domingo, 15 de diciembre de 2013

SER FELIZ POR ENCIMA DE LOS PROBLEMAS



El gran reto al que se enfrenta el ser humano en su día a día es cómo alcanzar la tan buscada y deseada felicidad. Si hay algo que motive más al ser humano es sin duda esta búsqueda que en ocasiones incluso roza o expresa altas dosis de neurotismo. La búsqueda de la felicidad ha llegado a convertirse en una búsqueda narcisista e incluso hedonista que trata de evitar el dolor y lograr el placer a cualquier costo.
Antes de pasar a desgranar el artículo me gustaría que vieras este simpático y útil vídeo titulado “Cómo ser feliz en la vida”:
La felicidad es un concepto muy ambiguo que ha variado a lo largo de la historia de la humanidad, de una cultura a otra e incluso de una persona a otra. Puede suceder también que la misma persona varía este concepto innumerables veces a lo largo de su vida.
Vamos a centrarnos en cuál es la fuente desde donde procede este jugoso elixir que todos deseamos probar pero que parece que muy pocos llegan a probar. Vamos a distinguir dos fuentes de felicidad:
1) La felicidad que procede de uno mismo.
2) La que es proporcionada a través de agentes externos (familia, amigos, sociedad, bienes, logros, éxito, consumo…)
La verdadera felicidad interna tiene que ver más con un sentimiento de aceptación y paz interior ante lo que la vida nos presenta mientras que la felicidad que tiene su origen fuera dependería en última instancia de la aprobación y comportamientos de algo o alguien ajeno a mí.
Sabios, eruditos y profesionales que estudian este tema tan apasionante están de acuerdo con que la felicidad que realmente nos satisface y nos puede hacer sentir plenos es aquella que nace y se origina en uno mismo y no depende de las circunstancias… una felicidad que tiene que ver más con un sentimiento de paz, aceptación y lucidez ante la vida.
El Oráculo de Delfos ya nos advertía de los riesgos de buscar en el lugar equivocado la felicidad:
“Te advierto, quien quiera que fueres, Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la Naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo, aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿Cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el tesoro de los tesoros. Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses.”
“La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.”
Benjamin Franklin
Creemos que alcanzando la felicidad (paz interna) es como se resuelven nuestros problemas y es abrazando la paz como logramos resolverlos. Como decía el Oráculo, es necesario conocernos y explorar qué es lo que yo entiendo por felicidad y qué obstáculos he construido en contra de ella.
De este modo puede suceder que las circunstancias pueden ser totalmente adversas y pese al dolor podamos sentir esa felicidad interna que procede de aceptar y no juzgar aquello que está sucediendo. Tenemos que entender que todo tiene un porqué que tal vez el tiempo nos revele.
En palabras de Mattieuw Ricard, el famoso bioquímico convertido en monje budista considerado por los científicos como “el hombre más feliz del mundo”:
“La búsqueda de nuestra felicidad no funciona sin la de los demás”
En este sentido, el desarrollo de la empatía, la compasión y el amor hacia los demás es un componente esencial sin el cual nuestra felicidad interna no podrá ser una realidad.
Para Ricard no es necesario aceptar pasivamente las adversidades ya que hay herramientas internas que podemos ir incorporando para lidiar con nuestra mente incluso en las situaciones más difíciles. Ricard responde a la siguiente pregunta:
¿Cuáles son esos bálsamos del desaliento?
“Valorar la amistad o pasar el tiempo con tus seres queridos, por ejemplo. No tiene ningún beneficio perder también estas cosas. Hay que mantenerlas y valorarlas para que, al menos, haya algo maravilloso y de gran valor en nuestras vidas que pueda marcar la diferencia”.
Como pregunta final ¿seguirás buscando la felicidad fuera o por el contrario te enfocarás en crearte una mente feliz?
Soraya Founty

jueves, 12 de diciembre de 2013

LAS MEJORES TÉCNICAS PARA AUMENTAR TU AUTOCONTROL (CON LA COMIDA O LOS VICIOS)



El control de las emociones, así como de las tentaciones e instintos básicos, es clave para facilitar la vida en comunidad y mejorar en el plano personal. La capacidad de autocontrol se puede y se debe entrenar para evitar emociones negativas como la ira o la envidia, pero también para mejorar y prolongar nuestra disposición al esfuerzo o a la concentración. La autodisciplina, como denominaba Foucault a la técnica para no ceder a las tentaciones, es una de las primeras estrategias a poner en práctica para lograr dominarnos a nosotros mismos.
La voluntad se puede fortalecer poco a poco siempre y cuando no falta la constancia. Sean cuales sean nuestros fines, el conocimiento de uno mismo, tanto de las fortalezas como de las debilidades, nos ayudará en este proceso. Por ejemplo, para seguir una dieta o dejar de fumar habrá que conocer nuestro grado de adicción y su relación con los hábitos cotidianos para lograr nuestros objetivos sin tirar la toalla porque nos creamos incapaces de seguir reglas preestablecidas, que no siempre se adaptan a nosotros. Es por ello que el autoaprendizaje o metacognición ocupan un lugar central en los estudios científicos sobre el autocontrol. Nadie mejor que uno para ahondar en la causa de una tentación y buscar las estrategias para sortearla.
Las últimas investigaciones sobre el autocontrol se han centrado en la irracionalidad que está detrás de algunos comportamientos o decisiones. Sus conclusiones son que los impulsos, que por ejemplo nos llevan a comprar constantemente cosas que no necesitamos, tienen que ver con las gratificaciones a corto plazo. El denominado conflicto de preferencias temporales nos provoca un dilema que nos hace elegir entre la gratificación a corto o a largo plazo. Volviendo al ejemplo de dejar de fumar, el acto de encendernos un cigarro nos provoca una gratificación inmediata, pero nos frustra a la larga porque no es saludable o hace que nos arrepintamos por tener una adicción. Lo mismo ocurre con las compras impulsivas.
La barrera del hedonismo y el cortoplacismo
El conflicto mental entre el deseo inmediato y el beneficio a largo plazo es cada vez más común. Una cuestión que no se escapa a las características de los modelos socioeconómicos imperantes hoy en día, en los que prima la búsqueda del beneficio inmediato aunque provoque un alto coste a la larga. Ni nuestra salud, en el caso del tabaquismo, ni nuestro bolsillo en el caso del consumismo parecen ser más importantes que la gratificación inmediata. Una particularidad que desde el punto de vista antropológico es propia de las sociedades modernas.
El autocontrol es como un músculo y cuanto más se ejercite más fácil será aumentar nuestra fuerza de voluntad. La generalización de estas prácticas, en las que se antepone el cortoplacismo debido al mayor hedonismo y egocentrismo, dificulta todavía más el desarrollo de la capacidad de autocontrol, por lo que la disciplina debe ser aún más dura y constante. Todo es cuestión de voluntad. El famoso marshmallow test de Princeton, llevado a cabo por el psicólogo Walter Mischel, docente de la Universidad de Columbia, ya demostró a finales de los años 70 la relación entre el hedonismo (más acusado por naturaleza en los niños, por lo que los participantes tenían entre tres y cinco años) y la dificultad para rechazar una gratificación inmediata en favor de una mayor recompensa a la larga.
Los investigadores ofrecieron una golosina a un grupo de niños, explicándoles que podían comérsela cuando quisiera pero, si aguantaban entre 10 y 15 minutos sin cogerla, recibirían otra más de regalo. Alrededor de la mitad de los niños se comieron la golosina de inmediato, el resto intentaron esperar para obtener las dos, pero a medida que pasaba el tiempo se impacientaban e iban cayendo en la tentación.
Mischel estudió posteriormente la evolución vital de todos los niños. Aquellos que habían resistido y habían esperado para obtener dos golosinas, obtuvieron mejores calificaciones en el colegio, en la selectividad y tuvieron familias más felices. Aquellos que se comieron la golosina en cuanto pudieron desarrollaron mayores problemas emocionales debido a su incapacidad para tener autocontrol. A pesar de ello, se ha demostrado que esta atribución no tiene por qué ser innata, y aunque les cueste más a unas personas que a otras, con disciplina puede acabar adquiriéndose autocontrol. De hecho, incluso existen estudios que demuestran cómo diferentes especies de animales cuentan con dicha capacidad.
Terapias comportamentales y manipulación de emociones
El psicólogo Burrhus F. Skinner propuso una serie de técnicas de autocontrol, ya en los años 50, como la concienciación (animarse a uno mismo como suelen hacer los deportistas de élite), o la transformación mental de los estímulos. Esto es retrasar las gratificaciones, como dejar el cigarro que ansiamos o el pastel que queremos comernos para media hora después. Asimismo, también se relaciona con la manipulación de las las emociones: cambiar la gratificación por otra diferente o buscar distracciones. Unas técnicas que han prevalecido hasta hoy en día y que suelen utilizarse en los tratamientos contra todo tipo de adicciones o vicios.
Ni nuestra salud en el caso del tabaquismo, ni nuestro bolsillo en el caso del consumismo parecen ser más importantes que la gratificación inmediata. Otra de las estrategias propuestas por Skinner consiste en puntuarnos positivamente cada vez que logramos resistirnos a una tentación o cuando superamos una prueba, así como negativamente cuando caemos en ella (la denominada token economy). Una forma de competición que si se supera sirve como recompensa a los esfuerzos. Como cuando a los niños se les ofrece un regalo o un caramelo al hacer algo bien. Otro reciente estudio publicado en el último número de septiembre de Psychological Science por psicólogos de la Universidad de Buffalo aseguraba que la clave para no caer en la tentación y priorizar la recompensa a largo plazo está en la capacidad de anticipación: proyectar mentalmente esa situación futura.
Por otra parte, las terapias comportamentales o cognitivas se basan en alterar conscientemente nuestros propios pensamientos. Se trata de concienciarnos sobre determinados retos, como por ejemplo repetir la idea de que esta noche comenzaremos a realizar cierta tarea en lugar de decirnos que vamos a descansar y que ya la haremos al día siguiente.
A base de repetir estas técnicas se lograrán alcanzar los objetivos porque, como explica el psicólogo Roy Baumeister, el autocontrol es como un músculo y cuanto más se ejercite más fácil será aumentar nuestra fuerza de voluntad. Por tanto, también recomienda ir poco a poco para no llevarnos desilusiones, tirar la toalla y volver a caer en las viejas tentaciones o adicciones con una obsesión todavía mayor que antes, como suele ocurrir cuando se fracasa al dejar de fumar. De hecho, otros estudios neurobiológicos han demostrado que los esfuerzos por autocontrolarnos consumen energía y glucosa de nuestro organismo, al igual que cualquier otro esfuerzo físico e intelectual.

DIEZ CLAVES PARA EVITAR A ESAS PERSONAS TÓXICAS QUE TE COMPLICAN LA VIDA



Celosos, paranoicos, infantiles, egoístas y, en definitiva, asfixiantes. Las denominadas personalidades tóxicas son muchas y variadas, pero todas coinciden en que no aportan nada positivo a una relación, ya sea sentimental, de amistad, laboral o, incluso, familiar. Más bien, destruyen cualquier intento de crear vínculos sanos y mínimamente cordiales. Suelen traer consigo los malos rollos, todo les molesta, terminan por absorberte psíquicamente porque te requieren sólo para ellos, vacían tu cartera, no paran de pedir y, principalmente, te manipulan.
Lo más peligroso de estas personas, como advierte el psicólogo Albert J. Bernstein, autor de Vampiros emocionales (Edaf), es que nos roban la energía y apenas nos dejan respirar sin que ni siquiera nos demos cuenta. Y es que son expertos en entablar relaciones hiperabsorbentes y maestros del arte de intoxicar, como su propio nombre indica. Por tanto, no es fácil identificarlos a primera vista, y muchas veces no reparamos en su personalidad hasta que comprobamos que después de estar con ellos siempre se repiten las mismas sensaciones negativas: agotamiento, frustración, estrés o alivio por estar solos.
En muchas ocasiones, somos nosotros mismos los que nos autoengañamos negando que sean ‘vampiros emocionales’ porque se trata de nuestra pareja, de un familiar o un amigo. “Será cosa mía” o “puede ser mi culpa” son pensamientos que no hacen más que prolongar una relación insana. Tanto, como para que los demás te pierdan el respeto, se aprovechen de ti y abusen de tu confianza.
La fábrica moderna del ‘homo manipulador’
El psicoanalista y divulgador francés Dominique Barbier explica en La fabrique de l’homme pervers (Odile Jacob) por qué vivimos en un contexto propicio para la propagación de este tipo de personalidades tóxicas. Una incipiente ola de neomaquiavelismo a la que es preciso poner freno para, al menos, ganarse el aprecio y el respeto de quien nos rodea (aquí puede consultar otro artículo con las claves para conseguir que los demás te respeten).
Después de estar con ellos siempre se repiten las mismas sensaciones negativas: agotamiento, frustración, estrés o alivio por estar solos“Las personalidades tóxicas también son contagiosas y contribuyen a que se generalice una especie de paranoia social”, explica Barbier. Tal como apuntaba en una entrevista a El Confidencial la psiquiatra y psicoanalista Marie-France Hirigoyen, madre del término ‘acoso moral’: “Para triunfar en la vida hay que ser un buen manipulador". Por tanto, acabamos utilizándonos los unos a los otros como si fuésemos las piezas de un tablero que, cuando dejan de servir a nuestros fines, simplemente dejamos de lado. Para evitar llegar a este punto, Barbier ofrece una serie de indicios, a modo de decálogo, para identificar y reconocer a las personas tóxicas a primera vista.
1. Los amigos tóxicos tienen una gran capacidad psicológica, adivinan los temores y fantasmas de sus presas para saber cómo seducir a sus víctimas. Primero nos hacen creer que, con ellos, todo es posible, para luego manipularnos a su antojo. Como buenos manipuladores que son, saben adaptar su comportamiento, pero también sus principios y valores, en función de sus víctimas.
2. Saben darle la vuelta a una situación con mucha habilidad, llegando a presentarse como víctimas cuando en realidad son verdugos. Se trata de una falsa victimización, con el objetivo de seducir y limpiar el terreno para servirse de los demás cuando lo necesiten.
3. Son expertos en deformar la realidad mediante las mentiras parciales y el juego del doble lenguaje, puesto que controlar el discurso es una forma de controlar el pensamiento. Pueden mezclar insultos y halagos amables en la misma frase sin apenas inmutarse.
4. Son como depredadores, vampiros que no respetan la autonomía de los demás y les imponen sus propios criterios. Si al estar con ellos, una y otra vez nos sentimos cansados mentalmente, entonces debemos tomar nota porque es una alarma de que estamos siendo intoxicados.
5. No tienen principios o estos varían en función de sus objetivos o contexto y tratan de que los demás se alejen de su particular escala de valores.
6. Son impermeables a la culpabilidad y logran que seamos nosotros quienes nos sintamos mal.
7. Son excelentes estrategas, pacientes y constantes hasta que consiguen sus objetivos, pero poco creativos.
8. Les gusta sembrar la duda sobre las cualidades y las competencias de los demás para descalificarlos y eliminar su autoestima.
9. Esconden una incoherencia entre su discurso y su comportamiento: por un lado se llena la boca con propuestas altruistas, mientras que luego actúan sólo en base a su interés personal.   
10. Los tabúes morales no existen para los “buenos intoxicadores”, puesto que conciben a los demás no como una persona digna de respeto o compasión, sino sólo como un objeto más o menos útil.
El confidencial

EL RASGO DE PERSONALIDAD QUE DEFINE A LAS PERSONAS QUE LLEGAN LEJOS EN LA VIDA



Ni la sangre, ni el sudor ni las lágrimas, que diría Winston Churchill. Ni siquiera una gran inteligencia, una billetera voluminosa o un carisma sobrenatural pueden explicar por sí mismos por qué una persona llega lejos en su carrera y por qué otras fracasan a pesar de contar, en apariencia, con las condiciones necesarias. Hay tantos factores que explican el éxito personal que, en muchos casos, resulta trabajo baldío intentar seleccionar uno de ellos por encima de los demás. Sin embargo, seguimos haciéndolo, seguramente porque nos gusta simplificar un mundo que cada vez parece más complejo a nuestros ojos.
No obstante, en ocasiones este tipo de fórmulas pueden ayudarnos a comprender el mundo que nos rodea y, aunque quizá no sean la panacea, sí contribuye a enfrentarnos con el día a día con otra filosofía. Por eso resulta particularmente interesante la breve pero sustanciosa charla que Angela Lee Duckworth impartió en Ted el pasado mes de abril, en la que señalaba cuál es, tras diversas investigaciones, la cualidad que poseen todas las personas que triunfan: las agallas, o en inglés, grit, como en la película de los hermanos Coen Valor de ley (True Grit, 2011).
Los estudiantes que llegan más lejos no son los más inteligentes, sino los más perseverantes. Como contó en la charla, Duckworth dejó a los 27 años su bien pagado trabajo en el mundo de la consultoría por un empleo “aún más exigente”, en sus propias palabras: ser profesora. Concretamente, matemáticas de séptimo curso en una escuela pública de Nueva York, con alumnos de entre doce y trece años. Un auditorio complicado del que aprendió mucho más de lo que podría haber sospechado en un primer momento.
La relativa importancia de la inteligencia
Poco después de comenzar su andadura como profesora, y tras analizar por primera vez las calificaciones académicas obtenidas de exámenes y trabajos, Duckworth reparó en que el coeficiente intelectual de los estudiantes tan sólo marcaba una pequeña diferencia. Es más, muchos de los mejores alumnos no tenían una inteligencia explosiva. Trabajando duro, todos los alumnos podían alcanzar los objetivos, por muy complicados que estos fuesen. ¿Qué era, entonces, lo que estaba ocurriendo?
La vida y la escuela dependen de mucho más que de la habilidad para aprender rápida y fácilmente Duckworth daría con la clave unos cuantos años después, cuando finalmente llegó a la conclusión de que era necesaria “una mejor comprensión de los estudiantes y del proceso de aprendizaje desde una perspectiva motivacional y psicológica”. La profesora recuerda que, por mucho que el discurso educativo haya hecho hincapié en la inteligencia emocional durante las últimas décadas, el coeficiente intelectual sigue siendo la variable más utilizada para juzgar a los alumnos, cuando otro tipo de cualidades incuantificables como la determinación o las consabidas agallas son igual o incluso más relevantes.
“La vida y la escuela dependen de mucho más que de la habilidad para aprender rápida y fácilmente”, explicó la docente de origen asiático durante su paso por Ted. Una afirmación que le hizo acudir a la Universidad a estudiar psicología y, posteriormente, a analizar grupos de estudiantes, de militares de la escuela de West Point y del concurso de Gramática nacional para conocer el perfil de aquellos que continuaron con su trabajo hasta las últimas consecuencias y salieron victoriosos en el intento. Dicha encuesta tuvo en cuenta un gran número de variables, que iban desde el nivel socioeconómico de la familia hasta la seguridad que sentían los niños cuando iban a la escuela. Los resultados fueron claros: la determinación es lo más importante, especialmente en aquellos casos en los que los niños tenían peligro de abandonar la escuela por sus circunstancias personales o por el entorno del que provenían.
Como recuerda Duckworth citando a Carol Dwerck, profesora de psicología de la Universidad de Stanford, “la habilidad para aprender no es siempre la misma, sino que se puede cambiar a través del esfuerzo”. Obvio pero acertado: el esfuerzo contribuye a la neuroplasticidad del cerebro, y aquellos más perseverantes lo eran aún más después de incurrir en un fallo, como explica la profesora, puesto que “no creen que ese fallo sea una condición permanente”.
Fuerza, voluntad y éxito
La profesora ha creado un grupo de investigación en la Universidad de Pensilvania destinado a analizar de manera cuantitativa la determinación, con el objetivo de comprender de qué manera esta puede determinar el éxito profesional y personal. “Tenemos que tomar nuestros datos y justificar nuestras ideas a través de ellos y comprobar que realmente funcionan”, explicó Duckworth para concluir la charla. “Tenemos que estar dispuestos a fracasar, a equivocarnos, a volver a comenzar de nuevo, pero esta vez, con la lección aprendida”.
Todo aprendizaje moviliza la racionalidad y las emociones del estudiante. Parece ser que las agallas están de moda, puesto que también dan su nombre al último trabajo del colaborador de El Confidencial Mario Alonso Puig y Premio Espasa de Ensayo, El cociente agallas. Como aseguraba el antiguo neurocirujano en una reciente columna, este nuevo coeficiente es “la fuerza que desarrolla el carácter de una persona, la que nos permite que sigamos adelante contra viento y marea”.
Puig recuerda que, hasta la irrupción de Daniel Goleman y su reivindicación de la inteligencia emocional, lo racional siempre había prevalecido por encima de las emociones. Sin embargo, las últimas investigaciones han puesto de manifiesto que el aprendizaje utiliza casi por igual ambos aspectos de la experiencia humana, que se complementan entre sí y no pueden entenderse de manera separada. Una persona inteligente pero desmotivada llegará mucho menos lejos que aquel que quizá no pueda presumir por su brillantez, pero sí persevere en su cometido y no se rinda cuando las primeras dificultades aparezcan. Y como bien sabe todo ciudadano del siglo XXI, las dificultades aparecerán, y en abundancia.
El confidencial.