sábado, 10 de septiembre de 2016

CÓMO NO AMARGARSE EN EL TRABAJO



El actor Jack Lemmon en la película El Apartamento parodia a un trabajador de los años 60: tiene un empleo aburrido que le proporciona una remuneración justa; para mejorar su carrera se ve obligado a alquilar su apartamento a sus jefes en sus citas amorosas. Los esquemas empresariales rígidos dejan poco margen para plantear la felicidad en el trabajo como un objetivo primordial y rentable.
Hace años la revista médica británica Lancet publicaba un artículo titulado: El trabajo es malo para la salud, con numerosas investigaciones sobre las enfermedades profesionales asociadas a trabajos 'calientes', jefes tóxicos y clientes exigentes. El discurso en torno al burnout, por muy justificado que esté, nos quita la visión sobre un aspecto importante de la vida laboral: puede ser un gran recurso que nos ayuda a desarrollarnos como personas, hace que nos sintamos satisfechos e incluso protege de enfermedades mentales.
Las personas que trabajan y están centradas en perseguir sus objetivos mejoran su salud y son más felices. En pocas palabras, un buen trabajo puede dar estabilidad e incluso ayudar a soportar mejor las tensiones en otros aspectos de la vida cotidiana. En una encuesta reciente se comprobó que el salario es una prioridad para el 63% de las personas, tener un empleo interesante y trabajar en un ambiente agradable es fundamental para el 45% de los trabajadores.
LA GENTE FELIZ EN SU EMPLEO
Pertenecer al grupo de personas que disfrutan de su trabajo no quiere decir ser un bicho raro: se levantan perezosos como cualquiera por las mañanas. Sin embargo, no sufren una contradicción muy habitual: como el trabajo es una obligación y el ocio una elección, se valora el ocio de forma positiva y el trabajo como un trámite necesario, sin tener en cuenta que muchas experiencias buenas se producen en las horas laborales. Quien disfruta de su trabajo sabe que puede convertirlo también en una experiencia óptima.
Antonio es conductor de autobuses en una gran ciudad. Cuando habla con sus compañeros, éstos se lamentan del tráfico, de la monotonía de las rutas y del tiempo que tardan algunos pasajeros en subir al autobús. Él es un hombre simpático, le gusta dedicar una palabra amable o una sonrisa a sus pasajeros. Sabe que algunos ni le miran pero otros agradecen el detalle de encontrar a una persona con tan buen humor a pesar del atasco. Se siente satisfecho porque su actividad le ayuda a poner en valor una de sus mayores fortalezas personales: el altruismo.
La felicidad viene de dentro: tenemos el poder de cambiar nuestras respuestas mentales y emocionales sobre el mundo que nos rodea, esto nos devuelve una idea de mayor control y responsabilidad sobre nuestro bienestar y la sensación de poder hacer algo para corregir lo que no funciona. No podemos negar que la satisfacción también viene de fuera cuando las circunstancias son favorables. Seligman elaboró una fórmula para la felicidad duradera: la satisfacción personal es un proceso interactivo que surge de la relación entre la mente y el mundo.
Para ser feliz es imprescindible tener la facultad de cambiarse a sí mismo y de dirigir el propio futuro, pero también significa sentirse capaz de cambiar el entorno y de hacer algo valioso para los demás. En este sentido, el trabajo nos brinda una buena oportunidad para desarrollarnos personal y socialmente. ¿Qué hacer para ser más feliz en el trabajo?
1. MEJORA TUS FORTALEZAS
Las capacidades que las personas poseen son su capital psicológico positivo. Algunas cualidades ayudan especialmente a alcanzar la satisfacción laboral: (1) La autoeficacia, creer en nuestras propias capacidades. (2) La esperanza, sentir que tenemos un control personal para conseguir las metas. (3) El optimismo, esperar que las cosas buenas sucedan. (4) La resiliencia, la capacidad de recuperarse ante las adversidades. (5) La vinculación, estar comprometidos con la tarea plenamente.
El desafío: desarrolla una fortaleza diaria durante 10 minutos. Al utilizar las propias fortalezas con mayor frecuencia se puede reorientar el trabajo para conseguir mayor felicidad. Busca tus cinco principales fortalezas. Puedes consultarlas gratuitamente en la web Authentic Happiness. Realiza el cuestionario VIA (o su versión abreviada) para descubrir en qué eres bueno. Crea el hábito al acudir a tu lugar de trabajo y preguntarte ¿qué fortaleza me gustaría usar hoy? Utilízala durante 10 minutos. Date una pequeña recompensa cuando lo hayas hecho o compártela con otras personas. Te encontrarás con más energía y más feliz.
2. FAVORECE LA COMUNICACIÓN
Las personas felices suelen mantener buenas relaciones con sus compañeros. Sentir apoyo emocional en el lugar de trabajo ayuda a la salud, fomenta el aprendizaje, favorece las emociones positivas, la creatividad y la implicación. Es importante desarrollar la voz proactiva: utilizar palabras motivadoras en nuestro diálogo interior y hacia los demás. Saber valorar lo que sí funciona y mostrar nuestro punto de vista tiene efectos positivos sobre el desarrollo del trabajo. Igualmente es importante la escucha activa porque contribuye a crear lazos entre las personas.

EL RASGO DE CARÁCTER QUE DEMUESTRA QUE ERES MÁS INTELIGENTE QUE LOS DEMÁS



Los creadores más destacados suelen ser personas tremendamente sacrificadas y solitarias y, por tanto, no siempre felices
En un conocido episodio de 'Los Simpsons' en el que Homer se vuelve inteligente, después de extraer de su cerebro un lápiz Crayola, su hija Lisa le da la bienvenida al mundo de los listos de una forma bastante peculiar: le advierte que una mayor inteligencia implica una menor felicidad.
Cierto es que la aseveración de Lisa es algo exagerada, pero no anda desencaminada. Según el profesor Mihaly Csikszentmihalyi, que entrevistó a 91 genios de todas las disciplinas, incluyendo a 14 premios Nobel, para la elaboración de su libro 'Creatividad' (Paidós, 2008), los creadores más destacados suelen ser personas tremendamente sacrificadas y solitarias y, por tanto, no siempre felices.
Aquellos estudiantes que admitían estar siempre preocupados tenían una tendencia mucho mayor a obtener buenas calificaciones en el test de CI
Ahora un nuevo estudio viene a refrendar las conclusiones de Csikszentmihalyi, aunque en el sentido contrario: la gente que está más preocupada (y tiene una mayor tendencia a la depresión) parece ser más inteligente, al menos en lo que respecta a las habilidades verbales.
Los autores del estudio, dirigido por el profesor Alexander Penney de la Lakehead University en Ontario, reunieron a 125 estudiantes que realizaron una serie de pruebas en las que se medían sus niveles de depresión, timidez e inteligencia verbal, esto es, su riqueza de vocabulario, su capacidad para categorizar las palabras y su habilidad para entender proverbios. Además, los estudiantes tuvieron que rellenar un cuestionario en el que se medía su nivel de “preocupación”.
Aquellos estudiantes que admitían estar siempre preocupados tenían una tendencia mucho mayor a obtener buenas calificaciones en el test de inteligencia verbal.
Lisa y su gráfica de la felicidad. (FOX)
Una explicación evolucionista
Los investigadores creen que la capacidad de estar preocupados era muy útil para nuestros antepasados, pues les daba tiempo a anticiparse a las posibles amenazas. “Desde un punto de vista evolucionista, los costes de preocuparse por una amenaza que finalmente no ocurre son menores que los que tiene fracasar a la hora de trazar un plan para evitar una amenaza que sí se materializa”, explican los autores en el estudio, que ha sido publicado en la revista 'Personality and Individual Differences'.
Por desgracia, el precio que debemos pagar por ser inteligentes es elevado, y viene, entre otras cosas, acompañado de una mayor tendencia a padecer depresión, que fue otra de las relaciones significativas señaladas en el estudio.
El estudio descubrió también que las personas con una mayor inteligencia verbal tienen también una mayor habilidad para recordar eventos pasados y, además, preocuparse por ellos y por lo que habría pasado si hubieran actuado de otra forma. Los estudiantes con mayores dificultades para recordar detalles de eventos pasados, por su parte, obtenían una mayor puntuación en pruebas de inteligencia no verbal, esto es, resolución de puzles, problemas y razonamientos abstractos.
La conclusión: aquellas personas con mayor habilidad para observar el presente son mejores resolviendo problemas sobre la marcha y no tienen por qué preocuparse de ellos más adelante –por lo que tienen una menor tendencia a padecer depresión–, pero esto conlleva una habilidad menor para anticipar las amenazas y una menor inteligencia verbal. Nadie es perfecto.

EN AUGE LAS EMPRESAS QUE MIDEN LA FELICIDAD DE SUS EMPLEADOS



Cada vez más organizaciones lo tienen claro: el trabajador optimista rinde más. Los empleados felices permanecen el doble de tiempo en sus tareas, tienen un 65% más de energía y su vinculación a la empresa es mayor, según un estudio del I Opener Institute de Oxford.
El trabajador optimista, creativo, flexible y empático es más productivo, según investigaciones y expertos en trabajo saludable.
Por eso aumentan las empresas que deciden medir su felicidad. Una tendencia incipiente –son una minoría todavía las compañías que invierten en ello–, pero que poco a poco va calando en la conciencia de las corporaciones.

“Las empresas empiezan a darse cuenta que tienen que cambiar totalmente de hábitos”, declara Rafael Peiró, gerente de Créetelo, consultora que enseña a líderes y empleados a mejorar el compromiso con la empresa, la cohesión, el trabajo en equipo, la empatía y el buen humor –“que nada tiene que ver con la juerga y el cachondeo”, matiza Peiró-.“Es rentable y productivo”, sentencia.

“Son técnicas muy sencillas de aplicar que no cuestan dinero y aportan mucha rentabilidad”, sostiene Peiró, que fundó la compañía, con sede en la localidad valenciana de Alboraya, hace cuatro años. Desde entonces una docena de empresas han parado la producción con el objetivo de aprender nuevas habilidades que les ayuden a tener una plantilla motivada.

Cuantificar la felicidad laboral

Uno de los colaboradores de la consultora, Juan Pedro Sánchez, de 48 años, exdirectivo y experto en Psicología del Trabajo, Recursos Humanos y Organizaciones, detalla cómo se puede medir el nivel de felicidad de una corporación: el primer paso es evaluar el optimismo y las emociones positivas y, por otro lado, las demandas de estrés y exceso de supervisión y control; a continuación, se trabaja en diferentes sesiones aspectos como la inteligencia emocional, la empatía, la asertividad –la habilidad para reaccionar de manera adecuada a cada situación-, el autoconocimiento, el autocontrol y la autoconciencia.

La mayoría de los directivos que llegan a los talleres “la única forma que conocen para tratar a los empleados es la del palo y la zanahoria”, lamenta Sánchez. No obstante, reconoce que en los últimos años las capacidades de liderazgo que fomentan el optimismo en una corporación empiezan a entrar tímidamente en las materias que se imparten en las facultades.

La felicidad es uno de los aspectos más sometidos a estudios. “Hoy se aborda desde perspectivas neurobiológicas, médicas, sociales, psicológicas y hasta políticas”, comenta la especialista en organizaciones optimistas Belen Varela. Y, evidentemente, el ámbito laboral no es ninguna excepción, ya que en él pasamos buena parte de nuestra vida. Por eso varias universidades han creado equipos de investigación que se centran en averiguar qué nos hace disfrutar en el trabajo.

Trabajos saludables

Un referente en este sentido es el equipo Wont, dirigido por Marisa Salanova, en la Universidad Jaume I que combina la investigación y el desarrollo de novedosos protocolos para implementar intervenciones que ayuden a crear organizaciones “saludable y resilientes”. Belen Varela, que también es profesora de la Universidad de A Coruña, aclara que los estudios científicos sobre esta cuestión, más allá de centrarse en emociones y estados de ánimo, analizan sobre todo la forma de afrontar la vida en general de cada miembro de una organización.

Y un trabajador feliz es “amable, sabe trabajar en equipo y antepone los intereses de los compañeros a los suyos”, describe Peiró. Mientras que la profesora Varela, añade: “El optimismo es una actitud con la que una persona es capaz de establecerse metas desafiantes y mantener la determinación de alcanzarlas; se refleja, por tanto, en conductas como la perseverancia, la vitalidad, la creatividad y una constante orientación al logro”, explica la especialista, que también colabora con Créetelo.

“Conozco muchas empresas que trabajan muy bien la motivación”, asegura Varela. La autora del libro La Rebelión de las Moscas (Ediciones B) pone como ejemplo a Cyberclick Group, la mejor empresa para trabajar en España, según el prestigioso galardón Best Workplace España en su edición de 2014. La compañía, especializada en la optimización de campañas de marketing y publicidad digital, valora sobre todo la actitud personal y los valores del trabajador por encima del currículum.

Empresas flexibles

Un común denominador en muchas de estas corporaciones es la flexibilidad de horarios ya que el objetivo no es trabajar unas determinadas horas sino conseguir determinadas metas. Así es como funciona, por ejemplo, la mitad de la plantilla de Dinsa, que recientemente ha lanzado al mercado un escritorio virtual, Libework, desde el que acceder a aplicaciones y recursos de forma segura desde cualquier lugar. “Tenemos un puesto de trabajo móvil, más que un puesto fijo”, comenta el director de Desarrollo de la compañía, Manuel Albarrán.

La empresa, fundada en 1977 y afincada en Madrid, decidió hace cinco años ser congruente con el tipo de productos que estaba vendiendo y ofrecer a perfiles administrativos, desarrolladores y directores de área la posibilidad de trabajar fuera de la oficina. Según Albarrán, esto ha tenido una repercusión positiva en la cuenta de resultados de la compañía y también en la calidad de vida de la plantilla ya que les ha permitido, asegura, conciliar mejor su vida familiar y laboral.

El responsable de Créetelo considera que esta manera de trabajar es “recomendable”, y es más, considera que “los horarios rígidos están obsoletos”, con la excepción de determinados puestos, como cadenas de montaje. Y añade el ejecutivo de Dinsa: “¿Cuánto tiempo pierdes yendo al trabajo cada día? Sería más productivo dedicarlo a trabajar”, plantea Albarrán.

Cómo crear buen ambiente

Los especialistas consultados desgranan algunas claves para generar un clima laboral óptimo:

- La confianza en los propios recursos para hacer frente a los desafíos, que se obtiene principalmente a través del conocimiento y el reconocimiento de las fortalezas y capacidades de cada persona y de la propia organización en su conjunto.

- Definir horizontes claros que permitan a las personas identificarse y encontrar sentido al esfuerzo diario.

- El buen empresario respeta a sus trabajadores, los escucha y los valora. Es jovial y amable.

- Sonreír y saludar al equipo. Hay directivos que no se dan cuenta del estado de ánimo con el que entran a la empresa –no saludan ni sonríen-, lo que genera en algunas personas un clima de desasosiego.

- Un jefe que cree buen ambiente debe aprender a felicitar, algo que no es habitual ya que se suelen resaltar más las cosas malhechas, e intentar solucionar los errores en equipo y no centrar la culpa en una sola persona.

- Celebrar los hitos de un proyecto, también las metas intermedias, por ejemplo, yendo a la cafetería de la empresa e invitar a merendar al equipo, organizar una comida o simplemente dedicar diez minutos a comunicar el éxito y disfrutarlo en equipo.

Al corregir un error, el líder debe explicitar lo que quiere corregir, pero también cómo quiere que se haga porque muchas veces se suele señalar el error sin explicitar qué es lo que se espera del empleado.

- Reforzar los comportamientos positivos e identificarlos correctamente. A menudo las empresas que intentan amplificar la iniciativa castigan el error sin darse cuenta de que equivocarse forma parte de ella.

- El líder busca colaboradores, no a gente a quien le pueda mandar.

Sin embargo, según los expertos, el positivismo laboral también es sensible a los factores ambientales y a los cambios en el estilo de dirección.

Las trabas para la felicidad laboral

Pero la mayoría de las empresas no están por la labor de generar un buen clima de trabajo. Belén Varela lo atribuye a “la creencia de que no está en sus manos, sino en la de los empleados” y al hecho de que “no son conscientes del impacto que tienen sus políticas, sus prácticas o sus estilos de dirección en el ambiente laboral”.

Rafael Peiró considera que la pirámide de Maslow es extrapolable al mundo empresarial. En este sentido las necesidades fisiológicas de una empresa –el primer escalón de la pirámide- son las obligaciones dinerarias –como pagar sueldos, proveedores o el alquiler del local-. “Cuando están haciendo frente cada mes a esta necesidad no atienden otras que están en lo alto de la pirámide: las de reconocimiento, apoyo y motivación de la plantilla”.

El principal error que impide que los trabajadores se sientan felices en sus puestos de trabajo es el estilo directivo. Según ha podido comprobar Varela a lo largo de su experiencia en el asesoramiento a organizaciones, aspectos como la falta de reconocimiento, la presión excesiva o, incluso, la dejadez o la sobreprotección pueden mermar el ánimo de cualquier persona.

La especialista en organizaciones optimistas indica que muchos estudios han demostrado que el jefe es una de las principales causas de salida voluntaria de la empresa. Y es que a caso, plantea Varela, “¿seríamos capaces de aislarnos mentalmente de esa tiranía, para funcionar de manera óptima en nuestro trabajo?”.

Sobrevivir al ‘trepa’

Otra de las cosas que a menudo enrarece el ambiente laboral es la presencia del empleado que no duda en hacer la zancadilla a un compañero para desprestigiar su trabajo o colgarse las medallas de los logros del equipo. Los especialistas en organizaciones optimistas aconsejan alejarse de relaciones negativas o poner el foco en personas o cosas que muestren qué hacemos y qué somos capaces de hacer.

Si bien todas las empresas son susceptibles de poder aplicar estos principios y técnicas, siempre puede haber una oveja negra en la plantilla, tal como recuerda la especialista en organizaciones positivas Belen Varela: “El optimismo no es una varita mágica, no podemos hacer desaparecer al trepa ni cualquier otra circunstancia adversa”. Pero de lo que algo están seguros los expertos es que con buena cara, el trabajo sale mucho mejor

LA EMPATÍA NUBLA LA CAPACIDAD DE RAZONAR DE FORMA LÓGICA



Este descubrimiento aparte de ser muy interesante puede explicar muchos sucesos de la vida diaria. Situaciones en las que a posteriori te pones a pensar y acabas con el ¿por qué hice eso?, cosa que en el momento no ves. El estudio de hoy nos explica porque ser empático y ser lógico son bastante incompatibles y cómo son dos dominios separados con redes neurales distintas.
El estudio:
Este estudio llevado a cabo por Anthony I. Jack, Abigail J. Dawson y compañeros y publicado en la revista Neuroimage baso su hipótesis en los conocimientos anteriores de dos tipos de activación opuesta e incompatible en diferentes áreas del cerebro: Las conocidas como tarea positiva (necesarias para realizar la tarea) o tarea negativa (modo por defecto), la correlación entre ambas activaciones es negativa (incluso en estado de reposo). Los científicos hipotetizaron que estos modos de activación aparecerían también con dos tipos diferentes de tareas o funciones cognitivas. Se identificaron dos tipos de tareas ya anteriormente asociadas a los modos de activación tarea positiva y tarea negativa: razonamientos de tipo social o razonamientos de tipo mecánico, y se compararon los efectos entre ellas.
A los sujetos (45 estudiantes universitarios) se les presentaron estas tareas mientras se les llevaba a cabo un escáner por resonancia magnética funcional. Ambas tareas fueron presentadas tanto en modalidad escrita como en vídeo.
Resultados:
Independientemente del modo de presentación se observó en todos los casos una inhibición reciproca en ambos tipos de tareas: Las tareas sociales o empáticas desactivaban las regiones asociadas con el razonamiento mecánico y lo mismo ocurría a la inversa. Los datos muestran que esta inhibición reciproca no viene dada por las limitaciones inherentes a las tareas sino que es de origen puramente neurológico, estos dominios no pueden funcionar de forma simultánea.
Conclusiones:
Existe una restricción fisiológica en nuestra capacidad para utilizar de forma simultánea dos tipos de modelos cognitivos.
Este estudio demuestra una inhibición completa en la red neural social que utilizamos para conectar social, emocional y cognitivamente (con empatía) con otros y la red neural para el pensamiento matemático, científico y lógico.
Además los sujetos en estado neutral (sin tarea) parecen oscilar entre las dos redes neurales, es decir estas se activan de forma alterna (y no conjunta) por si solas, siendo este su estado natural.
Funcionar con solo un tipo de red cognitiva no es nada recomendable, lo ideal es ir alternando según la situación, para no perder los beneficios de ninguna de las dos. Un empresario puede requerir utilizar la red neural más lógica para llevar a cabo una decisión empresarial que puede perjudicar a otro pero que es la más lógica, por ejemplo un despido. Sin embargo puede utilizar la social cuando ello lo requiera para ganarse un mejor respeto de los trabajadores o tener un clima más agradable. Si el sujeto solo utilizara un tipo de modo cognitivo sufriría consecuencias en los aspectos relacionados con la otra área.
Este estudio nos sirve para poder entender como al vernos afectados emocionalmente por otros (modo social) podemos tomar decisiones equivocadas o comprometernos a hacer algo que no queremos, también puede explicar nuestra falta de emocionalidad cuando una situación es crítica. Sin duda es útil saber que no podemos pretender ser lógicos y emocionales a la vez, saber eso ya es un buen consejo de por si en cuanto a manejo de situaciones complicadas.