piensas que podría hacer para…?”
-Contemplar la posibilidad de que la persona tenga razón.
-Agradecer la información recibida y la manera en la que se expresó.
-Si estás de acuerdo con la crítica, puedes comprometerte a cambiar y mejorar esos “fallos” pidiendo sugerencias para ello. Si no estás de acuerdo, muestra tu disconformidad sin faltar al respeto: “Te lo agradezco, aunque sigo convencido de que…” “Entiendo que opines así pero…” ”Gracias aunque sigo manteniendo que…”
 Si han expresado la crítica de manera incorrecta.
-Puedes seguir las mismas pautas que en el caso anterior, pero expresando tu desacuerdo con la manera en la que te han hecho la crítica: “Me gustaría que la próxima vez me lo dijeras sin gritar”.
 TÉCNICAS PARA RECIBIR CRÍTICAS DESTRUCTIVAS
-En este caso no interesa obtener información, sino parar la crítica o neutralizarla. Es importante mostrarse emocionalmente independiente de la crítica porque, si “estallamos” , fomentaremos que la persona continúe criticando.
 EL RECORTE Consiste en no tener en cuenta la parte ofensiva e hiriente de la crítica y centrarse únicamente en la parte de la crítica que interesa.
-“Eres un pasota; nunca avisas cuando vas a llegar tarde, todo te da igual”.
-“Tienes razón, debería haberte llamado para avisarte. En esta ocasión los medios de transporte se retrasaron y yo también”.  

SEPARAR LOS TEMAS: Consiste en distinguir los diferentes mensajes que tiene la crítica y tratarlos por separado.
-“Eres un mal amigo porque te pido que me prestes el coche y no te da la gana”.
-“Que no te preste el coche no significa que no sea tu amigo. Simplemente no me gusta dejar el coche a nadie”.
 DESARMAR LA IRA: Cuando la persona está muy enfada es conveniente ignorar el mensaje (generalmente agresivo) y rechazar, de manera educada, el continuar con el tema. Una vez que la persona se haya calmado, se retoma la conversación.
“-¡Estoy harto! Siempre haces lo mismo ¡eres insoportable!”
-“Veo que estás enfadado y me gustaría hablar sobre ello. En este tono no podemos aclarar nada, o nos tranquilizamos o volvemos a ello más tarde”.
 No tengamos miedo a recibir críticas; pueden aportarnos información muy valiosa y útil si las sabemos escuchar.

Nuria Álvarez

AUTO-MOTIVACIÓN, ¿CÓMO LOGRARLA?



¿Cuántas veces has escuchado la palabra motivación y cuántas veces la has sentido?
Estoy segura que, en más de una ocasión, la has echado de menos. Tal vez cuando necesitaste que te echara una mano para hacer frente al montón de cosas que tenías que hacer, cuando se marchó “sin avisar” y te dejó sin energía y sin ganas o, cuando, simplemente, llevabas un tiempo sin sentirla y querías comenzar algo con ilusión y fuerza.
Antes de seguir con el artículo, me gustaría que vieras uno de esos clásicos vídeos motivadores:
Este proceso psicológico, llamado motivación, nos impulsa a alcanzar una meta y a mantener una conducta determinada para lograrlo. Es como la chispa interna que nos pone en funcionamiento. Nos da fuerzas para buscar, y utilizar, los recursos que necesitamos, hasta alcanzar lo que nos hayamos propuesto.
PAUTAS PARA PONERSE MANOS A LA OBRA CON ÁNIMO Y GANAS.
1) Sé consciente de tu diálogo interno.
Escucha lo que te dices desde que te despiertas hasta que te acuestas. Los mensajes que nos mandamos a nosotros mismos pueden hacernos sentir capaces de conseguir lo que nos proponemos o echar por tierra todos nuestros planes. Aumentar la confianza en uno mismo, la seguridad y mejorar el estado de ánimo puedes lograrlo teniendo un diálogo interno positivo. ¿Has empezado alguna vez el día diciéndote lo estupendo/a que eres? Prueba.
2) Piensa si lo que has planeado hacer, realmente quieres hacerlo.
Cuando podemos elegir una meta a alcanzar, es conveniente pararse a pensar si esa meta la hemos elegido porque queremos o porque quieren los demás. A veces asumimos tareas que creemos nuestras cuando, realmente, provienen del entorno: “Deberías”, “tienes que”, “haz esto qué es lo más conveniente”… Con el tiempo, nos damos cuenta de que nos hemos estado obligando a hacer algo para lo que, ya, no estamos motivados.
Si no has elegido tú la meta pero “tienes” que alcanzarla, lo mejor es que seas consciente de la actitud que tienes hacia ella. Una actitud negativa sería como pisar el freno y el acelerador a la vez…y tener prisa por llegar.
3) Define la meta y desglósala en pequeños objetivos.
Es importante que lo que te propongas sea realista y alcanzable. Ayuda mucho escribir la meta de manera clara y precisa para, después, fijarte tareas (objetivos) que te acerquen a ella.
4) Levántate, no te quedes esperando.
Si sabes qué es lo que quieres conseguir y lo que tienes que hacer para ello…actúa. Aunque haya días que no tengas mucha energía y ánimo, muévete. Fíjate en lo que llevas recorrido y no sólo lo en lo que te falta por recorrer. Puedes empezar el día con lo menos costoso, o desglosar las tareas en otras más pequeñas. Eso sí, comprométete a finalizarlas.
5) Equivocarse o caerse en alguno de los obstáculos NO es un fracaso.
Pensar que todo tiene que ir perfecto y que no hay cabida al error es, sin duda, el primer tropiezo de tu camino. Si algo no sale bien, o como esperabas, puedes pensar que todo es horrible o aprender del error para corregirlo y seguir adelante. No somos máquinas, sino personas, y los errores y fallos nos muestran el camino que no hay que coger para poder tomar uno mejor.
6) Felicítate por los logros que vayas consiguiendo.
Parece que tenemos la costumbre de castigarnos cuando hacemos algo “mal” y pasamos por alto todo lo que hacemos “bien” y logramos. Celebra los objetivos que vas dejando atrás y regálate, de vez en cuando, un capricho como premio. Te aseguro que sienta muy bien.
“El éxito no es el resultado de una combustión espontánea. Tú tienes que encenderte primero.”
Fred Shero

Nuria Álvarez

7 LECCIONES VITALES QUE LAS PELÍCULAS NAVIDEÑAS NOS HAN ENSEÑADO



En estas fechas tan señaladas, las cadenas de televisión recurren con frecuencia a su fondo de catálogo fílmico para rellenar la parrilla. Las familias, reunidas alrededor de la pequeña pantalla, se dividen rápidamente en dos grupos: en aquellos que protestan por tener que asistir a la enésima redifusión de ¡Qué bello es vivir! (What a Wonderful Life, 1945), el clásico de Frank Capra, y los que la saludan como una costumbre navideña tan obligatoria como el champán o los matasuegras.
Si no puedes contra el enemigo, únete a él. Si por algo se diferencian determinadas películas navideñas, es por proporcionar una moraleja que, generalmente, tiende a recordar el valor de la familia y la solidaridad frente al del dinero y el egoísmo. Unas enseñanzas que aunque todos conocemos no siempre ponemos en práctica, menos aún en un panorama en el que la competitividad es un valor esencial.
Muchas de estas películas están imbuidas por un cierta didáctica de orígenes cristianos; otras de ellas, simplemente, por el espíritu navideño de las feel-good movies que, parece ser, relaja los odios y favorece la comprensión. Pero, ¿qué nos ha enseñado la gran pantalla a través de dichas obras cinematográficas?
  • ¡Qué bello es vivir! (What a Wonderful Life, Frank Capra, 1946): no te rindas
La fortuna de George Baily, un pequeño banquero que se ve al borde de la quiebra, habría sido muy diferente de no habérsele aparecido su ángel de la guarda, que le hace ver cómo sería el mundo sin su existencia: mucho peor. La película nos recuerda no sólo que, al final, y como cantaba Paul McCartney, “el amor que damos es igual al amor que recibimos”, sino también, que no debemos darnos nunca por rendidos. Un mensaje cada vez más relevante en una sociedad no tan diferente a la de la Gran Depresión.
  • Cuento de Navidad (Disney’s A Christmas Carol, Robert Zemeckis, 2009): el dinero no lo es todo
Una de las historias adaptadas con mayor frecuencia a la gran pantalla, y que aquí presentamos en su última versión, la dirigida por Robert Zemeckis para Disney. No hay relato navideño más conocida que el de Ebenezer Scrooge (interpretado en este caso por Jim Carrey), el empresario gruñón cuya vida cambia después de recibir la visita del Espíritu de las Navidades pasadas, presentes y futuras. Que no tenga que visitarnos un fantasma para cambiar nuestro comportamiento.
  • Family Man (Brett Ratner, 2000): la familia es más importante que el dinero
Durante el siglo XIX y comienzos del XX, como ya hemos visto con Cuento de Navidad, una moraleja bastante habitual era recordar al hombre adinerado que su fortuna no lo es todo. A partir de mediados del siglo XX, y especialmente, la propagación de la codicia del neoliberalismo, el mensaje incluye también que el trabajo no lo es todo. El recuerdo de la importancia de la vida familiar es el tema principal de este largometraje protagonizado por Nicholas Cage, que interpreta a un egoísta bróker de Wall Street.
  • Love Actually (Richard Curtis, 2003): en el amor, no todo sale siempre bien
Esta reflexión sobre las idas y venidas del amor quizá no encaje en el prototipo de película navideña, pero que transcurra en dichas fechas ayuda a examinar de manera certera la vida amorosa de su reparto coral. Algunos de ellos, satisfechos con su relación, han cosechado lo que han recibido; otros simplemente son víctimas de la desconsideración de sus parejas. No todo el mundo consigue lo que desea, pero sí son capaces de salir adelante con su vida, parece sugerir este moderno clásico romántico.
  • De ilusión también se vive (Miracle on 34th Street, George Seaton, 1947): no debemos renunciar a nuestros sueños
El título lo dice todo, y quizá por eso sea uno de los largometrajes más polémicos aquí presentados. La película sugiere, gracias a esa niña que no cree en Santa Claus y ese Santa Claus real que ocupa el lugar de un anciano indispuesto, que lo importante es mantener nuestras ilusiones (ya que ello nos hará más felices). Fue objeto de un remake protagonizado en 1997 por Richard Attenborough.
  • Feliz Navidad (Joyeux Noël, Christian Carion, 2005): lo que el hombre ha unido, que no lo separe la guerra
No sólo la fantasía ha sido capaz de proporcionarnos enseñanzas sobre nuestras propias vidas, sino que, como ocurre tan a menudo, la realidad supera a la ficción. Es el caso de este largometraje basado en la tregua que tuvo lugar en 1914 cuando soldados alemanes, franceses y escoceses atrincherados fueron capaces de dejar a un lado sus diferencias para compartir un partido de fútbol en Nochebuena.
  • Gremlins (Joe Dante, 1984): cuida a tus animales
Otra película habitual de la parrilla televisiva que no parece precisamente la película más instructiva del mundo. ¿Cómo que no? La próxima vez que tengas que educar a tus hijos para que cuiden a esa mascota que han recibido como regalo navideño, puede resultar útil proyectarle las correrías de Gizmo y otros seres de su especie para que aprenda a respetar las normas.  



lunes, 23 de diciembre de 2013

EL SESGO DE ACCIÓN: POR QUÉ NO PODEMOS ESTAR SIN HACER NADA



En 2007, el investigador Michael Bar-Eli publicó un revelador estudio en el Journal of Economic Psychology en el que intentaba averiguar qué pasa por la cabeza de los porteros de fútbol nanosegundos antes de que el jugador del equipo contrario chute el balón desde el punto de penalti. Aunque los lanzadores suelen repartir la trayectoria de sus disparos entre el centro, la izquierda y la derecha de la portería, el portero tiende a lanzarse hacia un lado u otro. ¿Por qué?
Como recuerda el profesor israelí, cuando no sabemos qué hacer, pensamos que lo mejor es hacer algo y, sobre todo, no quedarse parado, ante el riesgo de parecer tontos. Es el llamado “sesgo de acción” o action bias, uno de los sesgos cognitivos menos conocidos, que hace que nos sintamos mejor ante un problema si tenemos la sensación de que hemos hecho algo, por mucho que la situación no haya cambiado o incluso la hayamos esperado.
El valor de esperar
Una de las máximas más célebres del inversor Warren Buffett es “al invertir, no hay una correlación clara entre la actividad y el rendimiento”. O, dicho de otra forma, no gana el que más invierte, sino en muchas ocasiones, el que mejor sabe esperar sin que la inactividad no acabe con sus nervios.
Los jugadores novatos de póker suelen ir en todas las manos. Diversos estudios han demostrado que, precisamente, son los policías o miembros de la fuerza de seguridad más veteranos los que más tardan en intervenir en caso de una pelea. No se trata de desidia, sino de experiencia. Debido a que un novato se muestra inseguro ante algo a lo que nunca ha tenido que hacer frente, el sesgo de acción le lleva a intentar terciar cuanto antes. ¿El resultado? Que en esos casos, al intervenir, suele haber muchos más heridos.
El económico y el policial no son los únicos ámbitos en los que el sesgo de acción puede ser altamente perjudicial. También lo es la medicina, cuando un facultativo receta un medicamento en lugar de esperar aunque no sea capaz de realizar un diagnóstico claro. O el póker, cuando un jugador novato pierde rápidamente todo su dinero al no saber en qué manos ha de pasar.
Nadie nos aplaudirá por no hacer nada
La mayor parte de psicólogos han explicado este sesgo a partir de razones evolutivas. Nuestros antepasados tenían que ofrecer respuestas muy rápidas a las diversas amenazas que la naturaleza les presentaba en el día a día, por lo que se acostumbraron a hacer algo, huir o luchar, en el menor tiempo posible. Sin embargo, la sociedad contemporánea no se parece en nada a aquella que conocieron nuestros predecesores, por lo que muchos de los problemas que se nos plantean se resolverían con más acierto en caso de que nos parásemos a pensar.
A pesar de ello, la sociedad sigue favoreciendo la acción y valorando a los hombres enérgicos capaces de tomar decisiones arriesgadas y rápidas, por descabelladas que sean. “Al menos lo ha intentado”, suele decirse de aquellos que conducen a una empresa al descalabro simplemente por su imposibilidad de dejar el tiempo parar. Una buena razón para que no juzguemos con dureza al portero de nuestro equipo la próxima vez que vuelva a tirarse al lado equivocado aunque el disparo del delantero vaya dirigido al centro de la portería.