sábado, 10 de septiembre de 2016

LOS CONSEJOS PARA QUE LEAS MÁS RÁPIDO, SEGÚN LOS MAYORES EXPERTOS



La falta de tiempo libre sirve como excusa comodín para todo aquello que no resulta prioritario en nuestra vida, pero es fácil terminar los libros antes
Hasta su fallecimiento el pasado octubre, la bibliotecaria estadounidense Harriet Klausner logró completar 31.014 críticas de libros en el portal Amazon, la mayor cifra alcanzada nunca por un usuario de la conocida librería.
Aunque Klausner fue atacada por numerosas personas que aseguraban que era imposible que se leyera tantos libros, ella defendió siempre que había consumido todas las novelas sobre las que hablaba, si bien algunas eran tan cortas que podía cepillárselas en sólo una hora; sobre todo las del género romántico, uno de su preferidos.
La bibliotecaria se confesaba “una friki de la lectura rápida”, capaz de ventilarse de media dos novelas al día, pero no cabe duda de que tenía el mejor trabajo para leer. La mayoría de nosotros tenemos obligaciones laborales y familiares que nos impiden leer tanto. Y es algo que para muchas personas resulta frustrante.
Según una encuesta del Centro de Investigación Sociológica (CIS), el 35% de los españoles no lee “casi nunca” o directamente “nunca”, pero de estos sólo un 42% reconoce que no le gusta hacerlo o no le interesa; el resto asegura no tener tiempo.
De nuevo, la falta de tiempo libre sirve como excusa comodín que vale para todo aquello que no resulta prioritario en nuestra vida. Es obvio que la mayoría de nosotros leeríamos más si nos quedáramos todo el día en casa sin nada que hacer o estuviéramos presos, como León Trostki, que en los dos años que estuvo encarcelado no se dedicaba a otra cosa y se ventiló casi toda la biblioteca del penal. Pero hay muchos ejemplos de personas tremendamente ocupadas que, aun así, sacaban o sacan tiempo para leer.
El 35% de los españoles no lee “casi nunca” o directamente “nunca”, pero de estos sólo un 42% reconoce que no le gusta hacerlo o no le interesa
Agatha Christie leía 200 libros al año; Thedore Roosvelt uno al día, o incluso dos o tres si tenía una noche tranquila; los gurús de la tecnología Elon Musk, Bill Gates o Mark Zuckerberg son ávidos lectores que logran leer varios libros a la semana; el inversor Warren Buffet tiene como hábito leer 500 páginas al día; y de Winston Churchill se dice que leyó más de 5.000 libros en toda su vida: más de siete al mes, cada mes durante 60 años.
¿Cómo lo lograron? Desde luego no hay una receta única, pero todos podemos leer más si seguimos una serie de consejos: los mismos que siguen los más ávidos lectores de nuestro tiempo.
1. Utiliza las técnicas de lectura rápida
Como es lógico, leer más rápido puede ayudarnos a leer más, y existen una serie de técnicas que incrementan la velocidad con la que pasamos las páginas sin detrimento de la comprensión de las mismas.
La velocidad promedio de lectura en Europa está entre 200 y 250 palabras por minuto, pero es relativamente sencillo elevar la cifra a 400
El escritor británico Tony Buzan es uno de los pensadores que más ha explorado las técnicas de lectura rápida, tan pronto se dio cuenta de que algunos compañeros de su clase leían más rápido que él. En 'El libro de la lectura rápida' (Urano), Buzan asegura que esta técnica cambió su vida pues, “en lugar de leer, no sé, 1.000 libros en mi vida, ahora quizás lea unos 2.000”.
Exageraciones a parte, hay una serie de técnicas que mejorar nuestra habilidad lectora. Estas deben entrenarse (hay numerosos cursos destinados a tal fin) pero también pueden practicarse de forma autodidacta. Existen dos principios básicos:
Reducir el tiempo que gastas en cada línea
Es posible leer más rápido si entrenas la vista para capturar más información en cada vistazo. El truco consiste en hacer pequeños saltos, y recoger el máximo contenido en el mínimo contenido posible. Esta es la clave principal de las técnicas de lectura rápida, que es posible entrenar. La velocidad promedio de lectura en Europa está entre 200 y 250 palabras por minuto, pero es relativamente sencillo elevar la cifra a 400, lo que nos permite leer mucho más. Los campeones de lectura rápida pueden llegar a procesar más de 4.000 palabras por minuto comprendiendo a la perfección lo que han leído.
Aprender a no releer
Un lector normal pasa hasta un 30% de su tiempo de lectura releyendo las mismas partes del texto, que no ha comprendido. Si no es por puro gusto, esta práctica nos hacen perder el tiempo con algo que ya deberíamos haber procesado. Por ello es tan importante la concentración: cuánto menos distraídos estemos, menos tendremos que volver sobre las mismas páginas.
2. Si no te gusta un libro, déjalo
Nunca en la vida lograrás leerte todos los libros editados que podrían gustarte, por lo que (razones laborales aparte) no hay ninguna razón para que te acabes uno que no te está gustando.
Con la edad nos hacemos más selectivos: somos menos fácilmente impresionables, por lo que descartamos lo que no nos gusta con más rapidez
Klausner reconocía que de entre los más de 30.000 libros que criticó, no se había terminado muchos de los que habían recibido una puntuación negativa. “Si un libro no me interesa cuando llego a la página 50, dejo de leerlo”, aseguró en una entrevista con 'The Wall Street Journal'.
La mayoría de críticos literarios hacen lo mismo que Klauner. “Hay una cantidad de libros limitada que puedo leer a lo largo de mi vida, y no voy a perder el tiempo con basura” reconocía en una columna la periodista de 'The Times' Jenni Russell. En su opinión, además, con la edad nos hacemos más selectivos: somos menos fácilmente impresionables, por lo que descartamos los libros que no nos gustan con más rapidez.
3. Establece rutinas
Tan importante es aprovechar todo el tiempo disponible para leer como liberar momentos en los que puedas hacerlo con tranquilidad. Bill Gates, por ejemplo, siempre lee durante una hora en la cama antes de dormir, independientemente de la hora a la que se acueste, una rutina que, según afirmó a 'The Seattle Times', ya es parte insoslayable de su proceso de conciliación del sueño.
Si nos dedicamos por la noche a ver la tele o trastear en internet, lógicamente leeremos menos y, además, dormiremos peor
Por desgracia, no todos tenemos tanta fuerza de voluntad como el fundador de Microsoft y, aunque tratemos de leer en la cama antes de dormir, nos quedamos fritos pasados un par de páginas. ¿El secreto para evitarlo? Empezar a leer antes y, si tenemos tendencia a caer muertos en cuanto nos ponemos en horizontal, evitar llevarnos la lectura a la cama.
Como decíamos con anterioridad, para leer más es necesario establecer esta actividad como prioritaria. Si nos dedicamos por la noche a ver la tele o trastear en internet lógicamente leeremos menos y, además, dormiremos peor, pues la luz que desprenden los dispositivos electrónicos interfiere en un correcto descanso (ojo por tanto con leer en la tablet).
4. Aprovecha cada momento libre
Cierto es que la mayoría de nosotros no podemos leer alegremente en el trabajo y cuando llegamos a casa tenemos numerosas tareas familiares. Por ello, para leer más, es importante aprovechar cada minuto improductivo de que dispongamos.
El trayecto al trabajo es un buen ejemplo. Según una investigación del servicio de estudios de La Caixa, realizada en 2008, los españoles dedican de media 57 minutos diarios en ir y volver del trabajo, un tiempo que aumenta significativamente en ciudades como Madrid y Barcelona, donde no es raro emplear a diario dos horas en el trayecto. Si en vez de desplazarnos en coche utilizamos el transporte público podremos emplear todo ese tiempo en leer.
Pero el desplazamiento al trabajo no es el único momento tonto del día que podemos aprovechar avanzar en nuestras lecturas. Como explica en la BBC la periodista y 'coach' literaria Glynis Kozma, aunque es muy recomendablre, puede ser muy difícil sacar una hora para leer todos los días antes de acostarnos. Es más sencillo, por ejemplo, leer 20 minutos mientras esperas a que se haga la cena. “Utiliza cada cuarto de hora libre que tengas”, concluye.
5. Concéntrate
Tus lecturas serán más productivas si logras concentrarte. A veces no nos queda otra, pero si sólo leemos en entornos con muchas distracciones y tenemos que interrumpir la lectura cada pocos minutos no lograremos coger el ritmo que nos permite ir más rápido.
Cierto es que hay personas acostumbradas a leer con música de fondo, pero la ignoran por completo mientras están enfrascados en la lectura
En ocasiones no es tan importante el entorno (hay gente que lee de maravilla en el metro), sino las distracciones a las que nos exponemos de 'motu propio'. El móvil es un buen ejemplo: es imposible leer en condiciones si estás atendiendo cada minuto a las notificaciones que te llegan.
Merece la pena recordar que la multitarea es un mito, y si estás leyendo, por ejemplo, no puedes estar escuchando música al mismo tiempo. Cierto es que hay personas acostumbradas a leer con música de fondo, pero la ignoran por completo mientras están enfrascados en la lectura. Si notas que la música te distrae trata de leer en silencio.
6. Lleva siempre un libro encima
Los grandes lectores tienen siempre una cola de libros esperando y llevan uno o dos encima, para empezar a leer el texto siguiente en cuanto han acabado el anterior. Si tratas, por ejemplo, de leer un libro por semana, el cambio entre uno u otro sucederá en cualquier momento y si no llevas el reemplazo encima perderás valiosos minutos en tu próxima lectura. Además, nunca sabes cuándo vas a tener tiempo para leer: si tienes siempre un libro contigo no estarás obligado a echar mano de las revistas del corazón de las salas de espera, ni te moriras de aburrimiento si tu avión se retrasa. 
Ni qué decir tiene que cada libro tiene una duración, hay pequeños relatos que se pueden leer en menos de una hora y grandes volúmenes para los que necesitaremos un mes: organízate de tal manera que nunca te quedes sin un libro del que echar mano.

LOS DIEZ SUPERALIMENTOS QUE NO PUEDEN FALTAR EN TU DIETA



¿Qué alimentos deberíamos incluir en nuestra dieta para prolongar el estar morenos, cuidar el cabello o eliminar los kilos de más? Elena de la Fuente, nutricionista de Clínica Londres, lo tiene claro. “Debemos identificar aquellos alimentos cuyo potencial nutritivo o valor nutricional los haga interesantes desde el punto de vista de la salud, bien sea por su alta concentración en antioxidantes, grasas saludables o vitaminas.”
Aunque la clave en nuestra salud está en una dieta equilibrada y variada, también es importante no descuidar las horas de sueño o el ejercicio. El objetivo, sobrellevar la incorporación al trabajo con energía o bien deshacernos de los kilitos ganados. “En ocasiones nos dejamos llevar por alimentos exóticos, cuando lo ideal es consumir los de proximidad, aquellos que han formado siempre parte de la dieta mediterránea, como el aceite de oliva o el ajo”, explica la nutricionista.
Aceite de oliva virgen extra
Ayuda a disminuir el colesterol
Este imprescindible de la dieta mediterránea vale su peso en oro. Destaca por sus “propiedades antioxidantes, su capacidad para disminuir el colesterol malo o para prevenir el envejecimiento prematuro” cuenta la nutricionista.
Ajo negro
Diez veces más antioxidante que el ajo corriente, refuerza el sistema inmunitario eliminando la fatiga, mejorando la resistencia y previniendo los resfriados. Por si fuera poco “disminuye el colesterol malo y la presión sanguínea, pero además es diurético, antibiótico y antiséptico”.
Quinoa
Energética y sana. Este pseudocereal que se puso de moda hace un par de años aporta proteínas de alto valor biológico, es rico en fibra y facilita la digestión. “Su aporte de hidratos de carbono complejos es una gran fuente de energía diaria por lo que es perfecta para tomarla cada semana con verduras salteadas o en ensaladas frías” asegura Elena de la Fuente.
Alga Chlorella
“Compuesta en un 45% de proteínas, 20% de grasas, 20% de carbohidratos, 5% de fibra y 10% de vitaminas y minerales” explica la nutricionista, “es perfecta para reforzar el sistema inmunitario con los cambios de estación, desintoxicar el hígado, el intestino y la sangre.”
El jengibre es perfecto en época de resfriados y alergias, mejora el dolor menstrual, las migrañas y el estrés
Algas Kelp
Esta alga rica en minerales como el yodo y el calcio te vendrá genial a la vuelta del verano porque “ayuda a controlar el peso, elimina toxinas por su alto contenido en fibra, fortalece el cabello y las uñas, y regula el funcionamiento de la glándula tiroides” explica la nutricionista. Además, “aunque no estemos acostumbrados a incluir las algas en nuestra alimentación son una manera estupenda de cuidar la línea y darle un toque diferente a nuestras sopas y ensaladas”, añade.
Jengibre
Lleno de posibilidades, es excelente para darle un toque picante a nuestros platos o a modo de infusión, para acelerar nuestro metabolismo y mejorar la digestión. Rico en vitaminas, minerales y aminoácidos “tiene un gran poder antiinflamatorio y favorece la expectoración, por lo que es perfecto en época de resfriados y alergias, mejora el dolor menstrual, las migrañas y el estrés” asegura Elena de la Fuente.
Sacha Inchi
Esta semilla oleaginosa muy rica en ácidos grasos insaturados y baja en ácidos grasos saturados es un gran aporte de vitaminas A y E. “En Clínica Londres recomendamos su aceite para aliñar ensaladas. Eso sí, debe ser de cultivo ecológico y prensado en frío. Aunque todavía no es muy conocido, nos encanta porque refuerza el sistema inmunológico, reduce el colesterol y la tasa de triglicéridos, tiene propiedades antiinflamatorias y ayuda a retrasar el proceso de envejecimiento” explica la nutricionista.
Lenteja roja
Rica en zinc, selenio, hidratos de carbono, proteínas, vitaminas y ácido fólico es perfecta para añadir a nuestros purés o para tomar en deliciosas ensaladas frías. “Lo mejor de todo es que estas lentejas son increíblemente digestivas por lo que son perfectas para personas con problemas intestinales, digestiones lentas o propensas a las flatulencias, entre otras cosas porque no tienen la típica piel u hollejo. También son muy recomentables las judías azuki o las lentejas depuy.”
Espirulina
Ayuda a perder peso y combate la fatiga
Este alga microscópica de color verde y azulada, que crece en lagos alcalinos, es rica en proteínas, vitaminas del grupo B, magnesio, fósforo, hierro, betacarotenos y ácidos grasos esenciales. “Se puede añadir una cucharada a nuestros batidos porque tiene un gran poder saciante, que la hace perfecta para la pérdida de peso. También puede utilizarse como suplemento nutricional o en dietas para deportistas, porque ayuda a combatir la fatiga” explica Elena de la Fuente.
Frutos rojos
Prolongan el bronceado. Perfectos para darle un toque cítrico a tu desayuno, los frutos del bosque son ricos en fitoquímicos y flavonoides, que ayudan a prevenir algunos tipos de cáncer, así como en carotenoides y antocianos. “Los antocianos protegen el organismo de los radicales libres dañinos, así como de los rayos ultravioleta. Además, fortalecen y conservan el colágeno del cuerpo, por lo que suelen incluirse en tratamientos para mejorar la elasticidad de la piel.”
El té kombucha mejora problemas digestivos y de tránsito intestinal, fortalece el cuero cabelludo, ayuda a sobrellevar alergias y aumenta la energía
Y tres infusiones 'must have'
Té kukicha o té de tres años
Contrarresta la acidez estomacal y ayuda a quemar grasas. Si este verano te has saltado la dieta, tus comidas han sido bastante copiosas y tus digestiones se han convertido en una pesadilla, incluye en el desayuno una taza de kukicha. Este té originario de Japón es el mejor remedio para neutralizar la acidez estomacal. Rico en zinc, flúor, manganeso, calcio y antioxidantes, ayuda a remineralizar y quemar grasas en un tiempo récord. ”Gracias a su capacidad para alcalinizar el pH, es la bebida ideal para quienes han llevado una alimentación poco saludable o excesiva en carne y lácteos durante el verano. Además, evita los problemas asociados a la acidosis del cuerpo, como el sobrepeso o las afecciones renales” explica la nutricionista Elena de la Fuente.
Té kombucha o té de la inmortalidad
Combate la depresión post vacacional, energiza y fortalece el cuero cabelludo. Conocido como el té de la inmortalidad por la medicina tradicional china, cuenta con propiedades depurativas, antioxidantes, energéticas y reconstituyentes del sistema inmunológico. “En poco tiempo se ha convertido en una de las bebidas probióticas de moda y no es de extrañar, ya que es un verdadero antibiótico natural que mejora problemas digestivos y de tránsito intestinal, fortalece el cuero cabelludo, ayuda a sobrellevar alergias y mejora los niveles de energía. Es perfecta para retomar la vuelta al trabajo” asegura la nutricionista.
Té de cúrcuma
Combate los radicales libres, embellece la piel y la calma tras la exposición solar. Esta planta utilizada desde hace cientos de años en la medicina ayurvédica tiene unos increíbles beneficios tomada a modo de infusión. Mejora la salud gastrointestinal, alivia las digestiones difíciles y mejora la acidez. Por si fuera poco, “contrarresta los radicales libres, tiene una potentísima acción antiinflamatoria, es antidepresiva y ayuda a conseguir una piel más bonita por su capacidad para combatir afecciones como el acné, la psoriasis o los eczemas tan típicos de los cambios estacionales”, explica Elena de la Fuente. “Gracias a su acción inflamatoria te vendrá de perlas si te has quemado tras la exposición solar”, añade

LOS TRES TIPOS DE FELICIDAD QUE EXISTEN Y CUÁL NOS PROPORCIONA MAYOR PLACER



Por muchos estudios que se hagan, no es fácil simplificar algo como la felicidad en tipologías y prácticas, pero nos proporcionan alguna pista
Decir a estas alturas que el dinero no da la felicidad es una ingenuidadmayúscula. Cierto es que muchas de las cosas más importante de la vida no pueden comprarse, pero todos necesitamos un cierto bienestar material, sin el que es muy difícil ser feliz. Y, qué demonios, estamos aún más contentos si en vez de pasar las vacaciones de verano en la piscina municipal lo hacemos en Tailandia y tenemos una casa en propiedad en vez de vivir en un estudio de 40 metros en el extrarradio sin calefacción ni lavavajillas.
Desde hace más de una década los psicólogos han estudiado el efecto degastar el dinero en experiencias vitales o en bienes materiales, y parecían haber llegado a la conclusión de que, si bien gastarse el dinero en un coche o un reloj no proporcionaba un bienestar perceptible, si lo hacía el hecho decomprar experiencias –como una cena en un restaurante, un viaje o la entrada a un concierto– o los conocidos como “productos experienciales”, esto es, todos aquellos bienes que permiten a sus propietarios desarrollar nuevas habilidades y conocimientos (ya sea un instrumento musical o una raqueta de padel).
Ahora un nuevo estudio, publicado en la revista 'Social Psychological and Personality Science', afirma que, si bien las experiencias potencian más algunos tipos de felicidad, el mero consumo materialista aumenta otros y, en conjunto, es igual (o más) efectivo al proporcionarnos bienestar.
Comprar, comprar, comprar
Según los autores de la investigación, los profesores de psicología de la Universidad de British Columbia (Canadá) Aaron C. Weidman Elizabeth W. Dunn, existen tres tipos de felicidad:
1. La felicidad anticipatoria: aquella que experimentamos ante la perspectiva de que vamos a comprarnos algo.
2. La felicidad momentánea: la que vivimos en el momento en que disfrutamos de algo.
3. La felicidad crepuscular: aquella de la que gozamos cuando recordamos una vivencia.
Hasta la fecha, la inmensa mayoría de los estudios sobre la felicidad que proporciona la compra de bienes o experiencias (esto es, aquello en lo que gastamos nuestro dinero), analizaban la felicidad anticipatoria, preguntando a los participantes qué sentían pensando en una futura compra, y la crepuscular, preguntando en qué medida una compra había contribuido en la felicidad general de cada individuo. En contraste, la felicidad momentánea se ha medido siempre como el placer que siente una persona en el momento en que compra algo. Una percepción que, según los autores de este estudio, puede llevar a confusión.
Comprarse un bien material, como un jersey de cachemira, puede darnos una gran felicidad momentánea que se repite cada vez que lo usamos
“Por ejemplo, una visita al zoo puede ser recordada años después como una fantástica experiencia familiar, en la que el pequeño Jimmy vio leones y tigres por vez primera, produciendo una gran felicidad crepuscular, aunque la misma visita incluya lloros y conos de helados caídos, que fastidiaron la felicidad momentánea”, apuntan los autores.
Al mismo tiempo, comprarse un bien material, como un jersey de cachemira,puede darnos una gran felicidad momentánea que no acaba cuando guardamos la prenda en el armario, pues nos hace sentir cómodos y atractivos cada vez que lo usamos, aunque su recuerdo no nos proporcione una felicidad crepuscular tangible. Además, seguirá mucho tiempo junto a nosotros, no como la visita al zoo, que sólo permanece en nuestra (distorsionada) memoria.
¿En qué gastarías 20 euros?
Según Weidman y Dunn, aunque hay decenas de estudios que afirman que las experiencias nos brindan una mayor felicidad general, nadie ha estudiado como es debido la felicidad momentánea. Y es lo que han tratado de hacer en su estudio. Para lograrlo, dieron a 67 individuos 20 dólares y les dividieron en dos grupos: unos debían comprar una experiencia y otros un bien material de su elección. Tras esto, los investigadores preguntaron a los participantes sobre su felicidad percibida.
Los sujetos experimentaron una felicidad momentánea más intensa con las experiencias, pero ésta era más frecuente con los bienes materiales, de los que podían disfrutar en más ocasiones. “Las compras materiales tienen una ventaja que no se ha reconocido”, aseguran los autores, “ya que proporcionan episodios más frecuentes de felicidad momentánea semanas después de que se hayan adquirido”. Y al medir la felicidad total proporcionan mayor satisfacción en conjunto.
Nuestras visitas constantes a las tiendas nos proporcionan una distracción de la vida diaria que, nos guste o no, nos hace felices
Esto nos lleva a una conclusión que no hará nada de gracia al Dalai Lama: el consumismo, mientras podamos sostenerlo, nos hace felices. Como explica en 'The Atlantic' Olga Khazan, dado que enseguida nos acostumbramos a las cosas que tenemos, cuando compramos alguno nuevo sentimos una sacudida de felicidad que es menos intensa que irnos de viaje, pero que se repite más en el tiempo. Y nuestras visitas constantes a las tiendas nos proporcionan una distracción de la vida diaria que, nos guste o no, nos hace felices.
Esto, claro está, tiene su contrapartida. Como explicaba la psicóloga e investigadora de la Universidad de Riverside en California Sonja Lyubomirskyen su libro 'Los mitos de la felicidad', nos acostumbramos muy rápido a las cosas buenas. La defensa de los pequeños detalles como garantes de la felicidad se ha repetido hasta la saciedad en los ámbitos del bienestar, pero lo cierto es que enseguida somos insensibles a los pequeños gestos (y compras). Este fenómeno, que Lyubomirsky ha bautizado como “adaptación hedonista”, hace que la quinta vez que vayamos a Ikea nuestra compra nos haga mucho menos feliz que en nuestra primera visita.
Al final, por muchos estudios que se hagan, no es fácil simplificar algo como la felicidad en tipologías y prácticas, máxime cuando todos la experimentamos de distinta forma. Pero algo está claro: a nadie le amarga un dulce, ya sea en forma de piruleta, entrada de concierto, un nuevo abrigo o un Lamborghini. Y hay quien no se pude comprar ninguna de esas cosas.
Miguel Ayuso