viernes, 1 de enero de 2016

EL TRUCO PARA SABER SI UN POLÍTICO MIENTE



Un grupo de sociólogos ha analizado los discursos de los políticos que más nos engañan y han encontrado una peculiaridad en ellos a la que han llamado "efecto Pinocho"
Echando un simple vistazo a la opinión que los españoles tienen de sus políticos y las calificaciones que estos suelen obtener en la encuesta del CIS, cabe pensar que nos fiamos más bien poco de nuestros mandatarios. En un momento en el que la reputación de los políticos está bajo mínimos, tendemos a sospechar aún más de sus discursos. No obstante, hay diversas investigaciones que nos ayudan a identificar a los mentirosos cuando hablan en público o escriben un texto largo. La clave no se encuentra únicamente en los gestos –como aquella bajada de ojos de Bill Clinton al afirmar que no conocía a Monica Lewinsky–, sino en las palabras que salen de su boca.
La clave se encuentra en el tamaño, señala una investigación publicada este año en 'Discourse Processes'. Concretamente, en la longitud de las oraciones que pronuncian o escriben los políticos. Cuanta más larga y alambicada sea una frase, más probabilidades existen que su autor nos esté mintiendo, señala el estudio: “Los políticos que mienten utilizan más palabras y oraciones negativas que los que dicen la verdad tanto en entornos guionizados como interactivos”. Por el contrario, si una respuesta es corta y va al grano, es más probable que sea sincera.
Cuando mentimos, añadimos detalles innecesarios para hacer que parezca una historia más creíble
Los investigadores analizaron léxicamente a través del programa LIWC (Linguistic Inquiry and Word Count) diversas aseveraciones tanto ciertas como falsas que habían recogido de la página web Politifact, que revisa las afirmaciones de los políticos para comprobar su veracidad. La verborrea es un signo de que la persona con la que estamos hablando nos engaña, tanto si lo ha preparado como no.
Estos resultados son coherentes con lo que expusieron tres agentes de la CIA, Philip Houston, Michael Floyd y Susan Carnicero, en su libro 'Spy the Lie. Former CIA Officers Teach You How to Detect Deception' (St. Martin's Press). En él señalaban que las constantes referencias a nuestra honestidad, en forma de adverbios de refuerzo (“sinceramente”, “con franqueza”), nos deberían hacer sospechar.
Es lo que los investigadores llaman el “efecto Pinocho”. Cuando mentimos, “añadimos detalles innecesarios para hacer que parezca una historia más creíble”, como afirmaba la profesora de Sociología de la Universidad de Winsconsin Lyn van Swol, autora del estudio. Pero no se trata únicamente de que un mayor número de palabras haga pasar nuestras mentiras por verosímiles, de igual manera que determinados escritores consiguen introducir al espectador en un mundo fantástico preocupándose por el más mínimo detalle en sus descripciones.
También, un discurso lleno de matices, subordinadas y paráfrasis nos ayuda a evitar la simple y directa mentira, que siempre resulta mucho más costosa psicológicamente. Pensemos, por ejemplo, que vamos a mentir a nuestra pareja cuando nos pregunta por qué hemos llegado tan tarde. De acuerdo que no vamos a responder “porque he estado en el bar”, pero es probable que no nos limitemos a soltar “porque había atasco”. Lo más probable es que ofrezcamos una larga respuesta, en plan “porque he salido de trabajar un poco más tarde que de costumbre, así que me he encontrado con el atasco de la autopista de circunvalación, y una vez que he conseguido llegar al barrio, me he dado cuenta de que tenía que comprar tabaco”. ¿Verdad que suena más creíble? Pues mientes.
¿Mentir yo?
Cabe otra posibilidad, y es que el mentiroso tenga tanta confianza en sí mismo que ni siquiera se dé cuenta de que está engañando a nadie. Es lo que sugiere una investigación firmada por Anna Elisabetta Galeotti y publicada este mismo verano en la revista 'Political Studies'. La autora sugiere que, en realidad, los políticos no son maestros del engaño, sino que simplemente, se creen sus propias mentiras. Ello provoca que sean tan convincentes en sus engaños y que en tantos casos no tengan ninguna clase de reparo moral a la hora de proporcionar información incorrecta.
Como explicaba la autora, “el autoengaño es una clase de irracionalidad motivada, es el arte de creer algo simplemente porque se desea que sea cierto cuando la evidencia apunta que no lo es”. Ello tiene una relación estrecha con la imagen que tenemos de los poderosos. “Un líder carismático es persuasivo en consonancia con sus convicciones y fe; un mentiroso cínico y cuyo único interés es él mismo es fácil de detectar y raramente puede convertirse en un líder carismático”. Así pues, el político exitoso no es aquel que miente mejor, sino aquel que mejor sabe engañarse a sí mismo.

EL PODER DE LA MENTE EN BLANCO



 Andy Puddicombe es uno de los máximos responsables de la fiebre del ‘mindfulness’, una técnica de meditación budista

Ante la sobrecarga de estímulos a la que vivimos expuestos y la vorágine del mundo contemporáneo, nuestra mente necesita algo de espacio para respirar. Por eso triunfa el mindfulness, esa suerte de meditación alejada de la espiritualidad y adaptada al carácter occidental. Su cabeza visible (y rapada) es Andy Puddicombe (Bristol, 1972), exmonje budista y graduado en artes del circo, pero, sobre todo, cofundador junto con el creativo publicitario Rich Pierson de la aplicación Headspace.
El ‘mindfulness’ se practica en las oficinas de Google y en el Ejército de Estados Unidos
Más de 1,6 millones de personas en 150 países utilizan esta app de salud, que es de las más populares en el mundo. A través de ella, con tan solo meditar 10 minutos al día, aseguran, se puede llevar una vida libre de ansiedad y pensamientos negativos.
Entre sus usuarios están grandes compañías como Google, los marines del Ejército estadounidense o celebridades como Gwyneth Paltrow o Emma Watson. La empresa colabora con las aerolíneas Virgin Atlantic o la cadena de hoteles Westin: en sus aviones y hoteles se puede utilizar la aplicación.
Puddicombe tiene buen perfil mediático, lo que seguramente le ha ayudado en su misión de difundir la meditación budista en su actual encarnación, lejos de todo misticismo o tinte religioso. Sus inicios como mentor tuvieron lugar en el adinerado barrio londinense de Kensing­ton, donde empezó a tener como clientes a altos ejecutivos, parlamentarios o futbolistas de la Premier League británica. Gente, por lo general, con demasiadas cosas en la cabeza. Su charla TED, en la que explica su doctrina haciendo malabares, se ha hecho muy popular.
¿Cómo desconectar?
Aunque según la Real Academia Española la palabra meditar signifique reflexionar sobre las cosas, el mindfulness consiste justamente en lo contrario: liberar la mente de ellas. Ni siquiera se trata de poner la mente en blanco, como algunos pretenden, sino de dar un paso atrás y observar cómo los pensamientos brotan por doquier para, después, dejarlos irse de la misma forma en que vinieron. Cosa nada fácil, porque cuando uno se pone a meditar lo más sorprendente es la cantidad de imágenes y pensamientos inopinados que van apareciendo, aparentemente al azar, desde todos los lugares de la existencia.
¿Por qué me ha saltado ahora a la cabeza aquella persona, aquel lugar, aquel sentimiento? ¿Por qué no dejamos de preocuparnos por cosas (casi todas) que no merecen tal inquietud? “Es algo muy extraño, ¿no?”, dice Andy Puddicombe, experto en meditación. “Pero es parte del ser humano y no es nada negativo, solo tenemos que estar cómodos con ello”, continúa. Esto es la meditación: vivir concentrado en el momento, aquí y ahora. “Cuando como, como. Cuando duermo, duermo”, resume un proverbio zen.
A pesar de todo, Puddicombe no se considera un gurú, sino justamente lo contrario: un antigurú que ha secularizado la meditación. “Mindfulness puede aplicarse a todos los aspectos de la vida, desde cepillarse los dientes hasta almorzar. Esto significa que puede ser fácilmente incorporado a la rutina diaria. Por supuesto, cuanto más medites, más fácil es aplicarlo a estas actividades”, dice el exmonje.
¿Cómo un joven universitario acaba en el Himalaya entrenando su mente para ser monje budista? En 1994, cuando Puddicombe tenía 22 años, perdió a su hermanastra, que fue arrollada cuando iba en bicicleta, y a su exnovia, que falleció en una operación de corazón. No fue todo: dos amigos murieron atropellados por un conductor borracho en una fiesta de Navidad en la que Puddicombe estaba presente. Impactado por el dolor y la fragilidad de la vida, decidió dejar su carrera y viajar hacia Oriente, donde pasó 10 años preparándose en lugares como India, Tíbet o Nepal.
Normalmente, en un retiro, uno se levanta a las tres de la madrugada y medita hasta las diez de la noche, “así que no hay mucho que contar”, explica sobre su vida allí. “No es una experiencia para todo el mundo. Pero hacerse monje es un viaje vital que implica estar menos absorbido por uno mismo y volverse más calmado, compasivo, amable”. Después de ordenarse monje budista tibetano, regresó y se puso a contar la buena nueva: la meditación.
Y lo hizo a través de los dispositivos móviles. “La tecnología nos ha ayudado mucho. En 3.000 años de historia de la meditación nunca hubo esta manera de llegar a tanta gente, y hay que estar agradecido”. Pero reconoce que también representa un reto para muchas personas. “Las constantes notificaciones, alertas y actualizaciones de las redes sociales pueden hacernos sentir derrotados y faltos de contacto con la gente que más nos importa. Eso puede tentarnos a rechazarla, pero yo prefiero algo más moderado. Hacer un uso mindful de la tecnología”.

DÓNDE TE ESTÁ PERMITIDO TOCAR A LOS DEMÁS (Y DÓNDE NO), SEGÚN UN ESTUDIO DE OXFORD



Un grupo de investigadores ha realizado diferentes mapas corporales que recogen aquellas zonas donde está socialmente permitido rozar y aquellas otras donde deberíamos tener más cuidado
La globalización ha provocado que cada vez sea más frecuente que en nuestro día a día laboral nos veamos obligados a saludar a personas de todos los rincones del mundo con sus propias costumbres, que varían significativamente de un sitio a otro. ¿Dar dos besos o mejor la mano? ¿Está bien apretar el codo de la persona que acabamos de conocer o es suficiente con un saludo verbal y una sonrisa? Por lo general, tendemos a bajar el listón y limitarnos a estrechar la mano, el gesto de saludo y reconocimiento mutuo más habitual.
Una investigación realizada por psicólogos de la Universidad de Oxford y la de Aalto en Finlandia que ha sido publicada en el último número de 'Pnas' acaba de desvelar de qué manera reacciona cada una de las culturas al contacto físico que, no nos olvidemos, es muy importante en nuestra relación con las personas que nos rodean. “Nuestros resultados indican que tocar es una manera muy importante de establecer relaciones sociales”, ha señalado la investigadora finlandesa Juulia Suvilehto. “El mapa espacial se asocia de manera estrecha con el placer causado por el toque. Cuanto más placer cause tocar un área específica del cuerpo, seleccionaremos más a quien dejemos que la toquen”.
Los británicos están menos inclinados al contacto personal y, sorprendentemente, los italianos detestan aún más que los rusos ser rozados por desconocidos
A grandes rasgos, explica la investigación, no hay diferencias sustanciales entre las cinco nacionalidades de los 1.300 participantes que han sido analizadas (finlandeses, ingleses, franceses, italianos y rusos, es decir, una mayoría de europeos). Todos ellos, que debían señalar dónde dejarían tocar a cada una de las personas que les rodean (madre, padre, amigos, conocidos, desconocidos...) coincidían en permitir a los conocidos tocar más partes del cuerpo, aunque los británicos están menos inclinados al contacto personal y, sorprendentemente, los italianos detestan aún más que los rusos ser rozados por desconocidos. Los finlandeses son los que en términos generales se muestran más cómodos con el contacto ajeno.
Lo que resulta menos sorprendente es que las mujeres muestren en términos generales una mayor propensión a tocar y ser tocadas que los hombres, mucho más distantes. Basta con echar un vistazo a la ilustración realizada por los propios investigadores para descubrir algunas peculiaridades en nuestro contacto con los demás. Por ejemplo, mientras las mujeres permiten que sus hermanas o madres toquen sus zonas genitales, los hombres rechazan cualquier contacto físico en dichas partes realizado por sus familiares; ellos detestan que los desconocidos les toquen la cabeza, pero ellas no; o los hombres no tienen problemas en que un desconocido les toque cualquier parte (y cuando decimos 'cualquiera', queremos decir 'cualquiera') siempre y cuando sea una mujer.
“Es la clase de relación más que la familiaridad lo que de verdad importa”, ha explicado el profesor de la Universidad de Oxford y principal responsable del estudio Robin Dunbar. “Un amigo al que no hemos visto durante mucho tiempo todavía podrá tocar zonas que un desconocido al que vemos cada día no podría”. Es evidente. ¿Dejarías que tu jefe, por mucho que le vieses día tras día, tuviese la misma confianza contigo que tu primo, aunque sólo le veas de Pascuas a Ramos?
El mismo gesto puede ser interpretado de muchas maneras diferentes y tiene distintas implicaciones sexuales, de ahí los aparentes desencuentros entre sexos: “Desciframos cada toque dependiendo del contexto de la relación”, recuerda Dunbar. “Podemos percibir un toque en determinada zona de un conocido o un amigo como un gesto reconfortante, mientras que de una pareja podría ser más placentero y, de un desconocido, totalmente inoportuno”. De ahí que los hombres no tengan problema en que una desconocida roce sus partes pudendas: probablemente la interpretación que den a ello sea en todos casos el de un cortejo sexual, al contrario de lo que ocurre con las mujeres, que probablemente lo sentirán como una agresión.
Incluso en una era de comunicaciones móviles y medios sociales, el contacto es todavía importante para establecer y mantener lazos entre la gente
En líneas generales, sugiere el estudio, si no conocemos a la persona podemos seguir haciendo lo que siempre hemos hecho: dar la mano tanto a hombres o a mujeres, puesto que es un gesto que agrada a todo el mundo, mientras que los dos besos son mucho más invasivos. “Incluso en una era de comunicaciones móviles y medios sociales, el contacto es todavía importante para establecer y mantener lazos entre la gente”, recuerda Dunbar. Así que se puede mirar y tocar… Siempre y cuando tengamos cuidado dónde y de qué manera.

10 PELÍCULAS DE RECURSOS HUMANOS Y SELECCIÓN



A continuación citaré algunos títulos de películas y alguna que otra serie que giran en torno a la temática de la gestión de RRHH.
Es interesante ver como el mundo de RRHH ha inspirando a muchos guionistas de cine y TV.
Además de hacer un uso privado con los siguientes títulos puede ser muy interesante verse algún film en grupos en la jornada laboral, ya que pueden hacer reflexionar, compartir ideas y opiniones sobre diversos temas.
1# El método (2005) por Marcelo Piñeyro
Varios aspirantes se presentan a la prueba de selección de un puesto ejecutivo en una empresa multinacional.
El triunfador, el agresivo, la mujer insegura, el crítico, el indeciso…
En un clima de tensa competitividad, el miedo y las dudas se irán apoderando de los participantes, que caen en un estado de paranoia….
2# It’s a free world… (2007) por Ken Loach
Es un drama ambientado en Gran Bretaña donde 2 protagonistas deciden abrir una agencia de trabajo temporal para inmigrantes.
Pronto se dan cuenta de que su empresa se mueve en un mundo en el que la mano de obra es muy barata y las leyes nunca se aplican.
 3# Recursos humanos (1999) por Laurent Cantet
A un joven universitario lo contratan como pasante en el departamento de RRHH de una fábrica francesa.
Lleno de ilusión e ingenuidad, está convencido de que sus esfuerzos servirán para que los sindicatos y la dirección alcancen un acuerdo sobre la jornada laboral.
Sin embargo, pronto se da cuenta de que su trabajo está, en realidad, al servicio de una reorganización de la empresa, que implica una reducción de la plantilla.
 4# Bienvenido a Farewell-Gutmann (2008) por Xavi Puebla
El departamento de Recursos Humanos de la empresa farmacéutica Farewell-Gutmann ha perdido a su abnegado director, pero Lázaro, Adela y Fernando no lo echarán en falta.
Todavía caliente el cuerpo del difunto, sus sacrificados subordinados inician la carrera por la sucesión.
 5# The Office (2005-2013) protagonizada por Steve Carell
En este caso se trata de una serie de TV de comedia estadounidense.
La serie trata la vida diaria de los empleados de la oficina de Scranton (Pensilvania) de la compañía de papel ficticia Dunder Mifflin. Aunque la serie es de ficción y tiene guiones, se trata de un falso documental, ya que los actores advierten la presencia de las cámaras.
 6# The Company Men (2010) por John Wells
Bobby Walker (Ben Affleck) tiene un buen trabajo, una familia estupenda y un espectacular porsche en el garaje. Cuando, de manera inesperada, su empresa decide reducir la plantilla, él y muchos compañeros se quedan en el paro. Sus superiores (Chris Cooper y Tommy Lee Jones) poco pueden hacer para ayudarle, porque tampoco ellos tienen asegurado su puesto en la empresa. Bobby tendrá entonces que replantearse su vida y su papel como marido y padre.
 7# Up in the air (2009) por Jason Reitman
George Clooney es un consultor de outsourcing, frío y efectivo.
Despide personas por todo Estados Unidos con la gran crisis de empleo.
El ama su trabajo y considera que la desgracia de unos es la oportunidad de éxito para otros.
La película trata el tema del outsourcing, los despidos masivos, situaciones de violencia en las entrevistas de salida, internas entre los consultores, el outsourcing por call center…
 8# El viaje del director de recursos humanos / The Human Resources Manager (2010) por Eran Riklis
Una tragicomedia centrada en el gerente de recursos humanos de la mayor panadería industrial de Israel, que se dispone a salvar la reputación de su negocio y evitar la publicación de un artículo difamatorio.
 9# La cuestión humana / La question humaine (2007) por Nicolas Klotz
Simón es un psicólogo en el departamento de RRHH. Su trabajo consiste fundamentalmente en entrevistar a posibles trabajadores pero un día el co-director de la multinacional le pide que le haga a éste una evaluación psiquiátrica. Simón se siente atrapado, pero intenta hacer el trabajo de la forma más objetiva y aséptica posible.
 10# Exam (2009) por Stuart Hazeldine
Similar a “El método”.
Tensión psicológica que nos sitúa en un escenario opresivo donde un grupo de candidatos competirán por hacerse con un jugoso puesto de trabajo. Las reglas son simples: nada de preguntas, nada de salir de la habitación y, por último, nada de estropear el folio del examen (un folio que, por otra parte, está en blanco). Tienen 80 minutos.