lunes, 24 de marzo de 2014

SEIS CLAVES PARA ENTRENAR TU CEREBRO Y SER MUCHO MÁS FELIZ



La felicidad no es una meta, es un estado mental, suelen repetir los gurús del bienestar. Pero también es el producto de procesos puramente fisiológicos, como explica la neurocientífica y profesora de la Universidad de Florida Teresa Aubele en su libro Train Your Brain to Get Happy: the Simple Program that Primes your Grey Cells for Joy, Optimism and Serenity (Adams Media), coescrito junto al psicólogo Stan Wenck.
El punto de partida de los investigadores es muy sugerente, y se encuentra en línea con las ideas que sobre la neuroplasticidad han abundado durante los últimos tiempos gracias a pensadores como Richard J. Davidson. Si programas a tus neuronas para que sean más receptivas a la felicidad, tarde o temprano terminaremos sorteando la tristeza. Si, por el contrario, nuestro comportamiento enseña a nuestra materia gris a interpretar lo que nos ocurre de forma negativa, dará igual todo lo bueno que nos ocurra, puesto que no habrá manera de que podamos sacar provecho de ello.
Con el objetivo de identificar qué podemos cambiar en nuestra vida para entrenar a nuestro cuerpo a abrazar la felicidad, los autores dividen en seis capítulos su libro, de forma que podamos ponernos en marcha rápidamente. Al principio puede parecer complicado, pero una vez tengamos constantemente presentes las seis claves, si no somos capaces de tomarnos la vida desde otro punto de vista, será simplemente porque no lo hemos intentado lo suficiente.
  • Aprende a distinguir las respuestas “huir o luchar” que crean ansiedad
Uno de los grandes problemas del ser humano contemporáneo es que se encuentra en una perpetua situación de estrés. La multitud de estímulos que nos rodean nos exigen constantemente estar preparados para cualquier eventualidad, sea esta pegar un volantazo mientras conducimos un automóvil o responder rápidamente al teléfono móvil cuando este suena. La de “huir o luchar”, propia de los animales, es una respuesta psicológica que repercute en el sistema nervioso y genera una importante reacción hormonal.
Como explicaba Aubele en un artículo publicado en Psychology Today, la gran cantidad de información de la que disponemos hoy en día no favorece nuestra toma de decisiones, sino que como el ciervo que observa de repente cómo un automóvil se dirige hacia él y se queda paralizado, nos impide distinguir entre lo correcto y lo inadecuado. ¿Qué podemos hacer para evitarlo? Descartar la multitarea, fijar prioridades, organizarnos mejor, no consultar continuamente el correo electrónico y aprender a procesar la información dedicándole tiempo para que cristalice en nuestra cabeza.
Si quiere leer más sobre este tema: Por qué no podemos estar sin hacer nada
  • Enfoca la atención de tu materia gris en el bienestar emocional
Muchas persona desconfían de ello, pero diversos estudios han recordado que el mero hecho de sonreír favorece nuestro bienestar. Siguiendo esa regla de tres, ¿cómo nos sentiremos si sólo pensamos en lo malo que nos puede ocurrir en un futuro lejano? Como explicaba la propia autora, “tus pensamientos más profundos siempre se reflejarán en tus comportamientos exteriores, porque los cambios autogenerados en tu vida siempre están precedidos por cambios en la forma en que tú piensas sobre algo”.
Aubele enumera las diversas formas en las que los pensamientos negativos influyen en ti: perturban tus interacciones con lo que te rodea y afectan tu capacidad para percibir, recordar y crear nuevas conexiones neuronales. Por el contrario, si somos capaces de centrarnos en lo positivo o pensar en el futuro no como una catarata de problemas sino como una amplia lista de posibilidades, no sólo seremos más felices, sino también más productivos, reactivos y discurriremos mejor.
Si quiere leer más sobre este tema: Las 10 creencias irracionales que te impiden ser feliz 
  • Realiza actividades que inunden tu cerebro de dopamina y serotonina, entre otros “químicos de la felicidad”
No nos gusta pensar en nosotros mismos como seres que se mueven por caprichos hormonales, pero lo cierto es que la dopamina, una sustancia liberada por el cerebro, está ligada de manera muy directa con la motivación, el placer y la cognición. Enamorarse, hacer el amor, realizar una actividad placentera, alimentarse correctamente o hacer ejercicio son actividades que favorecen la producción natural de estos químicos.  
El problema que tienen dichas hormonas es su carácter altamente adictivo y el hecho de que las drogas favorezcan su liberación empuja a su uso (y abuso). Algo que también puede repercutir de manera negativa en el amor, puesto que como han recordado algunos estudios, a los cuatro años de convivencia se dejan de producir dichas hormonas, lo que explicaría el bajón que algunas relaciones experimentan pasado dicho tiempo.
  • Satisface el hambre de tu cerebro a través de la dieta y el ejercicio
Como acabamos de señalar, una buena alimentación y la práctica de algún deporte influyen significativamente en nuestro organismo a la hora de afrontar nuestro día a día. Realizar ejercicio de manera habitual no sólo estimula la circulación e incrementa el nivel de sangre en tu cerebro, haciendo que este esté “más joven, bien nutrido, receptivo, flexible y adecuadamente afinado”, sino que también incrementa tu autoestima.
Además, ser capaces de cumplir con nuestros objetivos deportivos suele ayudarnos a sentirnos realizados y satisfechos con nosotros mismos. Nos hemos recordado, por fin, que podemos hacer aquello que nos proponemos.
Si quiere leer más sobre este tema: Diez formas de ser feliz por la mañana
  • Mejora tu nutrición
La mayor parte de regímenes se realizan con el objeto de perder peso, pero raramente de mejorar nuestro bienestar. Sin embargo, existe una relación entre nuestro estado de ánimo y los alimentos que ingerimos. En los años ochenta, un estudio realizado en la Universidad de Massachussets puso de manifiesto que “un puñado de cerezas es mejor que cualquier alimento antidepresivo”, como ha recordado el nutricionista Miguel Ángel Almodóvar, autor de Mood Food. La comida de la felicidad (Oberon).
A dicha lista encabezada por las frutas rojas podrían añadírsele el pescado azul (por sus ácidos grasos omega 3), los dátiles, los frutos secos y los plátanos (por el triptófano), el cacao, el guaraná y la yerba mate (por la teobromina), y sobre todo, la vitamina B y C que abundan, respectivamente, en la carne, el pescado o los lácteos, y en los vegetales y las frutas.
  • Entrena a tu cerebro para construir nuevos caminos hacia la serenidad
Cuenta hasta diez o “uno, dos y tres, yo me calmaré”. Aubele recomienda encarecidamente la meditación como una de las herramientas predilectas para darle un empujón a nuestra bienestar, ya que, aunque para mucha gente aún suene como algo extraño, “altos niveles de meditación ayudaban a formar una mayor empatía y conciencia”.
Aubele también recomendaba que simples ejercicios como “sentarse en un lugar tranquilo, cerrar los ojos y conjurar la memoria de uno de tus momentos más felices” pueden ser una forma de favorecer nuevas conexiones neuronales.

SÓCRATES – THE COACH



Quiero proponer como punto de partida una premisa: La verdadera revolución está en volver a lo clásico.
Me permito ilustrar esta idea con una frase de un autor muy actual:
Las novedades intelectuales que no despertarían aprobación en Cicerón, Maquiavelo, Kierkegaard o Aristóteles resultan sospechosas. Gabriel Ginebra, El japonés que estrelló el tren para ganar tiempo.
Si indagamos un poco nos damos cuenta de que muchos de nuestros ideas contemporáneas son versiones tuneadas de los conceptos clásicos originales. En este caso: El Coaching!
Sí señores creo que Sócrates inventó el coaching! Sólo que él lo llamaba mayeútica, y esa palabra, hoy en día no vende. El coaching es un término que proviene del mundo del deporte, mientras la mayeútica tiene que ver con la obstetricia.
Todo lo que conocemos de este señor llamado Sócrates, es a través de uno de sus discípulos más famosos, Platón. Sócrates prefería pasar el tiempo hablando con la gente en las plazas, y calles en lugar de escribir. Él no impartía doctrinas, quería que cada uno llegara a sus propias conclusiones. Y cultivara sus propias ideas.
Allá por el siglo V a.C este Sócrates resultaba una persona un tanto incómoda e impertinente. Se dedicaba a interrogar a la gente con preguntas en cadena. Quería despertar conciencias dormidas y hacer salir a los ciudadanos atenienses de su zona de confort. Tan inconfortable resultó ser este personaje que acabó siendo condenado a muerte. La razón de su condena fue una reivindicación sobre los términos de la justicia, la virtud y la verdad como cuestiones que no pueden resolverse según las costumbres, si no por exigencias de la razón. (Interesante reflexión para nuestros días)
Su máxima (a él atribuida) ”Conócete a ti mismo”, que coronaba el Templo de Apolo en Delfos, nos habla de la importancia que otorgaba al conocimiento personal. Las verdades están en nuestro interior. Presupone la capacidad intrínseca de cada persona para encontrar los conceptos de cuánto existe. A esto sólo se llega de manera introspectiva.
A través de un método dialéctico Sócrates entablaba una discusión con su interlocutor. Este diálogo tenía dos fases la primera, destructiva, o de la ironía socrática, en la que lograba irritar y desconcertar a su interlocutor, mostrándole las contradicciones en las que caía con sus respuestas y dejando en evidencia su ignorancia. Para llegar a la conclusión de que no sabía lo que creía saber (Sólo sé que no se nada).
La fase constructiva es la de la mayeútica, o el arte de dar a luz. Sócrates se veía como partero, (su madre era partera y el término y el trabajo le resultaban familiar). Su misión era ayudar a traer al mundo el pensamiento nuevo que surgía tras la práctica dialéctica. Los nuevos conceptos innatos que estaban en el interior.
¿Qué puede guiar a un hombre? Respuesta: una única cosa, la filosofía.
Marco Aurelio (121–180)
Aplicación práctica: Primero cuestionarnos, siempre! , en términos modernos esto es el análisis. Y segundo, caer en la cuenta de que no sabemos lo que tal vez creemos saber. Llevando a cabo estos dos pasos avanzaríamos mucho porque no comenzaríamos la casa por el tejado, antes nos daríamos cuenta de que no tenemos los cimientos, el conocimiento necesario.
¿Por qué no recuperar la ironía socrática como punto de partida? Para nosotros mismos y todos nuestros compañeros interlocutores. Andamos anclados en prejuicios y en premisas que provienen de un conocimiento aprendido. Eso no vale! Hay que sacar conclusiones propias. Partiendo de que no se nada. Hay que dar a luz nuevas ideas y conceptos que están y llegar al mejor conocimiento de uno mismo para ser lo que realmente queremos ser.
Y qué es el coaching, o que pretende ser? Una práctica o entrenamiento que normalmente se da entre dos personas a modo de diálogo. El coach, es una especie de entrenador que intenta sacar lo mejor de ti mismo.
El coach intenta guiar al coachee tras haberlo analizado concienzudamente para que sea capaz de lograr sus objetivos, ayudándole a descubrir por sí mismo sus fortalezas y debilidades.
Existen mucho tipos de coaching: personal, empresarial, ejecutivo, …también el ontológico que se apoya en la filosofía de M. Heidegger y su dominio del ser.
El método socrático es sin duda una buena práctica de coaching, y aplicable en casi todas sus tipologías. Nuestros entrenadores actuales son los parteros de ideas de la antigua Grecia.
Creo que el Coaching es un paso adelante en la importancia que el conocimiento personal tiene en la vida real y en el mundo empresarial. Es una herramienta imprescindible para ayudar en la búsqueda y gestión del talento y cualidades personales.
No deberíamos perder nunca el gusto por preguntarnos y por la reflexión. Es deseable tener una actitud de curiosidad infantil ante la vida, que nos lleve a cuestionarnos y a interesarnos por todo, desde lo más insignificante hasta lo más trascendente.
Estas prácticas nada tienen que ver con la autoayuda, ni con un proceso psicológico malentendido. Su base es la razón y la aplicación de la filosofía práctica.
No sería mala idea convertirnos es personajes incómodos al modo socrático y ejercer de parteros de nuevas ideas de la gente que nos rodea familia, amigos, compañeros. Es interesante también la aplicación de este método dialéctico con los niños para enseñarles a pensar por sí mismos. A interrogarse y sacar sus propias conclusiones.
La Filosofía a veces nos parece lejana y abstracta. Pero en realidad es una forma de vivir. Sólo se puede entender de forma práctica y aplicada a la realidad. De esta manera, puede resultar incluso terapéutica. La filosofía está viva, se mueve y cambia para adaptarse.
La verdadera innovación pasa por lo clásico! Deberíamos provocar un nuevo Renacimiento para volver a repensar y a rumiar las ideas antiguas en cabezas modernas.
Cuidado! Puede tener consecuencias peligrosas : podemos convertir gente apática en gente apasionada!
*Si os interesa profundizar en el conocimiento de la aplicación práctica de la filosofía a la vida es muy recomendable el libro: Filosofar como Sócrates (Óscar Brenifier).
Ana Maria López de san Román

Una visión renovadora: La Aceptación



¿Estás dispuesto a buscar la bendición oculta que se encuentra tras la adversidad? ¿Crees en la posibilidad de liberarte de todo aquello que opaca tu vida? La aceptación es un poderoso enfoque que posibilita un cambio de perspectiva radical ante lo que nos acontece. Una visión sutil pero profunda que implica ceder más que oponerse al flujo de la vida.
La aceptación es un enfoque que promueve producir la menor resistencia posible ante lo que ES. Es una perspectiva que aboga por el autocontrol interior y por la reflexión pausada y consciente de lo que nos acontece en forma de experiencias y sucesos determinados. Sin embargo, al contrario de lo que piensa mucha gente, la aceptación no es rendición. La aceptación no significa soportar pasivamente cualquier situación en la que uno se encuentra sin hacer nada al respecto. No tiene absolutamente nada que ver con esa acepción y visión. En palabras del escritor Richard Calson: “La aceptación podría interpretarse como inacción, pero cuando intentas explicarla te das cuenta de que es todo menos eso. A veces exige un mayor esfuerzo que quejarse, enfrentarse o rezongar, como harías normalmente. Pero una vez que experimentas la libertad que aporta, la aceptación se convierte casi en un acto reflejo”.
La aceptación es una sabiduría simple pero profunda que implica honrar y captar el momento tal y como es, siendo activo y coherente para cambiar aquello que haya que modificar, así como paciente y sensato para aceptar aquello que no es susceptible de ser cambiado. Constituye una potente filosofía de vida propia de aquel que busca comandar su existencia. Es una perspectiva que consigue lograr una visión más desapegada de las cosas, nos brinda paz, tranquilidad y presencia. Cuando aceptas plenamente lo que es, te liberas inmediatamente de la resistencia mental y de su identidad que deriva de ella. Te quitas una gran carga de encima, permitiéndote ser tú mismo en todo tu esplendor.
Sin embargo, ¿Por qué continuamente se ven casos de personas insatisfechas, tristes e inseguras que se resisten a la realidad que presencian? ¿Por qué se palpa tanta insatisfacción en la sociedad actual? Esto se debe en gran medida, a que se resisten a lo que es y se aferran a lo que “debería ser”. Creen equivocadamente que el mundo conspira contra ellos. Surge una resignación profunda y una desidia que inmoviliza. Muchísimas personas niegan, se resisten y se quejan acaloradamente de su taciturna realidad, no haciendo nada por cambiarla o aceptarla como parte de la cualidad de ese momento, el cual probablemente encierre un enorme aprendizaje.
La resistencia trae consigo una enorme negatividad emocional, la cual produce acciones negativas en consonancia, tales como ira, desesperación o frustración. Cuando no aceptas, endureces tu ego y creas una fuerte perspectiva amenazadora a tu alrededor. A su vez surge una necesidad compulsiva de emitir juicios, etiquetas y visiones sesgadas de la realidad. Echkart Tolle lo refleja magistralmente en este pensamiento: “La cualidad de tu conciencia en este momento es el principal determinante del tipo de futuro que experimentarás”. Por tanto, adoptar una conciencia de aceptación o de resistencia producirán resultados radicalmente opuestos, y vidas ancladas en la dicha o la desgracia.
Cuando uno adopta una postura de constante aceptación, uno es capaz de percibir la realidad con mayor claridad y edificar sobre suelo firme. Solo a través de la aceptación se puede producir un verdadero cambio positivo e integral. En este estado, la vida se muestra servicial y cooperativa, fruto de una poderosa convicción interna de ser los responsables de los resultados y el destino que perseguimos. La aceptación nos brinda seguridad, confianza y perspectiva para enfrentar los obstáculos que se interpongan en nuestro camino.
Seamos conscientes del enorme beneficio que se consigue al aplicar de manera consistente está visión en nuestro día a día. Al aceptar conscientemente la realidad que sucede a nuestro alrededor, seremos capaces de actuar consecuentemente en función de lo que el momento nos pida. Tomando de esta manera, decisiones acertadas, profundas e integras para desarrollarnos de la mejor manera posible y crecer adecuadamente como personas.
“El primer paso hacia el cambio es la conciencia. El segundo paso es la aceptación”
- Nathaniel Branden
Andrés Cuevas

“VIVIMOS EN UN MUNDO DE HIPERVIGILANCIA, PERO DISTINTO DEL IMAGINADO POR ORWELL”



Armand Mattelart (1936) ha vivido varios siglos en sus 78 años. Su primer recuerdo data de cuando las tropas del Tercer Reich entraron en Boussu-lez-Mons, el pueblo belga en el que vivía con su familia. Era mayo de 1940, y contaba con apenas cuatro años, pero hay imágenes que quedan fijadas en la memoria y no se marchan jamás. Tampoco le abandonaron las imágenes del otro 11-S, el del golpe de estado que derrocó a Salvador Allende. Mattelart llevaba más de una década viviendo en Chile y trabajaba para el gobierno, por lo que tuvo que marcharse a Francia cuando Pinochet se hizo con el poder. Son dos momentos que marcan sociedades radicalmente diferentes: la de la guerra, la de la llegada del capitalismo fordista y la de su final.
Pero a Mattelart le ha dado tiempo a vivir otra muy distinta de sus precedentes, la que da forma a nuestro tiempo. El sociólogo, que está en España con motivo de la publicación de Por una mirada-mundo (Gedisa) y por la concesión de sendos doctorados honoris causa por la Universidad de Málaga y la de Valladolid, tiene claro que hay un instante que define la ruptura, ese 11 de septiembre de 2001 que dio origen político al siglo XXI, y que supuso un “cambio radical en los modos de gobernar”.
Hoy nos encontramos con una enorme variedad de productos culturales a nuestra disposición, pero apenas ninguno de ellos permite otra cosa que ser un consumidorHemos entrado, advierte Mattelart, “en un mundo de hipervigilancia, pero diferente del imaginado por Orwell”. Como explica en su recientemente publicado en Francia Le profilage de la population (La découverte), las técnicas de recolección de datos que facilitan las nuevas tecnologías tienden a perfilar a ciudadanos y consumidores, esto es, a subsumirles en categorías que hagan previsibles sus comportamientos. “Los Estados hacen esta tarea como elemento no tanto para organizar ficheros policiales, lo que es tan viejo como el mundo, como para saber qué servicios demanda la gente, en esa permanente construcción del ciudadano como consumidor”. Por su parte, las empresas utilizan esta recogida de datos continua como tarea de anticipación que prevea los movimientos de los consumidores”. Frente a esta nueva tendencia, los ciudadanos apenas pueden oponer instrumentos de defensa de sus derechos, no porque no existan, “sino porque la rapidez de los cambios tecnológicos han llevado a una desincronización acentuada”.
El presentismo
La velocidad de las transformaciones en que estamos inmersos, así como la aceleración de los procesos, están provocando este enorme desajuste, una de cuyas principales consecuencias es el presentismo, “el dominio de un presente omnipresente”. Para Mattelart, "la actualidad permanente de la conmemoración ha reemplazado a la mirada que se nutre en la historia" o, en otras palabras, “la falta de perspectiva nos lleva a desvincularnos de la historia como ayuda a la comprensión de los que nos pasa”. El ejemplo más claro de este presentismo, asegura, es nuestra visión de la globalización como si fuera un proceso inédito, radicalmente distinto de lo acontecido en la historia de la humanidad. Pero esto no es un corte drástico, aun cuando lo percibamos así.
La historia como mecanismo de comprensión del presente desaparece, del mismo modo que se borran otros instrumentos que nos permitían acceder a un mejor conocimiento de nuestro tiempo y de nosotros mismos. Este viraje hacia la ignorancia tiene un buen ejemplo en la cultura. Mattelart, que cobró fama mundial con Para leer al Pato Donald, un análisis realizado en 1972 junto con Ariel Dorfman acerca de las tiras cómicas producidas por Walt Disney, entiende que ha operado también en ese terreno un cambio drástico respecto al tiempo en que escribió su libro, y no para mejor. “Hoy nos encontramos con una enorme variedad de productos culturales a nuestra disposición, pero apenas ninguno de ellos permite otra cosa que ser un consumidor”. Según apunta Mattelart, lo que hemos perdido por el camino es el concepto de servicio público, entendido como mucho más que la provisión estatal de recursos. “En Francia, la cadena que más suelo ver es Arte, que está muy bien, pero que se ha hecho elitista y solamente un tipo de público la entiende. La cultura de masas, por su parte, se ha hecho espectacular, por lo que no te permite pensar. Es más, no ayuda en nada a ello”.
Los padres protestan porque ven que la educación no sirve a sus hijos para conseguir un trabajo y los jóvenes porque perciben la necesidad de otro tipo de educación
Una situación muy similar opera en el entorno de la información. Cada vez hay más medios, hay más noticias a nuestro alcance y tenemos más posibilidades de acceder a fuentes plurales, pero carecemos de los instrumentos que nos permitirían analizar este cúmulo ingente de datos. “Vivimos en la saturación informativa, y las instituciones que nos socializan, como la educación, no llegan a formarnos para que seleccionemos entre todo lo que recibimos. En muchos países se está reflexionando sobre la necesidad de que la educación nos prepare en este aspecto ya desde la escuela primaria. No podemos discutir el problema de los medios sin discutir antes de las fuentes de la producción del entendimiento. Hoy no se trata de tener acceso a los medios, sino de cómo se va a comprender lo que recibimos. Creo mucho en una reflexión paralela sobre la escuela y las instituciones educativas”.
También por esta razón, cree Mattelart que el foco de los próximos tiempos va a estar en el terreno educativo, en tanto todos conocemos de su importancia para nuestro futuro. Y esto es lo que hace que se esté fraguando un nuevo tipo de conciencia política. “Los padres protestan porque ven que la educación que reciben sus hijos no les servirá para tener un trabajo y los jóvenes porque perciben la necesidad de otro tipo de educación”. Eso está produciendo un buen número de rebeliones estudiantiles (“en Canadá, Chile o México ha habido movimientos muy interesantes y en Francia los estudiantes van a salir a la calle dentro de poco”) pero también una nueva alianza intergeneracional, que junto con la pauperización de las clases medias, hará que el deseo de cambiar la sociedad y cambiar el sistema sea cada vez más insistente.