sábado, 27 de abril de 2013

El poder curativo de la palabra


El poder 'curativo' de la palabra

Analizamos los efectos positivos del lenguaje a través del prisma de la psicología, el 'coaching' y la espiritualidad

El ser humano es, en esencia, un animal verbal. Eso quiere decir que la acción de comunicarse la lleva inscrita en su ADN. Quizás sea por ello, por tratarse de algo tan ancestral y a la vez tan cotidiano, que muchas veces no somos del todo conscientes del poder que puede llegar a ejercer la palabra respecto a terceros y a uno mismo. Es posible que el simple hecho de tener esta herramienta tan a mano y de utilizarla casi de manera automática haya ejercido sobre nosotros una falsa sensación de inocuidad, tanto en su vertiente negativa como en la positiva, en relación a todo aquello que verbalizamos. Nada más lejos de la realidad.

La palabra puede ser fuente de curación y crecimiento”, explica a LaVanguardia.com la psicóloga Mercè Conangla, una de las creadoras del concepto de
ecología emocional y cofundadora de la Fundació Àmbit. Se ha constatado, relata, que las personas a las que se les administra calmantes y, a pesar de ello, siguen sufriendo – “el dolor se puede aliviar con analgésicos pero el sufrimiento psicológico no”- normalizan sus constantes fisiológicas cuando “alguien que se encuentra cerca de ellas les acompaña con esa palabra tierna. Es muy curativo”.

En la técnica de la PNL (Programación Neuro-Lingüística) la palabra también tiene un peso fundamental. El lenguaje, como explica Pablo Mora, psicólogo y responsable del centro
Coaching Barcelona, supone en este método uno de sus tres pilares fundamentales. “En lugar de interpretar, suponer, o ponernos en el lugar del otro, gracias al lenguaje es posible averiguar cuál es exactamente la experiencia subjetiva de la persona”.

Mediante el uso de la palabra, es posible recopilar información útil para, posteriormente, iniciar el proceso de cambio, “ya sea transmitiendo confianza, motivación, induciendo nuevos estados, modificando creencias, instalando nuevos aprendizajes que mejoren su experiencia subjetiva…”.

A través del lenguaje también es factible “reaprender a hacer las cosas de otra manera, obteniendo resultados distintos”, afirma Mora. “Se trata de transmitir a las personas que su situación es reversible”. Así ocurrió, por ejemplo, con uno de sus pacientes. Se presentó en su consulta con un diagnóstico más que dudoso de posible dislexia, elaborado por dos profesionales distintos, y con el uso de la palabra –“y de la hipótesis de que el joven no sufría ninguna patología”- se halló la solución. “Le hice notar, conversando con él, que no tenía ningún problema, sino que se trataba de aprender, en este caso, a leer de otra manera”.

Sin duda, en todos los casos la credibilidad del emisor es parte fundamental de la ecuación para que el discurso pueda llegar a tener el efecto deseado. En este sentido, cómo no, el contenido del mensaje, pero también el tono utilizado (las pausas, la comunicación no verbal, etc.), se antojan indispensables para que la fuerza de la palabra alcance su máxima expresión.

Válido para uno mismo

El poder del lenguaje también tiene su incidencia en el diálogo interior que mantiene todo ser humano consigo mismo. Un discurso mental, éste, que en muchos casos hay que combatir por su tendencia a la negatividad (quizás por la propia naturaleza de la mente humana, que “tiene un lado muy neurótico y difícil”, como explicaba en su día
Ramiro Calle). También la experiencia vital puede jugar un papel fundamental en este sentido, y es que “a partir de las palabras que hemos recibido, elaboramos nuestras creencias”, recuerda Conangla. “Y éstas son como el software de nuestro disco duro a partir del cual generamos también emociones”.

En ambos casos, se da la paradoja de que el problema y la posible solución tienen idéntica base, la palabra, pero usada de forma antagónica. “Así como nos podemos herir, también nos podemos decir palabras que curan”, recuerda Conangla.

Parece obvio, sin embargo, que es más fácil destruir que construir, lo que significa que cuesta mucho menos caer en las trampas que te presenta a menudo la mente que urdir un discurso positivo. “Pero para sentirse bien hay que esforzarse”, explica Jaume Grau, profesor de yoga, con más de 20 años de experiencia, y director de la
escuela que lleva su nombre.

“Nuestro discurso mental nos condiciona. Hay muchos libros que te dicen ‘tu vida es la suma de tus pensamientos’, ‘es lo que te dices a ti mismo’, pero lo que no te dicen es cómo has de pensar o qué tipo de lenguaje has de utilizar”, lamenta Pablo Mora.

El sonido, beneficioso

Ya no la palabra, sino un simple sonido o vibración, que vendría a ser la versión más primitiva del lenguaje, puede reportar beneficio al ser humano. Los mantras que se recitan en la práctica del yoga serían un claro ejemplo. “El sonido es algo muy primitivo en la raza humana”, apunta Jaume Grau. “Es algo que nos vincula mucho con lo más profundo de nosotros mismos. Escuchas los pájaros, el agua, la lluvia, los árboles y te producen un efecto. Por eso quizás también buscamos el contacto con la naturaleza, con los orígenes, porque también es una necesidad en parte”, agrega.

La casa de la palabra

Muchas veces, para que la palabra pueda tener el efecto deseado, hay que fomentar un contexto adecuado. Los gritos, la soberbia, la petulancia… todo son obstáculos que pueden hacer acto de presencia en innumerables ocasiones minando la posibilidad de que la comunicación fluya. Esto lo tienen muy claro en Mali.

Según explica Mercè Conangla, en muchos pueblos de este país africano existe una construcción, “hecha con adobe y recubierta con paja y troncos”, a la que se le denomina la casa de la palabra. Es un lugar para dirimir, pacíficamente, posibles disputas. Para empezar, estas casas acostumbran a medir un metro sesenta centímetros de altura. Eso quiere decir que muchas personas que acceden lo primero que tienen que hacer es agacharse (eso les recuerda que si quieren entenderse con los demás deberán ser humildes).

Una vez dentro, ambos contendientes se sientan uno enfrente del otro con un tronco como silla. Cuando, preso de la furia que genera la misma discusión, uno de ellos se levanta de golpe para abalanzarse sobre el contrario se da de cabeza con el techo. Eso le recuerda que con la agresividad no se arregla nada y solo se consigue sufrimiento.

Seguro que con este antiguo, pero no menos efectivo, sistema será mucho más fácil alcanzar un acuerdo satisfactorio. Y todo ello gracias a que se han dado todos los condicionantes para que la palabra pueda fluir sin impedimentos.

La Vanguardia

14 consejos para automotivarte


 
Conocer algunas actitudes que favorecen la automotivación puede ayudarte a superar situaciones de frustración, minimizando los problemas y enfocando tus energías para alcanzar tus metas.

 Aquí van algunas recomendaciones:
1.     No dejarse influir por factores externos sobre los que no se tiene ningún control.

2.     Vivir las situaciones nuevas que se presenten como oportunidades. 

3.     Enfocar la energía hacia las oportunidades y minimizar las limitaciones. 

4.     Percibirse como una persona libre que persigue sus metas. 

5.     Planificar el trabajo diario, valorar las relaciones personales y el aprendizaje continuo. 

6.     Involucrarse en actividades de ocio, deportivas, culturales, etc. 

7.     Perder el miedo y adaptarse a los cambios en la vida cotidiana. 

8.     Tener una actitud positiva respecto a lo que se quiere y lo que se hace. Positivizar el diálogo interior. 

9.     Agradecer la reafirmación, pero no vivir sólo de ella. 

10.   Ser fiel a las propias ideas y mantenerlas si se cree que son correctas. 

11.   Perseverar en el empeño a pesar de los posibles obstáculos 

12.  Entender que el éxito es el resultado de haber persistido después de muchos tropiezos, es fruto más de la perseverancia que de la buena suerte. 

13.  Ser tolerante con los propios errores y tomarlos como aprendizajes.

14. Disfrutar de los aciertos.  

 

domingo, 14 de abril de 2013

Lo más importante no son las respuestas que nos damos, sino las preguntas qeu nos hacemos


Lo más importante no son las respuestas que nos damos, sino las preguntas que nos hacemos
Las preguntas que nos hacemos o nos dejamos de hacer, son las que orientan nuestro caminar. Recordemos que toda pregunta es una llamada a observar y a fijar nuestra atención en algo determinado. Lo que es importante saber, es que donde va nuestra atención, también van nuestras emociones y se hace más real para nosotros. Esto quiere decir que el tipo de emociones que experimentamos a lo largo de la vida, tiene una estrecha relación con el tipo de preguntas que nos hacemos. Si yo por ejemplo, al enterarme oyendo la radio, viendo la televisión o leyendo un periódico, de algunas de esas cosas que a veces ocurren y que tanto nos consternan, me lleno de ira, de resentimiento y de frustración, es porque tal vez ante lo sucedido, me he hecho una pregunta que ha desencadenado dichas emociones.
Recuerdo a un conocido que en un ataque de ira, tuvo una gran subida de la tensión arterial y un desprendimiento de retinaA veces y en ciertos momentos, muchos nos hacemos preguntas como: ¿Por qué hay tanta gente malvada? ¿Qué hemos hecho nosotros para merecer esto? ¿Por qué no hay justicia en el mundo? Este tipo de preguntas por muy lógicas que nos parezcan, ponen en marcha de forma automática emociones aflictivas. Si bien la ira, el resentimiento y la frustración, cubren nuestra egocéntrica necesidad de significancia, de importancia, de estar muy por encima de esas conductas realizadas por personas a las que consideramos “mezquinas”, estas mismas emociones también nos dañan más de lo que probablemente supongamos. Todavía recuerdo a un conocido que, en un ataque de ira, tuvo una gran subida de la tensión arterial y un desprendimiento de retina. Lo que le habían hecho a esta persona era injusto, de eso cabe poca duda y sin embargo, desde entonces tenía problemas de visión, a pesar de que ya llevaba cuatro operaciones.
El tipo de preguntas que nos hacemos, tiene una enorme relación con el tipo de mundo en el que creemos que vivimos. Quien cree que vive en un mundo hostil, tenderá a hacerse preguntas que refuercen su forma negativa de ver las cosas. Quien cree que vive en un mundo amigable, tenderá a hacerse preguntas que orienten su atención a lo que de positivo también existe en el mundo.
Albert Einstein, que no sólo destacó como físico sino también como metafísico, dijo: “La pregunta más importante a la que todos tenemos que responder es, ¿Vivimos en un universo hostil o en un universo amigable?
Si queremos no ser parte del problema sino parte de la solución, podemos empezar a hacernos preguntas que pongan en marcha nuestra curiosidad y el interés por explorar, conocer y descubrir. Sólo así aprenderemos, mejoraremos como personas y ayudaremos a crear un mundo más amigable y equilibrado.
Hay muchas cosas que están sucediendo en la realidad y que no las vemos porque no estamos atentos a ellas. El arte de preguntar nos entrena así en el arte de mirar.
Decía William Blake, poeta, grabador y místico inglés del siglo XVIII:
“Si las puertas de la percepción fueran limpiadas, la realidad aparecería como es: Infinita.
El mundo en un grano de arena.
El paraíso en una flor.
La eternidad en una hora.
Todo lo existente en la palma de mi mano”.

 

La dudosa utilidad de las quejas ( y sus beneficios secundarios )


La dudosa utilidad de las quejas (y sus beneficios secundarios)
Por increíble que parezca, las quejas pueden ser útiles. Es sorprendente que una actividad tan deprimente y paralizante pueda tener alguna utilidad, pero es así. El problema es que no siempre somos conscientes de esta “utilidad”. Diferentes grupos de investigadores han demostrado que en personas con una tendencia estable a experimentar emociones negativas (neuroticismo), la preocupación produce sutiles beneficios. Concretamente, parecen resolver más rápido tareas relacionadas con la memoria y la atención. Además cuanto más importante sea lo que tienen entre manos, más probable es que una parte su cerebro busque en sus archivos información necesaria para percibir de manera negativa la situación, generando un estado de preocupación y negativismo, y ¿por qué? Porque es probable que en algún momento anterior esta estrategia haya dado buenos resultados.
Pero no es el único beneficio de la preocupación. Cuando nos enfrentamos a una situación interpersonal de conflicto (ej., no estamos de acuerdo con alguien), tendemos a obtener mejores resultados de nuestro “adversario” cuando mostramos emociones negativas como la preocupación o la queja. Parece ser que transmitimos la sensación de que necesitamos ayuda, y esto provoca una mayor condescendencia por parte de los demás. Dicho de otra manera, ceden por que les hemos dado pena, no por que estén realmente convencidos.   
El lado oscuro de la queja
Sin embargo, las quejas tienen grandes inconvenientes. El primero es que generalmente ocultan un problema mal planteado. Es probable que nos estemos quejando porque no tenemos suficiente control o influencia sobre las causas del problema o porque está formulado de forma que no podemos hacernos cargo de él (ej., planteado en términos demasiado vagos o abstractos).
El segundo es el emocional. La preocupación y la queja producen un estado de hipervigilancia sostenida, algo así como si estuviera a punto de pasar algo malo constantemente. Esto hace que durmamos mal, que nos duela la cabeza y que tengamos problemas digestivos. Y por si todo esto fuera poco, además es contagioso.
Quejarse genera pequeños beneficios en el corto plazo, pero trae severos problemas con el tiempoEl último es el efecto sobre nuestro carácter, sobre nuestro estilo general de afrontar los retos y problemas en nuestras vidas. Ya dijimos que cuando la preocupación se alinea con la negatividad, produce efectos engañosos, generando la sensación de agilidad o facilidad mental que nos llevará a buscar este estado negativo en siguientes ocasiones, dando lugar a una peligrosa espiral de negativismo. Cuanto más negativos seamos, más oportunidades tendrá la preocupación para mostrar su “utilidad”, y cuanto más tiempo pasemos preocupados, más negativos nos estaremos volviendo.
Eliminando la queja innecesaria
La cuestión, una vez más, es que hay que elegir. Ahora sabemos cómo funciona la queja, ¿no? Sabemos que provocará pequeños beneficios en el más corto plazo, y que traerá problemas más severos después. Correremos el riesgo de volvernos pasivos, temerosos, asustadizos e inseguros. Así que hay que elegir. Nuestro consejo es que durante unos días esté atento a cómo se habla a sí mismo y a los demás. Que observe con detalle cuántas veces se queja y cuanto tiempo pasa dándole vueltas a todo lo que le preocupa.
Es todo un privilegio poder influir sobre nuestros problemas, así que no desperdicie la oportunidadUna vez que sea consciente de cuánto, cuándo y cómo lo hace (es el primer paso para romper un hábito o automatismo complejo) puede seguir estos sencillos pasos para deshacerse de la queja innecesaria. Empiece por preguntarse para qué iba a quejarse. Si quería conseguir algo de la persona que tenía delante (ej., más conversación, un favor, una palabra de tranquilidad…) busque un camino más directo, sea asertivo, “pida” lo que necesite y asuma que los demás pueden decirle que no, pero pídalo. Si iba a quejarse porque realmente tiene un problema, pregúntese si ese problema es importante y si tiene usted algo que hacer, es decir, si puede usted influir sobre las causas de dicho problema. Si puede hacer algo, ¡hágalo ya! Cuanto antes. No lo aplace ni se lo piense más. Es todo un privilegio poder influir sobre nuestros problemas, así que no desperdicie la oportunidad. Por otra parte, si no hay nada que pueda hacer, déjelo cuanto antes. No se preocupe, recuerde que no había nada que hacer. Quejarse no va a cambiar las cosas.
Por último, si no sabe muy bien por qué iba a quejarse pero estaba a punto de hacerlo, ¡no lo haga! Lo mejor que podría pasarle es que le fuera bien y así tuviera la sensación de que ha servido de algo. Recuerde que eso es precisamente lo que pone en marcha la espiral del negativismo. Busque en su memoria cualquier razón para sentirse privilegiado o agradecido y céntrese en ella.
Y permítanos una última sugerencia. La próxima vez que alguien le responda “bien” cuando usted pregunte “¿qué tal?”, alégrese por esa persona, muestre interés por lo que le hace sentir bien, y si tiene oportunidad, agradézcaselo. Recuerde que podía haberse quejado y no lo ha hecho, y eso siempre es de agradecer.

 El confidencial.com

lunes, 1 de abril de 2013

El mindfulness mejora la comprensión lectora y la concentración


Hola a todos/das, fue en el año 2009 cuando estando en unos cursos en un hotel me llamó mucho la atención una mesa de unas 15 personas que estaban comiendo sin comentario alguno entre sus comensales, y la verdad es que el hecho me dejó muy intrigado y más entre españoles! esa fue la causa por la que mi curiosidad me llevó a preguntarle a uno de los camareros y me contestó que era una práctica de Mindfulness ( bueno, no lo dijo exáctamente así pero eso es otra historia ), me llamó mucho la atención y curiosamente (causalmente, diría yo) durante ese año empezé a encontrarme con ese término con asiduidad, lo que me llevó a empezar a practicar esta disciplina desde entonces. De ahí que os ponga este artículo de Recursos de Autoayuda. Un saludo


Si crees que tu incapacidad para concentrarte es algo irremediable, estás equivocada/o. De acuerdo con un estudio realizado por investigadores de la Universidad de California Santa Barbara, dos semanas de
práctica de Mindfulness (o atención plena) pueden mejorar significativamente tu comprensión lectora y tu capacidad de concentración.

Esta investigación fue publicada recientemente en la revista Psychological Science.

“Lo que más me sorprendió fue la claridad de los resultados”, dijo Michael Mrazek, autor principal del estudio, “no hubiera sido raro encontrar resultados contradictorios. Pero las conclusiones fueron muy claras.”

Muchos psicólogos definen la atención como un estado de no-distracción caracterizado por una relación plena con la tarea que estamos realizando o con la situación en la que nos encontramos. Sin embargo, nuestro día a día suele ser de todo menos consciente. Tenemos tendencia a reproducir eventos pasados o a pensar en el futuro, como nuestros planes para el fin de semana.

La mente distraída no es un problema serio en muchas circunstancias, pero en las tareas que requieren atención, la capacidad para mantener la concentración es fundamental.

Para investigar si el entrenamiento de la atención plena puede reducir las divagaciones de la mente y de ese modo mejorar el rendimiento, los científicos asignaron aleatoriamente a 48 estudiantes a dos clases diferentes: en una clase se enseñaba la práctica de la atención plena y en la otra clase se trataron temas fundamentales en la nutrición. Ambas clases fueron impartidas por profesionales con amplia experiencia docente en sus campos. Una semana antes de las clases, los estudiantes recibieron dos pruebas relacionadas con la lectura y la concentración. En ellas semedía la divagación de la mente.

Las clases de Mindfulness consistían en una introducción conceptual y en una instrucción práctica sobre cómo practicar la atención plena en la realización de tareas y en la vida cotidiana. Mientras tanto, en la clase de nutrición se enseñaron estrategias para una alimentación saludable.

Una semana después de que las clases terminaran, los estudiantes fueron examinados de nuevo. Sus resultados indicaron que el grupo que acudió a la clase de Mindfulness mejoró significativamente en las pruebas realizadas. No se apreció ningún cambio en los estudiantes que asistieron a las clases de nutrición.

“Esta investigación demuestra rigurosamente que la atención plena puede reducir las divagaciones de la mente. Entrenar la atención puede mejorar claramente las habilidades lectoras”, dijo Mrazek.

Mrazek y el resto del equipo de investigación están examinando si los beneficios de la atención plena pueden ser extrapolados a un completo programa de desarrollo personal, que también apunte a la nutrición, el ejercicio, el sueño y las relaciones personales.

 

miércoles, 20 de marzo de 2013

La fábula de la vaca


“La fábula de La Vaca” 

“Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar.

Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas, también de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que tenemos de estas experiencias.

Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes, una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado, entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó:

¿En este lugar no existen señales de trabajo ni puntos de comercio tampoco, como hacen el señor y su familia para sobrevivir aquí?

El señor calmadamente respondió: amigo mío, nosotros tenemos una vaca que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o la cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo. El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue.

En el medio del camino, se volvió hacia su fiel discípulo y le ordenó al aprendiz: busca la vaca, llévala al precipicio de allí enfrente y empújala al barranco.
El joven espantado miró al maestro y lo cuestionó sobre el hecho de que la vaca era el medio de subsistencia de aquella familia. Pero como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaca por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante algunos años.
Un día el joven resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con coche en el garaje de una gran casa y algunos niños jugando en el jardín.

El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso y llegando allá, fue recibido por un señor muy simpático, el joven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años, el señor respondió que siguen viviendo aquí. Espantado el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hace algunos años con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaca):

¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?

El señor entusiasmado le respondió: nosotros teníamos una vaca que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora.”

Moraleja: Tú también tienes una vaca que te proporciona alguna cosa básica para tu supervivencia, pero a la vez te limita porque te ha inducido a la rutina de dejarte llevar. Descubre cuál es tu vaca. Aprovecha esta lectura para empujar tu vaca por el precipicio.”

miércoles, 13 de marzo de 2013

Las ocho cualidades que definen el verdadero carisma


 
Todos conocemos a alguna de esas personas que consiguen ser el centro de atención en cualquier reunión social, sin grandes alardes ni aspavientos, simplemente a través de su mera presencia. Muchos de ellos son estrellas del cine o a la televisión (lamentablemente cada vez encontramos menos de estos personajes en la política), pero también nos habremos cruzado con alguno de ellos en nuestra vida laboral –el jefe inspirador, el comercial encantador– o su fascinante encanto habrá interferido en nuestros propósitos amorosos. Pero ¿se trata de algo innato o es el producto de un largo proceso de aprendizaje y desarrollo de habilidades sociales? La persona carismática, ¿lo es porque se comporta de una manera especial o puede comportarse como quiera debido a que su hechizo ha embrujado a todos sus compañeros? Más bien lo segundo, señalan los investigadores.

Diversos estudios se han destinado a averiguar qué rasgos definen a las personas carismáticas, que no deben ser confundidas con los ególatras inaguantables que, todo sea dicho, suelen causar más rechazo que aceptación. Como señalaba John T. Marcus hace ya medio siglo, el líder carismático no es el que empequeñece a los demás, sino el que consigue inspirar a los que le rodean con el objetivo de sacar lo mejor de ellos, lo que explicaba el éxito que habían conocido figuras históricas como Adolf Hitler, Winston Churchill o Charles DeGaulle. Aunque discutibles, todos tenían algo en común: una visión y la capacidad de que sus seguidores se sintiesen identificados con ella.

Los líderes prestan atención a los demás y no los criticanSin embargo, investigaciones recientes han detallado de manera más clara qué es lo que define a una persona carismática. No se trata tan sólo de una cuestión de serlo, sino también de comportarse como tal, como señala Jay A. Conger, uno de los científicos sociales que más se han dedicado al tema. En su libro El líder carismático (McGraw Hill), Conger añade que es en la intensidad de sus acciones donde se encuentra el factor decisivo para ser un líder, así como una credibilidad a prueba de bombas. Pero ¿cuáles son las acciones que distinguen a estos irreprochables líderes? A continuación presentamos algunas de las que Conger y otros compañeros han definido en el transcurso de los años.

Escuchan. Para que quienes lo rodean se sientan apreciados, es necesario que el líder carismático los escuche detenidamente, se detenga a reflexionar en sus ideas y no considere que sus ideas son mejores que las de los demás. Ninguna persona con carisma recibe la confianza de los demás si estos perciben que su superior ignora continuamente las propuestas ajenas y considera maravillosas las suyas propias. Además, son buenos comunicadores, ya que hacen que los demás sientan que sus ideas son apreciadas (aunque resulten finalmente rechazadas), y para ello, hacen falta habilidades comunicativas.

Crean confianza e inspiran. Algo que se obtiene a través de la experiencia y la acción ejemplar, principalmente a través de la capacidad de reconocer y enmendar los propios errores y de hacer comprender a los demás sus aciertos y equivocaciones en la justa medida. Un líder que ha perdido su credibilidad difícilmente volverá a ser considerado referencia entre sus seguidores. Además, a través de esa confianza que sus compañeros depositan en ellos, son capaces de servir de inspiración, potenciando las virtudes de los mismos y relativizando los defectos que todos tenemos.

No son conformistas. Las personas más valoradas son aquellas que perciben algún error o injusticia en su entorno y son capaces de poner en marcha el proceso necesario para poner solución a tal problema. Para una persona carismática, siempre existe algo susceptible de ser mejorado, y que por lo tanto, requiere de su protagonismo. Su descontento conduce a la acción, y ésta, al cambio.

Son visionarios. Ya no se trata simplemente de ser capaz de tener una buena idea, ser hábil en determinados campos o ser muy productivo, sino de ser capaz de elaborar un proyecto personal e intransferible que les distinga de sus iguales. Si son capaces de configurar esta visión de manera acertada, atraer a sus seguidores sin manipularlos y granjearse su confianza a través de los medios indicados, el líder podrá enfrentarse a cualquier empresa por ambiciosa que sea. Al fin y al cabo, el carisma está relacionado de manera íntima con la altura de miras.
Las personas carismáticas predican con el ejemplo y están dispuestas a sacrificarse–Toman riesgos y se sacrifican. Para ser capaces de alcanzar esa visión personal, los líderes deben predicar con el ejemplo. Y, por lo tanto, han de actuar en consonancia con las ideas que propugnan. No se puede pedir a los demás algo que uno no está dispuesto a dar y pretender que se siga confiando. Ser el primero en prestar ayuda, en reconocer la posibilidad del fallo y en aceptar las consecuencias de una decisión equivocada es la diferencia entre el líder que da la cara y el que se esconde o el que, peor aún, deposita siempre la responsabilidad de los errores en sus compañeros.

Son creativos. El ingenio y la capacidad para abandonar las concepciones predeterminadas distinguen a una persona carismática de otra simplemente competente. Sus aspiraciones son diferentes a las del resto de (conformistas) mortales, que requieren una serie de habilidades diferentes que les ayuden a encabezar proyectos. Si se encuentran en permanente lucha con el statu quo impuesto, sus herramientas para el cambio no pueden ser las mismas, y si quieren llegar a un público acostumbrado a determinados mensajes, habrán de emplear una forma alternativa de expresión que los distinga de lo convencional. Ya se sabe: si quieres resultados diferentes, uno debe seguir métodos distintos.

–No critican a los demás. Aunque hayan cometido errores, cotillear a espaldas de los compañeros sólo conduce a la pérdida de confianza de estos, que sospechan que pueden ser objetivos de los comentarios malintencionados del “listillo” en ocasiones sucesivas. En el fondo, las personas más carismáticas lo son por mostrarse humanos, aunque pueda sonar paradójico: reconocen que un error lo puede tener cualquiera –aunque ellos sepan ocultarlo bien– y recuerdan que lo importante no es volver a repetirlo. Eso sí, es importante no caer en la condescendencia del que considera que los errores de los demás son tan frecuentes que es mejor acostumbrarse a ellos.

Hablan de “nosotros”, no de “yo”. El egocentrismo no es precisamente una cualidad frecuente entre las personas carismáticas; sí lo es implicar a los demás en el proyecto que uno ha comenzado. Es importante que todos los miembros de la empresa se sientan parte del mismo barco, no que son meros acompañantes del líder en la realización de su empresa personal. Lo importante es el objetivo común y que cada uno adopte el papel que la empresa necesita, no la realización personal del líder.

 
El confidencial